La advertencia fue un análisis de riesgos en el Plan de Asignación de Gestión de Fuerza Global del Pentágono para el año fiscal 2027, que establece dónde van las tropas y las armas en todo el mundo, dijeron los funcionarios. Dijeron que los interceptores THAAD y Patriot se mantendrían estratégicamente bajos, citando transferencias de Patriot a Ucrania, municiones utilizadas para defender a Israel durante la Guerra de los 12 Días y capacidad industrial reducida. CBS retuvo los porcentajes exactos por razones de seguridad. El general George se negó a comentar.
Los funcionarios le dijeron a CBS que EEUU aún posee un stock significativo de municiones ofensivas, como JDAM y Bombas de Pequeño Diámetro, pero los interceptores de defensa contra misiles están bajos. Uno dijo que incluso sin un uso adicional, restaurar los ya bajos niveles de diciembre de 2025 tomaría hasta 2030.
Estimaciones externas del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), citadas por CBS, sugieren que la guerra consumió hasta el 61% de aproximadamente 2.300 interceptores Patriot previos a la guerra y hasta el 82% de aproximadamente 355 interceptores THAAD. CSIS dijo que se esperaban menos de 500 reemplazos de Patriot en el año fiscal 2026 y ninguna entrega de THAAD.
EEUU ha solicitado más de 800 THAAD para el año fiscal 2027, y Lockheed anunció en enero un plan para elevar la capacidad de THAAD de 96 a 400 al año.
De todos modos el liderazgo político entró en la guerra durante siete meses sin tener un plan para reemplazar lo que estaban disparando, y el oficial que les dijo la verdad fue despedido mientras sus números se volvían realidad.
Es difícil encontrar un precedente para una guerra iniciada con el cargador ya marcado como vacío por las personas que cuentan las balas.
El problema se terminó confirmando más tarde, cuando el 6 de marzo, Trump exigió apresurar la producción de armamento. Se reunió en la Casa Blanca con los directivos de 7 grandes empresas de defensa, entre ellas Lockheed Martin, RTX, Boeing y Northrop Grumman.
La reunión se centró en acelerar la producción de armamento y los calendarios de fabricación, en medio de las preocupaciones por las municiones utilizadas en los ataques contra Irán.
Trump afirmó que las empresas habían acordado cuadruplicar la producción de determinadas armas de alta tecnología. El Secretario de Guerra, Pete Hegseth, también participó.
Más tarde, el 24 de junio, hubo una segunda reunión para aumentar la producción, donde Trump volvió a reunirse con fabricantes de municiones en la Casa Blanca para acelerar la fabricación de armamento y recuperar las reservas consumidas durante las operaciones militares.
Según Reuters, la reunión se prolongó más de lo previsto. Funcionarios de la Administración presionaron a las empresas para que aceleraran sus entregas y ampliaran su capacidad industrial.
Entre las medidas discutidas estaban los planes para aumentar la producción de interceptores Patriot y THAAD, además de misiles Tomahawk y AMRAAM.
Finalmente, el 31 de julio y el 5 de agosto, Trump habría exigido explicaciones directamente a Hegseth. Según una investigación publicada por The Washington Post el 5 de agosto, Trump expresó su frustración durante una reunión del gabinete celebrada en Camp David el viernes anterior, 31 de julio. Según las fuentes del periódico, el presidente creía que el problema de las reservas de municiones ya estaba resuelto y pidió explicaciones a Hegseth.
La Casa Blanca negó que ese enfrentamiento hubiera ocurrido. Pero actualmente, Hegseth es uno de los apuntados a ser destituidos por Trump luego de las próximas elecciones de noviembre. Incluso podría ser sometido a un impeachment impulsado principalmente por el representante republicano Thomas Massie y varios legisladores demócratas, quienes le acusan de incurrir en faltas graves.




