El Gobierno británico está promoviendo una mayor preparación de la población ante posibles crisis graves, incluyendo almacenar alimentos y agua, fortalecer la resiliencia civil y actualizar un antiguo “libro de guerra” gubernamental.
La advertencia no implica que Rusia esté a punto de invadir Gran Bretaña. El jefe del Estado Mayor de la Defensa, Sir Richard Knighton, considera que el país atraviesa uno de los períodos más peligrosos de las últimas décadas debido a la amenaza rusa. Sin embargo, especialistas citados por la BBC señalan que el peligro más probable no sería una invasión convencional, sino ciberataques, sabotaje de infraestructuras, interferencias y ataques contra cables submarinos y sistemas esenciales.
La historiadora Margaret MacMillan sostiene que los británicos han perdido parte de la conciencia de que la guerra puede afectar directamente a sus sociedades. La Primera Guerra Mundial dejó una profunda huella precisamente porque demostró el carácter devastador de la guerra industrial moderna. Según esta interpretación, después de 1918 la guerra dejó de verse como una aventura gloriosa y pasó a asociarse con una destrucción masiva que afectaba a todos los sectores de la sociedad.
El artículo compara la situación actual con Europa antes de 1914. El general retirado Richard Shirreff considera que existe cierto paralelismo: se habla mucho de una posible guerra, pero para buena parte de la población sigue pareciendo algo demasiado improbable como para modificar radicalmente su vida. Andrew Michta, académico estadounidense de origen polaco, habla de una “crisis de incredulidad” europea provocada por décadas de reducción del gasto militar y por la expectativa de que las relaciones económicas con Rusia impedirían un conflicto importante.

Uno de los principales puntos de inflexión identificados por los especialistas es 2014, cuando Rusia anexó Crimea y comenzó la guerra en el Donbás, y especialmente la invasión a gran escala de Ucrania en 2022. Desde la perspectiva de Shirreff, Rusia ya desarrolla desde hace años una confrontación indirecta con Occidente, mediante métodos destinados a debilitar o desestabilizar a los Estados occidentales. Otros expertos, sin embargo, advierten que presentar la situación exclusivamente como una confrontación entre “enemigos y héroes” puede simplificar excesivamente una realidad mucho más compleja.
El contraste más importante de la BBC aparece entre Europa occidental y los países del norte y este de Europa. Suecia, Finlandia y los Estados bálticos poseen una percepción de la amenaza rusa mucho más arraigada debido a su historia y proximidad geográfica. Suecia abandonó su tradicional neutralidad después de 2022 y se incorporó a la OTAN, mientras Finlandia también abandonó su política de neutralidad y entró en la alianza.
Finlandia aparece como el principal ejemplo de “resiliencia nacional”. El país mantiene servicio militar obligatorio para los hombres, una enorme reserva entrenada y protocolos de emergencia que involucran hospitales, empresas de agua, infraestructuras y otros sectores. Además, desde 1960 organiza cursos para políticos, empresarios, funcionarios, organizaciones sociales e incluso iglesias, destinados a enseñar cómo funcionaría el país durante una crisis grave.
La comparación militar resulta llamativa: según las cifras presentadas en el artículo, Finlandia tiene unos 23.000 militares profesionales y una reserva entrenada cercana al millón, mientras que el Reino Unido posee unos 70.000 militares para una población mucho mayor. En 2025, Finlandia destinó aproximadamente el 2,5% de su PIB a defensa, frente al 2,3% británico. Los defensores de una mayor preparación británica sostienen que simplemente aumentar el presupuesto no sería suficiente y que habría que ampliar la capacidad de movilización y la participación de la población.
Finalmente, la cuestión que deja planteada la BBC no es tanto si una guerra con Rusia es inevitable, sino si las sociedades occidentales están preparadas para afrontar una crisis de gran escala si llegara a producirse. El debate abarca mucho más que soldados y armas: incluye infraestructura, ciberseguridad, reservas, servicios públicos, industria, población civil y, sobre todo, la disposición psicológica de la sociedad a aceptar que una situación internacional grave podría exigir sacrificios y cambios importantes en la vida cotidiana.




