La protesta estuvo dirigida contra un ambicioso proyecto turístico impulsado por empresas vinculadas a Jared Kushner, empresario y yerno del presidente estadounidense Donald Trump, y respaldado por su esposa Ivanka Trump. Los manifestantes denuncian que la iniciativa amenaza algunos de los ecosistemas más valiosos del Mediterráneo y simboliza la entrega de recursos nacionales a intereses privados extranjeros.
El proyecto contempla la transformación de la Isla de Sazan, una antigua base militar situada en la entrada de la bahía de Vlorë, en un exclusivo complejo turístico de lujo. La isla, actualmente deshabitada, ocupa una posición estratégica en el Mar Adriático y posee una historia singular. Durante el siglo XX fue utilizada por fuerzas italianas, soviéticas y posteriormente por el régimen comunista albanés. Aún conserva extensas redes de túneles subterráneos, búnkeres y otras instalaciones militares construidas durante la Guerra Fría, elementos que algunos historiadores consideran parte importante del patrimonio nacional.
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Los planes de desarrollo incluyen la construcción de hoteles de alta gama, villas privadas, puertos deportivos para yates, restaurantes y diversas infraestructuras orientadas al turismo de lujo internacional. Paralelamente, el proyecto contempla intervenciones en la zona costera de Zvërnec y en las inmediaciones de la laguna de Narta, donde se proyectan miles de habitaciones hoteleras, complejos residenciales y nuevas instalaciones turísticas.
Precisamente esta segunda ubicación se ha convertido en el principal foco de preocupación para organizaciones ambientales y grupos ciudadanos. La laguna de Narta es considerada uno de los humedales más importantes de Albania y constituye un área clave para numerosas especies de aves migratorias. En la región habitan o hacen escala flamencos rosados, pelícanos dálmatas, diversas especies de tortugas marinas y, ocasionalmente, la escasa foca monje del Mediterráneo, una de las especies marinas más amenazadas del planeta.
Los opositores sostienen que la construcción masiva de infraestructura turística podría alterar de manera irreversible un ecosistema que ha permanecido relativamente intacto durante décadas. Durante las manifestaciones se observaron figuras gigantes de flamencos y carteles que advertían sobre la posible destrucción de áreas naturales protegidas. Para muchos participantes, el conflicto trasciende el aspecto ambiental y se ha convertido en una discusión sobre la identidad nacional y el futuro del país.



Las críticas también apuntan a la forma en que se aprobaron los proyectos. Diversas organizaciones civiles afirman que los procedimientos carecieron de suficiente transparencia y que la población local no fue adecuadamente consultada. Además, cuestionan la utilización de mecanismos legales que otorgaron al emprendimiento el estatus de «inversión estratégica», una categoría que facilita determinados procesos administrativos y urbanísticos.
La controversia ha adquirido además una dimensión política. La Fiscalía Especial contra la Corrupción y el Crimen Organizado de Albania ha investigado aspectos relacionados con modificaciones normativas y decisiones administrativas vinculadas a proyectos de desarrollo en áreas protegidas. Aunque las autoridades niegan irregularidades, los críticos consideran que la magnitud de la inversión y la influencia de sus promotores justifican un escrutinio público más riguroso.
Por su parte, el gobierno del Primer Ministro Edi Rama, líder del Partido Socialista albanés desde hace años, defiende firmemente la iniciativa. Las autoridades argumentan que Albania necesita atraer inversión extranjera para acelerar su desarrollo económico y consolidarse como un destino turístico de primer nivel en Europa. Según el Ejecutivo, los complejos proyectados generarían miles de empleos, aumentarían los ingresos del sector turístico y contribuirían a modernizar infraestructuras en regiones que históricamente han recibido menos inversión.
Rama ha impulsado una imagen de modernización estatal basada en la digitalización, la gestión por datos y el uso intensivo de tecnología en la administración pública. En ese contexto apareció Diella, que inicialmente fue lanzada en 2025 como asistente virtual para la plataforma estatal e-Albania y posteriormente fue presentada como la primera «ministra virtual» basada en inteligencia artificial del mundo. Su función declarada era supervisar procesos de contratación pública para reducir la corrupción y aumentar la transparencia.
Sin embargo, para una parte creciente de la población, el debate no se limita al desarrollo económico. Muchos manifestantes sostienen que la costa albanesa representa uno de los últimos grandes espacios relativamente vírgenes del Mediterráneo y que su valor ecológico e histórico supera cualquier beneficio financiero inmediato. La consigna «Albania no está en venta» resume precisamente ese sentimiento: la convicción de que ciertos territorios poseen una importancia cultural, ambiental y estratégica que no debería medirse únicamente en términos de inversión y rentabilidad.
Mientras avanzan las discusiones, la isla de Sazan y las lagunas de la costa adriática se han convertido en el centro de una disputa que enfrenta dos visiones diferentes del futuro de Albania. Para unos, el proyecto representa una oportunidad histórica para atraer capital y modernizar la economía. Para otros, constituye un ejemplo de cómo algunos de los paisajes más valiosos del país podrían transformarse en enclaves exclusivos para las élites internacionales, alterando para siempre un patrimonio natural e histórico que consideran irremplazable.
🇦🇱 | Miles de manifestantes se reunieron en Tirana bajo el lema ‘Albania no está en venta’, oponiéndose a un proyecto turístico planificado vinculado a la hija del presidente de EE.UU. Donald Trump, Ivanka Trump, y su esposo Jared Kushner. pic.twitter.com/fXheIELttE
— Alerta News 24 (@AlertaNews24) June 3, 2026




