Esta es la historia de resiliencia de una joven que decidió convertir su diagnóstico en un testimonio literario para ayudar a otros. A los 14 años, mientras estudiaba, Delfina notó por primera vez un pequeño espacio sin cabello en su cabeza. Ese fue el inicio de un largo recorrido médico que comenzó con la sospecha de un hongo y que, posteriormente, la llevó a consultar a diversos especialistas tanto en su provincia natal (Entre Ríos) como en Buenos Aires.
Fue finalmente en la capital donde escuchó por primera vez la palabra «alopecia», aunque el tratamiento adecuado llegó de la mano de un médico experto al regresar a Entre Ríos, quien le explicó que se trataba de una enfermedad autoinmune en la cual su propio cuerpo atacaba su cabello.
El proceso de aceptación no fue sencillo. Durante su adolescencia, la primera pérdida de cabello le generó un fuerte rechazo hacia su propia imagen, tanto frente al espejo como en las fotografías. A pesar de que su entorno le aseguraba que se veía hermosa usando pañuelos y sombreros, ella relata que se sentía «espantosa».
Sin embargo, a los 26 años, luego de haber recuperado el cabello y de enfrentarse a una nueva caída, logró amigarse con su reflejo. Esta vez, decidió jugar con su estética incorporando pañuelos, gorros, turbantes e incluso pelucas: “Esta vez no dejé de sentirme bella, más allá de no tener pelo”.
Uno de los mayores desafíos en la vida diaria de Delfina ha sido lidiar con los prejuicios y la desinformación de la sociedad. El mayor mito al que se enfrenta es la confusión generalizada que asocia la calvicie femenina con tratamientos oncológicos: “Lo primero que piensan es que es cáncer, entonces miran con lástima, y muchas veces con morbo. Las preguntas de todo tipo nunca faltan. Gente que no te conoce y de golpe te dice: ¡Ay! ¿Tenés cáncer? Pienso que si realmente fuera así, sería muy duro. Y lo paradójico es que cuando decís que no, es como si los decepcionara”.
Frente a la constante intrusión pública, ha aprendido a establecer límites claros. Dependiendo de cómo se sienta, puede optar por explicar su condición o simplemente responder: «no quiero hablar de eso» o «disculpe, no le he dado confianza para que me pregunte sobre mi aspecto físico».
Otras veces, Delfina elige responder escribiendo un libro. De su experiencia nació la novela autobiográfica «Alopecia, lo que pasa en mi cabeza». La escritura surgió como un grito y una necesidad personal. Hubo fines de semana en los que escribía sin parar desde la mañana hasta la tarde, mientras que en otras ocasiones debió obligarse a detenerse porque los recuerdos la movilizaban demasiado. Hoy, considera que Dios hizo de su vivencia un testimonio que puede ayudar a otras personas a comprender que: «Somos mucho más que nuestro aspecto físico».
El libro saldrá a principios de octubre de este año y será presentado junto a la Editorial Vaina en la Feria del Libro de Chajarí, Entre Ríos, su ciudad natal. Los interesados ya pueden adquirirlo allí o reservarlo a través de su Instagram (@delfiapostolo) o con la editorial.
Al mirar hacia atrás, si pudiera hablar con aquella adolescente de 14 años recién diagnosticada, Delfina asegura que primero la abrazaría y luego le diría que «La alopecia no va a ser un obstáculo para absolutamente nada». Su mensaje final para la sociedad es contundente: “Aunque las circunstancias de la vida nos condicionan, siempre podemos elegir no convertirnos en ese dolor. Yo decidí que Delfina no es la Alopecia. Convivimos, sí; pero yo decido sacar lo mejor de ella para mí, y para quien pueda servirle como palabra de aliento», concluye.
Es de mencionar que Septiembre es el mes de la Concientización sobre la Alopecia. Un momento para reflexionar sobre la empatía, romper estigmas y comprender que la ausencia de cabello no define la belleza, la identidad ni el valor de un ser humano.




