Hay quienes viajan desde el otro lado del mundo para frotar la nariz del cerdito, arrojar una moneda a la reja y confiar ese gesto a un deseo, si cae a través de la reja situada debajo de la estatua, se dice que el deseo se cumplirá y que la persona regresará algún día a Florencia. Y luego están quienes, segundos después, recogen esas monedas una a una, ante la mirada incrédula de los turistas.
La estatua se conoce como Il Porcellino («el cerdito»), aunque en realidad representa un jabalí, y se encuentra en la Loggia del Mercato Nuovo, en Florencia.
Las monedas recogidas nunca no se desperdician. Desde hace años se destinan a fines benéficos y ayudan a financiar obras de caridad de la ciudad.
La estatua actual es una copia en bronce realizada por el escultor Pietro Tacca alrededor de 1630, inspirada en un antiguo jabalí de mármol de época romana. El original de bronce se conserva hoy en el Museo Stefano Bardini para protegerlo del desgaste.
Es una de las tradiciones más famosas de Florencia, comparable a lanzar una moneda en la Fontana di Trevi, aunque cada una tiene su propio ritual y significado.
La tradición de Il Porcellino es una de las más antiguas y queridas de Florencia. Lo interesante es que mezcla arte, superstición popular y beneficencia en un solo ritual.
La estatua fue creada entre 1633 y 1634 por el escultor Pietro Tacca, durante el gobierno de la poderosa familia Médici.
Tacca se inspiró en una escultura de mármol de un jabalí salvaje realizada en la Antigua Roma, probablemente una copia de una obra griega helenística. Ese mármol había llegado a Florencia siglos antes y era muy admirado por los artistas del Renacimiento.
Desde que la escultura de bronce se instaló en el mercado, comenzó a adquirir fama entre los comerciantes y los habitantes de la ciudad.
En la Toscana, el jabalí ha sido durante miles de años un animal muy presente en los bosques y en la cultura local. Representaba la naturaleza salvaje, la fuerza y también la abundancia, ya que era una importante pieza de caza.
Al principio, la gente simplemente acariciaba el hocico del jabalí para atraer la buena fortuna.
Con el tiempo apareció la costumbre de colocar una moneda en su boca. Si la moneda caía correctamente a través de la reja situada debajo, el deseo tendría más posibilidades de cumplirse. Si rebotaba fuera de la rejilla, se consideraba mala suerte.
En la actualidad, las monedas que caen a través de la reja se recogen periódicamente y se destinan a organizaciones benéficas de Florencia a través de la Opera Madonnina del Grappa, que las utiliza para las obras sociales. De esta forma, un gesto asociado a la buena suerte también termina ayudando a personas necesitadas.
La fama internacional del jabalí aumentó gracias al escritor danés Hans Christian Andersen. En 1842 publicó el cuento El jabalí de bronce, en el que el Porcellino cobra vida durante la noche y lleva a un niño a recorrer mágicamente Florencia. Desde entonces, el jabalí pasó de ser una tradición local a convertirse en un símbolo conocido por viajeros de todo el mundo.
En el último tiempo se ha visto y grabado a varias personas junto al Porcellino recogiendo las monedas casi inmediatamente después de que los turistas las dejaban caer. En algunos videos aparecía un hombre sentado junto a la estatua, y otras personas actuando coordinadamente.
🇮🇹 For hundreds of years, Italians have tossed coins into the mouth of this boar statue in Florence before making a wish.
In 2026, it doesn’t quite work the way it used to.
Writer: Mhedipic.twitter.com/9MQXGbK7aT
— Mario Nawfal (@MarioNawfal) July 26, 2026
En distintos años la policía de Florencia ha denunciado por estos robos a personas de perfiles muy diversos: en algunos casos ciudadanos extranjeros, incluidos ciudadanos norteafricanos.
Hay registros de denuncias y videos desde al menos 2017, y el ayuntamiento de Florencia ha realizado controles periódicos porque el problema se repite, especialmente en una zona con gran afluencia turística.
Muchos florentinos consideran especialmente lamentable esta práctica porque no solo priva de recursos a una obra benéfica, sino que también desvirtúa una tradición de casi cuatro siglos y da una mala imagen a quienes visitan la ciudad.




