Las reservas estadounidenses están sometidas a una presión considerable, y la nueva estrategia del Departamento de Defensa consiste, entre otras cosas, en recurrir a empresas tecnológicas y contratistas más pequeños para intentar reconstruir rápidamente los arsenales.
Según otro reporte del Washington Post, Donald Trump habría exigido explicaciones a Pete Hegseth por la existencia de «extreme munitions shortages», es decir, déficits extremos de determinadas municiones, durante una reunión en Camp David.
Washington niega que Estados Unidos se haya quedado «sin armas» en términos generales. Trump ha afirmado que EEUU dispone de enormes cantidades de munición. El problema real parece estar concentrado en determinados tipos de armas sofisticadas cuya producción es lenta y cuya utilización durante la guerra ha sido extraordinariamente elevada.
Estados Unidos acaba de firmar acuerdos superiores a US$3.000 millones con Lockheed Martin y Northrop Grumman para aumentar drásticamente la producción de componentes de interceptores Patriot PAC-3 y THAAD.
La nueva planificación pretende:
- triplicar la capacidad de producción de interceptores Patriot;
- cuadruplicar la producción de componentes para THAAD;
- introducir una segunda fuente de producción para los motores cohete del PAC-3;
- aumentar la fabricación de componentes críticos de los interceptores.
Para el caso de los Patriot y los THAAD es más complejo porque no son armas que puedan fabricarse como munición convencional de artillería. Son sistemas extremadamente complejos, con motores cohete, sensores, electrónica, sistemas de guiado y componentes especializados.
Según estimaciones citadas por Reuters, EEUU tendría menos de 1.000 interceptores Patriot y menos de 250 THAAD disponibles.
También se está intentando aumentar radicalmente la producción de misiles de crucero Tomahawk.
Reuters informa que se busca elevar la producción desde aproximadamente 60 misiles anuales hasta 1.000. Eso supone multiplicar la producción por unas 16,7 veces.
Ese número permite entender la magnitud del desafío. No estamos hablando de abrir un segundo turno en una fábrica. Significa reconstruir cadenas completas de proveedores, contratar y entrenar trabajadores, ampliar instalaciones, conseguir componentes, aumentar capacidad de motores y electrónica y asegurar materias primas.
Durante décadas, EEUU optimizó su industria de defensa para producir armas extremadamente sofisticadas, pero en cantidades relativamente pequeñas.
Ucrania ya había expuesto este problema. La guerra con Irán lo está llevando a otra escala.
El Pentágono necesita simultáneamente reponer lo utilizado contra Irán, mantener reservas estratégicas, continuar suministrando determinados sistemas a Ucrania, y mantener capacidad para una eventual guerra contra China o Rusia. Y todo eso compite por las mismas cadenas industriales.
El propio Pentágono está intentando incorporar empresas que tradicionalmente no pertenecían al núcleo de la industria militar. El Washington Post señala precisamente que la administración está apostando por startups y empresas de Silicon Valley, pero ahora estas compañías tienen que demostrar que pueden pasar de fabricar prototipos a producir a escala militar.
El problema no es solamente «dinero». Pueden aprobar un presupuesto gigantesco mañana y no tener 500 interceptores Patriot adicionales pasado mañana.
Hay cuellos de botella en:
- motores de combustible sólido;
- componentes electrónicos;
- microchips;
- sistemas de guiado;
- explosivos;
- metales especiales;
- aluminio;
- maquinaria industrial;
- trabajadores especializados;
- instalaciones de producción;
- proveedores secundarios.
Incluso un fabricante enorme depende de una red de empresas mucho más pequeñas. Y la guerra está afectando precisamente a algunas de esas cadenas.
Por ejemplo, un análisis reciente sobre la base industrial estadounidense señala que los ataques y perturbaciones en Oriente Medio están afectando el suministro de aluminio, un material esencial para las industrias aeroespacial y militar.
El Ejército estadounidense ahora ha abierto sus campos de pruebas a empresas pequeñas para acelerar el desarrollo de misiles, drones y sistemas antidrones.
Tradicionalmente, una empresa podía tardar 12-18 meses solamente en atravesar determinados procesos burocráticos antes de poder probar sus sistemas. Ahora el Ejército pretende que determinadas compañías puedan conseguir acceso a instalaciones de prueba en aproximadamente 30 días.
Es una especie de intento de convertir la industria de defensa estadounidense en una «economía de guerra tecnológica», aunque Washington no la denomine oficialmente así.
El problema no significa necesariamente que EEUU vaya a perder una guerra porque «se quede sin misiles». El problema es que la velocidad de consumo puede empezar a condicionar las decisiones militares. Si un determinado interceptor tarda meses o años en ser reemplazado, cada misil empleado tiene un coste estratégico adicional.
El enfrentamiento dentro de la administración Trump sobre las reservas de misiles demuestra hasta qué punto la cuestión se ha convertido en un problema estratégico.
Lo que está ocurriendo ahora con EEUU e Irán está haciendo muy visible uno de los puntos estratégicos centrales de la crisis.
| Modelo | Característica | Ventaja |
|---|---|---|
| EEUU | Pocos sistemas extremadamente sofisticados | Gran precisión y capacidad |
| Irán | Grandes cantidades de misiles/drones relativamente baratos | Saturación y velocidad de reposición |
Un misil estadounidense sofisticado puede contener sistemas de navegación, sensores, buscadores, electrónica resistente a interferencias, software, comunicaciones, motores y componentes de precisión. Cada unidad es prácticamente un pequeño sistema aeroespacial.
Un dron de ataque relativamente barato puede, en cambio, utilizar componentes comerciales, una estructura sencilla, navegación menos sofisticada y una cabeza explosiva convencional.
El arma sofisticada es muy difícil de sustituir rápidamente. Y la guerra actual está poniendo esa diferencia bajo un reflector gigantesco. Si para destruir una amenaza relativamente barata emplea un interceptor Patriot, THAAD o SM-6 extremadamente sofisticado, se produce una asimetría económica y productiva.
Si Washington tiene que gastar enormes cantidades de interceptores sofisticados contra Irán, esos mismos sistemas no están disponibles inmediatamente para una eventual guerra en el Pacífico.
Ese es precisamente uno de los motivos por los que la crisis de municiones preocupa más allá de Irán. Analistas estadounidenses están señalando que el consumo actual puede afectar la preparación frente a China.




