No hay educación neutra

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«Las escuelas existen para todos nosotros” suelen afirmar los progresistas; ellos creen que las escuelas públicas son espacios para reflejar e inculcar valores democráticos y virtudes ecuménicas que no tienen nada que ver con la ideología o la religión, lo cual es ciertamente falso.
No existe tal cosa como una educación neutral en valores; menos cuando uno comprende cuestiones profundas de la enseñanza. Piense en un ejemplo simple: si se enseña educación sexual para enseñar simplemente cuáles son los métodos anticonceptivos que aporta la ciencia, ya eso implica separar sexualidad de reproducción; quizás la inmensa mayoría de mortales esté de acuerdo, pero quizás haya alguna familia religiosa que considera antinatural la ingesta de pastillas o el uso de profilácticos. Las cuestiones de valores —políticos, ideológicos, nacionales, morales, religiosos— siempre se plantearán en el curso de cualquier educación significativa; separar la filosofía moral de la enseñanza es imposible porque eso sería similar a separar el espíritu del cuerpo.
En una sociedad supuestamente libre que confía la educación a los órganos políticos —que, por alguna extraña razón, se asume como la única opción— esas cuestiones de valores se convertirán en disputas políticas en el devenir natural. Los progresistas hoy tienen el control de la educación y creen que sus valores deben ser sostenido universalmente y, como los antepasados puritanos anglosajones, están dispuestos a hacer todo lo posible para castigar a los herejes.
No hay vacíos en el mundo de la física, y en la medida que los cristianos no vean cómo el Estado quitó de manera violenta la educación a la Fe, la debacle se profundizará. Las escuelas públicas responden obligadamente a un interés, ya no de las mayorías que las financian, sino del cuerpo político que redistribuye los ingresos. Algún interés ocupará la agenda educativa, sólo depende luego de ver qué interés tiene cada padre de educar a su descendencia, o que sea acaso el político de turno quien se tome para sí los hijos del pueblo.