El proceso comenzó a adquirir especial relevancia a mediados de septiembre, cuando las autoridades bielorrusas ordenaron una revisión de la preparación militar que, según las declaraciones oficiales, debía llegar “hasta la movilización”. Desde entonces, la actividad no se ha detenido. La 51.ª Brigada de Artillería se convirtió en uno de los principales escenarios de la comprobación: recibió personal de reserva, incorporó recursos y posteriormente realizó ejercicios de fuego real. La utilización de reservistas resulta particularmente significativa porque permite comprobar no sólo la capacidad de combate de una unidad profesional, sino también si el sistema bielorruso puede recuperar rápidamente efectivos que normalmente no permanecen en servicio activo.
La siguiente pieza apareció en la 120.ª Brigada Mecanizada de Guardias, una formación considerablemente distinta de la 51.ª de Artillería. El 28 de septiembre, una de sus unidades mecanizadas recibió la orden de pasar por el conjunto de medidas necesarias para elevar su preparación y quedar lista para cumplir sus misiones. El coronel Oleg Pechen, de la Secretaría de Estado del Consejo de Seguridad, confirmó que después de esa preparación los soldados serían sometidos a controles de fuego, entrenamiento táctico y preparación física. Las autoridades describieron el procedimiento como una especie de examen final de la preparación alcanzada durante el año.
Pero el verdadero salto se produce al observar que la comprobación no termina en una brigada. El 29 de septiembre comenzó simultáneamente otro ejercicio anual dedicado específicamente a la preparación para la movilización. Los ejercicios se desarrollan inicialmente entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre en las regiones de Minsk, Moguilov, Grodno y Brest. No participan únicamente militares: intervienen autoridades regionales, comisarías militares, organizaciones civiles y reservistas de las tropas territoriales. En Vítebsk y Gómel está prevista una nueva fase entre el 13 y el 16 de octubre.
Este elemento cambia considerablemente la lectura. Bielorrusia no está comprobando únicamente si sus soldados pueden combatir; está comprobando si el Estado puede movilizarse. Una maniobra militar puede limitarse a una unidad que sale al campo de entrenamiento durante unos días. Una prueba de movilización implica poner a prueba la conexión entre el ejército, las autoridades regionales, los comisariados militares, las organizaciones que proporcionan recursos y el personal de reserva. Oficialmente, el objetivo es perfeccionar la coordinación necesaria para formar tropas territoriales y unidades de defensa popular.
Y precisamente aquí aparece uno de los aspectos más llamativos de la actual secuencia: varios mecanismos están funcionando al mismo tiempo. Por un lado, se comprueba una brigada de artillería con reservistas; por otro, una unidad mecanizada recibe órdenes de elevar su preparación; paralelamente, las autoridades regionales realizan ejercicios de movilización; y, además, Bielorrusia continúa participando en los ejercicios de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva que comenzaron el 27 de septiembre en Rusia.
La actividad también se ha extendido a otros componentes del aparato de seguridad. Durante septiembre se realizaron ejercicios y comprobaciones relacionados con las fuerzas territoriales, defensa contra drones y estructuras del Ministerio del Interior. En la región de Gómel, por ejemplo, se realizaron ejercicios de mando destinados a comprobar la capacidad de las fuerzas del Ministerio del Interior para actuar en “condiciones especiales”. En determinados accesos a Gómel incluso aparecieron puestos de control y redes contra drones en el contexto de ejercicios de defensa territorial.
El contexto internacional hace que todo esto resulte todavía más sensible. Bielorrusia es un aliado militar estrechamente integrado con Rusia, y su territorio ya desempeñó un papel fundamental en la invasión rusa de Ucrania de 2022. Al mismo tiempo, Polonia, Lituania y Ucrania observan con especial atención cualquier movimiento militar bielorruso debido a la posición geográfica del país: Bielorrusia constituye el puente terrestre entre Rusia y el flanco oriental de la OTAN y se encuentra directamente frente a Ucrania.
Sin embargo, aquí es donde resulta necesario evitar una conclusión apresurada. La evidencia disponible al 30 de septiembre no demuestra que Minsk esté preparando una nueva ofensiva. La Guardia Fronteriza ucraniana ha señalado que no observa actualmente una concentración significativa de tropas bielorrusas o rusas en la frontera ucraniana que permita hablar de la formación de una fuerza de ataque. Esa ausencia es importante: por ahora, la actividad observada parece concentrarse principalmente en la preparación interna del aparato militar y de movilización, no en la creación visible de una agrupación ofensiva.
Esto también permite entender mejor por qué la aparición de la 120.ª Brigada resulta interesante. Si únicamente se tratara de una maniobra anual, la activación de una unidad concreta no tendría necesariamente mayor importancia. Pero cuando aparece después de la comprobación de la 51.ª, mientras simultáneamente comienzan ejercicios nacionales de movilización, el patrón resulta más amplio que una simple actividad de entrenamiento aislada.
Hay además una dimensión política. El 28 de septiembre, Aleksandr Lukashenko nombró al general de división Vladimir Bely como nuevo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, primer viceministro de Defensa. Lukashenko advirtió que mantendría un control reforzado sobre el Estado Mayor y que quería recibir información sobre la situación militar también a través de la Administración Presidencial, además de la Secretaría de Estado del Consejo de Seguridad.
La coincidencia temporal es difícil de ignorar: mientras se reorganiza el nivel superior de mando, se examinan unidades militares, se incorporan reservistas y se realizan ejercicios de movilización en las regiones. Eso no demuestra por sí solo que exista una decisión política de entrar en una guerra, pero sí demuestra que Minsk está otorgando una atención considerable a la capacidad de respuesta militar del Estado.
La pregunta fundamental ahora es qué ocurrirá después del 30 de septiembre. Si el proceso termina con las actuales unidades, podría tratarse de una revisión extraordinariamente amplia de preparación militar y movilización. Pero si durante los primeros días de octubre aparecen nuevas brigadas mecanizadas, unidades de defensa aérea, aviación, tropas aerotransportadas o nuevas convocatorias de reservistas, el carácter de la operación comenzaría a ser diferente.
El dato más reciente es que el 30 de septiembre comenzó una nueva fase de la inspección de unidades y formaciones de las Fuerzas Armadas bajo la dirección del jefe del Estado Mayor bielorruso. El Ministerio de Defensa señaló específicamente que el énfasis está puesto en comprobar la capacidad de las unidades de la Fuerza Aérea y las Tropas de Defensa Antiaérea (VVS/PVO) para cumplir sus misiones. Además, las actividades se irán ampliando progresivamente e involucrarán los distintos polígonos militares del país.
No se trata simplemente de comprobar aviones. La estructura VVS/PVO bielorrusa integra aviación, unidades de misiles antiaéreos y tropas radiotécnicas, por lo que la prueba afecta a todo el sistema de vigilancia, detección, mando y defensa del espacio aéreo.
De hecho, durante la comprobación anterior, el comandante de las VVS/PVO, general mayor Andréi Lukianovich, informó de que las unidades habían realizado marchas, ocupado posiciones de alerta, reforzado el sistema de defensa aérea y trasladado aeronaves a aeródromos de reserva. Las tropas radiotécnicas también desplegaron grupos móviles adicionales destinados a aumentar la cobertura radar a baja altura.
El indicador decisivo será todavía otro: los movimientos físicos de las unidades. Que una brigada sea puesta en alerta y realice ejercicios dentro de su estructura normal es una cosa. Que abandone su guarnición, reciba personal y equipamiento adicional y sea trasladada hacia una zona concreta —especialmente hacia las fronteras con Ucrania, Polonia o Lituania— sería una señal de una naturaleza completamente distinta.
Por eso, la descripción es que Bielorrusia está realizando una comprobación militar y de movilización de amplitud considerable, con participación de unidades regulares, reservistas, autoridades regionales y estructuras territoriales. Hay más actividad que hace dos o tres semanas y la secuencia continúa expandiéndose.
La verdadera incógnita está ahora en los próximos días. Si la 51.ª fue la primera pieza, la 120.ª la segunda y el aparato territorial la tercera, habrá que comprobar cuántas piezas más activa Minsk antes de considerar terminada esta revisión. Ahí estará la diferencia entre una gran inspección de preparación y algo potencialmente mucho más serio.
Comparado con una situación normal, el nivel de actividad es claramente mayor y se está produciendo simultáneamente con las comprobaciones de movilización terrestre.




