El salto resulta significativo cuando se compara con las previsiones formuladas a finales de 2025. El presupuesto inicial contemplaba un gasto militar sustancialmente menor para 2026, pero durante el año el Kremlin habría añadido cerca de 60.000 millones de dólares a las partidas militares. El resultado sería un incremento de alrededor del 40% respecto del plan original.
La modificación refleja un cambio estratégico en Moscú. Según fuentes citadas por Bloomberg, el Kremlin llegó a la conclusión a comienzos de 2026 de que las negociaciones impulsadas por EEUU no conducirían a un acuerdo sobre Ucrania en términos aceptables para Rusia. A partir de entonces, el Gobierno habría acelerado los pagos anticipados a la industria de defensa y aumentado otras partidas relacionadas con la guerra.
Rusia no solamente enfrenta el desafío de Ucrania con el constante apoyo de la OTAN, incluyendo de EEUU, sino que además observa la escalada por parte de la Alianza en el Frente Oriental y principalmente en los países bálticos en las últimas semanas. Todo en conjunto con las acusaciones de que Rusia emplea una guerra hibrida que escala y, por el momento, no tiene miras de reducirse la tensión en la región.
En otras palabras, Moscú parece haber pasado de presupuestar la guerra como un conflicto que eventualmente podría terminar a presupuestarla como un conflicto para el que debe estar preparado durante varios años.
Y aquí aparece uno de los elementos más importantes de la noticia. El incremento no parece estar concebido como un esfuerzo extraordinario de unos pocos meses. El proyecto presupuestario ruso contempla 17,1 billones de rublos para defensa en 2027, unos 202.000 millones de dólares según el tipo de cambio utilizado en las estimaciones. Para 2028 se prevén 16,6 billones y para 2029 otros 16,3 billones. Es decir, incluso después del máximo de 2027, Moscú no contempla regresar rápidamente a los niveles anteriores a la guerra.
Eso tiene una lectura estratégica bastante clara, ya que Rusia está institucionalizando un nivel extraordinariamente elevado de gasto militar.
El agujero fiscal también crece
El problema es que mantener semejante ritmo tiene un precio. La previsión de déficit presupuestario ruso para 2026 se ha elevado hasta aproximadamente 7,3 billones de rublos, alrededor del 3,2% del PIB. La cifra supone prácticamente duplicar la previsión inicial, que rondaba el 1,6% del PIB.
Moscú está recurriendo a varias fuentes para cubrir la diferencia.
Una de ellas es el endeudamiento interno. Rusia ha elevado su plan de endeudamiento neto para 2026 y contempla todavía más emisiones de deuda para 2027. El endeudamiento previsto para 2027 alcanzaría aproximadamente 7,7 billones de rublos, un 43% más que el año anterior.
Otra fuente son las reservas. El Gobierno ha recurrido al Fondo Nacional de Riqueza y a la venta de oro para obtener liquidez. Un análisis de Deutsche Welle señalaba que las reservas oficiales de oro rusas habían descendido durante 2026 y que las ventas acumuladas podían haber generado varios miles de millones de dólares.
Esto no significa que Rusia esté al borde de una quiebra. Moscú conserva importantes recursos naturales, capacidad industrial, acceso al mercado financiero doméstico y una deuda pública relativamente baja en comparación con muchas grandes economías. Pero sí significa que el coste fiscal de la guerra está aumentando y el margen de maniobra se está reduciendo.
La energía ya no compensa tan fácilmente el esfuerzo bélico
Los ingresos rusos procedentes del petróleo y el gas continúan siendo fundamentales para financiar el Estado, pero en 2026 han evolucionado peor de lo que Moscú esperaba. Reuters informó que los ingresos procedentes del sector energético habían caído alrededor de un 17% interanual, hasta unos 5,47 billones de rublos durante el período analizado. La producción petrolera también se ha visto afectada por ataques ucranianos contra instalaciones y por problemas de exportación.
Esto genera una combinación incómoda para el Kremlin: mayores necesidades militares al mismo tiempo que algunas de sus principales fuentes de ingresos fiscales pierden fuerza.
La respuesta ha sido aumentar impuestos, recurrir a deuda, utilizar reservas y trasladar progresivamente parte del coste hacia empresas y ciudadanos.
Incluso los grandes empresarios rusos están siendo llamados a contribuir. Reuters informó que las llamadas contribuciones «voluntarias» de los individuos más ricos del país alcanzarían unos 471.000 millones de rublos, aproximadamente 5.600 millones de dólares, en 2026.
El Gobierno también prepara nuevas medidas fiscales para 2027, incluyendo impuestos adicionales sobre determinados sectores.
El dato quizá más importante: el ejército absorbe cada vez más del Estado
Los documentos presupuestarios rusos contemplan para 2027 unos 48,8 billones de rublos de gasto federal total, de los cuales 17,1 billones corresponderían oficialmente a defensa. Eso equivale aproximadamente al 35% de todo el gasto federal.
Pero la cifra militar puede ser engañosa si se observa únicamente la categoría «defensa».
Cuando se agregan defensa, seguridad interior, policía y otros organismos vinculados al aparato coercitivo del Estado, el conjunto asciende a aproximadamente 21,4 billones de rublos, alrededor del 44% del gasto federal previsto para 2027. Carnegie señala que eso representa más del doble de lo destinado conjuntamente a política social, salud y educación.
Rusia no está simplemente aumentando el presupuesto de sus Fuerzas Armadas. Está reorganizando progresivamente las prioridades del Estado alrededor de la seguridad, la defensa y la guerra.
Una economía que se adapta a una guerra prolongada
Esto tampoco significa que la economía rusa esté colapsando. De hecho, Rusia ha demostrado una notable capacidad para transformar su economía hacia la producción militar. Las fábricas de armamento funcionan a un ritmo elevado, el Estado ha aumentado los pedidos militares y la industria de defensa se ha convertido en uno de los principales motores de determinadas regiones.
El problema es que este modelo tiene rendimientos decrecientes.
Producir más misiles, drones, munición, vehículos blindados o sistemas de defensa aérea puede aumentar rápidamente la capacidad militar, pero también absorbe trabajadores, capital, materias primas y crédito que podrían utilizarse en sectores civiles.
Es la clásica lógica de una economía de guerra: mientras el Estado consigue financiarla, puede mantener una enorme capacidad de movilización industrial. Pero cuanto más tiempo permanece en ese estado, mayores son las tensiones sobre inflación, productividad, consumo, inversión y servicios públicos.
SIPRI estimó que Rusia ya había gastado alrededor de 16 billones de rublos en 2025, y calculó que el gasto militar representaba aproximadamente el 7,5% del PIB ruso.
El nuevo escenario de 2026-2027 lleva esa presión todavía más lejos.
¿Significa esto que Rusia se prepara para una nueva movilización?
Moscú está actuando como si necesitara disponer de recursos militares elevados durante un período prolongado.
Eso puede servir para varias cosas simultáneamente: sostener las operaciones actuales en Ucrania, reponer pérdidas, aumentar arsenales, ampliar producción de drones y misiles, modernizar las fuerzas convencionales y mantener una reserva para escenarios futuros.
Otro aspecto relevante en el contexto europeo es que, si Rusia mantiene un gasto militar cercano a 17 billones de rublos durante varios años, Europa y la OTAN tendrán que asumir que el aparato militar ruso no desaparecerá automáticamente cuando termine la guerra en Ucrania.
El resultado podría ser una competencia militar prolongada entre Rusia y Europa, incluso aunque eventualmente se alcance un alto el fuego.
¿Cómo se compara Rusia con las otras grandes potencias?
Aquí las cifras son reveladoras, aunque hay que evitar comparar directamente una estimación rusa de 2026 con datos consolidados de otros países de 2025. La comparación homogénea más reciente de SIPRI corresponde a 2025.
| País | Gasto militar 2025 |
|---|---|
| 🇺🇸 Estados Unidos | 954.000 millones USD |
| 🇨🇳 China | 336.000 millones USD |
| 🇷🇺 Rusia | 190.000 millones USD |
| 🇩🇪 Alemania | 114.000 millones USD |
| 🇮🇳 India | 92.100 millones USD |
| 🇬🇧 Reino Unido | 89.000 millones USD |
| 🇫🇷 Francia | 68.000 millones USD |
| 🇯🇵 Japón | 62.200 millones USD |
SIPRI situó a EEUU, China y Rusia como los tres mayores gastadores militares del planeta en 2025. Los tres juntos representaron aproximadamente el 51% del gasto militar mundial.
Si Rusia efectivamente termina 2026 cerca de los 200.000 millones de dólares, estaría gastando aproximadamente el doble que Alemania, más del doble que India o Reino Unido, y cerca de tres veces Francia. Sin embargo, seguiría estando muy por debajo de EEUU y claramente por debajo de China en términos nominales.
La diferencia con Washington sigue siendo enorme: el gasto estadounidense de 2025 fue de unos 954.000 millones de dólares, casi cinco veces la cifra rusa estimada para 2026. SIPRI, además, señaló que el gasto estadounidense aprobado para 2026 ya superaba el billón de dólares.
Pero hay una trampa importante en esta comparación.
200.000 millones de dólares no significan lo mismo en Rusia que en EEUU. Los costes laborales, industriales y de determinados bienes militares son diferentes. Además, Rusia dedica una proporción mucho mayor de su economía al esfuerzo bélico. El verdadero indicador de presión económica no es solamente quién gasta más dólares, sino qué porcentaje de su economía y de su presupuesto está dispuesto a sacrificar cada país para sostener sus fuerzas armadas.
Y en ese aspecto Rusia destaca mucho más.
La señal más relevante es que Moscú parece estar aceptando conscientemente una economía mucho más militarizada para sostener la guerra durante años, incluso a costa de aumentar el déficit, endeudarse, utilizar reservas, elevar impuestos y desplazar recursos desde sectores civiles. Todo lo cual entendiendo como conclusión que es prácticamente imposible, en estas condiciones que plantean los países de la OTAN, llegar a un acuerdo de paz por la guerra en curso.
Eso convierte el presupuesto ruso de 2027 en algo más que una simple cifra financiera: una declaración estratégica sobre cómo ve el Kremlin los próximos años.




