No hay “consenso climático”, mucho menos “negacionistas”

A pesar de la vasta bibliografía que uno pueda presentar para demostrar lo equívoco de la Teoría de Cambio Climático Antropogénico[i][ii], no faltarán quienes, en efecto, puedan señalar que los científicos que discrepan sobre el cambio climático son una minoría. En los años postremos se ha generado una suerte de falacia Ad Verecundiam o falacia de autoridad, en torno a un supuesto “consenso científico” que legítima susodicha Teoría. Una investigación realizada por el equipo de trabajo de John Cook publicada en 2013 popularizó la conocida cifra del 97% de consenso científico acerca de la existencia de un cambio climático antropogénico, es decir, producido por actividades humanas. A decir verdad, su investigación concluyó de esta manera: “El número de artículos que rechazan AGW [Calentamiento Global Antropogénico] es una proporción minúscula de la investigación publicada, y el porcentaje disminuye ligeramente con el tiempo. Entre los artículos que expresan una posición sobre AGW, un porcentaje abrumador (97,2% basado en autoevaluaciones, 97,1% basado en calificaciones abstractas) respalda el consenso científico sobre AGW”[iii].

No obstante, parecería ser que Cook y su equipo olvidan que nadie votó la Teoría de Gravitación Universal de Sir Isaac Newton: la ciencia simplemente no funciona así y, aunque un grupo mayoritario de científicos decidieran abolir tal ley de gravitación hoy en día, nadie saldría volando despedido del suelo. Por otra parte, diría el poeta francés Jean Cocteau: “No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría” y, en todo caso, “un hombre con más razón que sus conciudadanos constituye una mayoría de uno”[iv], como decía Henry Thoreau. Pese a ello, los resultados destacados por Cook y su equipo verdaderamente poco nos dicen, ya que no pocos son los científicos que han denunciado a lo largo de las últimas décadas algunas irregularidades. En su informe, Cook y su equipo parecen olvidar el hecho de que, como sentenció mayestáticamente el profesor Javier González Corripio, científico que ha hecho su fuerte áreas de estudio como la Glaciología, Meteorología y el Cambio Climático, y ha colaborado con estudios de la NASA: “Hay editores de revistas prestigiosas que han tenido que dimitir por publicar artículos contrarios al ‘mainstream’. Entre los ‘e-mails’ filtrados de la Universidad de East Anglia (Climate Gate) hay numerosos casos de perversión del proceso de revisión por pares y acoso a voces contrarias. Es conocido el caso de Garth Paltridge, Chief Research Scientist, CSIRO Division of Atmosphere Research, a quien amenazaron con dejarlo sin financiación si expresaba su escepticismo, etcétera. […] Como investigador hubiera sido mucho más lucrativo explotar el interés por el cambio climático catastrófico y explotarlo, hay muchísima más financiación disponible, mientras que no hay ningún apoyo para investigar en contra: el dinero de las petroleras para los negacionistas también es un mito. Hay mucho dinero invertido en el cambio climático, la UE dedica en este presupuesto 320.000 millones de euros a ‘objetivos climáticos’. Las transacciones anuales en el mercado del CO2 (EU Emissions Trading System o EU ETS) superan los 49.000 millones de euros, el mercado global es del orden de 144.000 millones. El gran capital está con el cambio climático, no con los escépticos”[v]. Además, como demostró el profesor David Legates, sólo el 0.3% de los artículos que Cook examinó respaldaron explícitamente su posición, no el 97[vi]. El profesor Richard Tol, de la Universidad de Sussex, publicó una refutación del artículo de Cook en la revista Science Direct. Según Tol, la afirmación del 97 por ciento, “[…] que se repite con frecuencia en los debates sobre política climática, no se sostiene. […] Los resultados informados son inconsistentes y sesgados. La muestra no es representativa y contiene muchos artículos irrelevantes. En general, la calidad de los datos es baja. La prueba de validación de Cook muestra que los datos no son válidos. La divulgación de datos está incompleta, por lo que los resultados clave no se pueden reproducir ni probar.”[vii]. Es decir, la muestra seleccionada para el estudio tenía fallas. El análisis de esa muestra fue defectuoso. La conclusión extraída de ese análisis fue errónea. Y el informe de esa conclusión fue incorrecto. Para citar al profesor Mike Hulme, […] ‘el artículo del ’97 por ciento de consenso’ está mal concebido, mal diseñado y mal ejecutado’”.[viii] A raíz de ello, vale recordar la carta pública que lanzaron 1.000 científicos de todo el mundo en el año 2010, en la cual intervinieron muchos ex-IPCC, respondiendo a susodicho “consenso” en un informe de nada menos que 321 páginas[ix]. Este grupo de científicos, de hecho, representaron en cantidad casi 20 veces al grupo de científicos del IPCC, que en ese momento eran 52. El coro de voces científicas escépticas se hizo más fuerte luego del escándalo Climategate, un episodio resonante, previo a la Conferencia Climática de Copenhague en 2009, donde “hakeadores filtraron conversaciones y documentos confidenciales, pertenecientes a un grupo de científicos de la Unidad de Investigaciones Climáticas (Universidad de East Anglia – Norfolk, Inglaterra) [una de las más prestigiosas en cuanto a investigaciones climáticas del mundo]. De los mismos surgía la sospecha de manipulación de datos que magnificaban o tergiversaban a favor de una teoría con tendencias a exagerar el cambio climático antropogénico”[x]. El suceso fue conocido como “climagate” o “Watergate Climático”, en referencia al escándalo político que se dio a raíz del robo de documentos en el complejo de oficinas Watergate, en Washington D. C., y que tuvo su desenlace con la dimisión de Richard Nixon como presidente de los Estados Unidos.

Menos verídico aún se torna hablar de un consenso hoy, en 2021, cuando una red mundial de más de 500 científicos y profesionales conocedores y experimentados en el clima y diversos campos relacionados, emitieron una carta certificada al Secretario General de las Naciones Unidas sobre la «crisis» climática, cuya principal conclusión, en respuesta al alarmismo del último informe del IPCC es, que no hay una «crisis climática»: «La pequeña edad de hielo terminó tan recientemente como 1850. Por lo tanto, no es de extrañar que ahora estemos experimentando un período de calentamiento. Solo muy pocos artículos revisados ​​por pares llegan a hasta decir que el calentamiento reciente es principalmente antropogénico». «El calentamiento es mucho más lento de lo previsto. El mundo se ha calentado a menos de la mitad de la velocidad prevista originalmente, y a menos de la mitad de la tasa esperada sobre la base del forzamiento antropogénico neto y desequilibrio radiativo. Nos dice que estamos lejos de comprender el clima. cambio.» «La política climática se basa en modelos inadecuados Los modelos climáticos tienen muchas deficiencias y no son ni remotamente plausibles como herramientas de política. Además, lo más probable es que exageren el efecto del invernadero. gases como el CO2. Además, ignoran el hecho de que enriqueciendo la atmósfera con CO2 es beneficioso». (https://clintel.nl/wp-content/uploads/2019/09/ED-brochureversieNWA4.pdf).

Por otra parte, resulta verdaderamente poco significativo que se insista en la existencia de un “consenso científico” cuando la ciencia ha demostrado que no existe una correlación significativa entre los niveles de CO2 y la temperatura de la Tierra sobre esa línea del tiempo geológica. Naomi Klein, principal activista climática de la nueva izquierda norteamericana, ha dicho que “la última vez que hubo tanto dióxido de carbono en la atmósfera como hoy, los humanos no existíamos” . Empero, a razón de esta afirmación cabe aclarar que, “cuando los niveles de CO2 estuvieron diez veces más altos que hoy, hace alrededor de 450 millones de años, el planeta estaba en el periodo más frío absoluto […]. Sobre la base de esta evidencia, ¿cómo podría alguien todavía creer que el aumento relativamente pequeño de los últimos niveles de CO2 sería la causa principal del modesto calentamiento del siglo XX?” , como expuso palmariamente Tim Patterson, paleoclimatólogo canadiense y profesor de Geología en Carleton University. Como expresa el Doctor González Corripio, “cuando hablamos de CO2 hablamos de apenas un 0,04% de la composición de la atmósfera, y de este 0,04% los humanos emiten el 4%, un poco más que las termitas. Son cantidades muy pequeñas, que no inocuas, y por lo tanto medir su impacto es difícil. El clima no es un laboratorio aislado y controlado, sino un sistema complejo en el que intervienen muchas variables que todavía no podemos ni medir ni simular con la precisión necesaria” . Tal como lo expuso la Dra. Judith Curry, científica climatóloga y exdirectora de la Escuela de Tierra y Ciencias Atmosféricas en el Instituto de Tecnología de Georgia, frente al Senado de los Estados Unidos: “El IPCC y el consenso no tienen ninguna explicación para el aumento del hielo en la Antártida […], no tienen ninguna explicación para el hecho de que la tasa de aumento del nivel del mar entre 1922 a 1950 fue tan grande, sino mayor, como lo es actualmente […], que las temperaturas se han ido calentando durante más de 200 años y, que en el siglo XX, el 40% del calentamiento se produjo antes de 1950, cuando el dióxido de carbono no era un factor de calentamiento” .
Aún así, se argüirá que los científicos que no coinciden con “el consenso” son “negacionistas del cambio climático”, lo cual no es nada nuevo. La “patologización” del contrincante político es una estrategia utilizada por Foucault para desprestigiar y ridiculizar al contrario, de tal forma que nadie lo tome en serio, pues, en breves palabras, “nadie discute con un loco”. Al partir de la base de un “consenso”, se determina que quienes adscriben al mismo forman parte de lo “normal”. En este sentido, “lo opuesto a la norma será entendido como lo irregular, lo excéntrico, lo extravagante, lo desordenado, que está desnivelado y distanciado de ella. […] Lo opuesto a lo normal será entendido como patología, morbidez, desorganización, disfunción” . Por otra parte, esto no constituye sino una falacia, pues no se trata de “negar” el cambio climático, el clima en el mundo siempre está cambiando; como ya hemos mencionado, no hay nada más redundante que el término “Cambio Climático”, pues no hay nada más variable e inestable que el clima. Como nos recuerda Patrick Moore, ecólogo y expresidente de Greenpeace, de la cual formó parte de la misma desde comienzos de la década de 1970 hasta 1983, cuando renunció debido a su divergencia con las teorías de Cambio Climático aseveradas desde la misma, y su convencimiento en que la organización se había cristianizado por completo en una caterva guiada por un dietario político muy rentable, “hace solo 2.000 años, hemos visto el Periodo de Calentamiento Romano, cuando [el planeta] estaba más caliente que hoy… Luego vinieron los Años Oscuros más fríos… Seguidos por el Medieval Caliente, cuando estuvo al menos igual que caliente que hoy… Luego tuvimos la Pequeña Edad del Hielo, que condujo a los vikingos fuera de Groenlandia [cuyo nombre, en danés: Grønland, significa Tierra Verde]. Y, más recientemente, un calentamiento gradual de 300 años hasta el día de hoy. Eso es un montón de cambios. Y, por supuesto, ninguno de ellos fue causado por humanos” . De lo que se trata es, en este sentido, de demostrar en base a evidencia verdaderamente científica que las actividades humanas no son precisamente las causales de dichos cambios. Los verdaderos negacionistas son aquellos que no reconocen las denuncias efectuadas hacia el IPCC por parte de sus propios miembros, ni el hecho de que la evidencia histórica demuestra que ninguno de sus modelos ha sido acertado.
En definitiva, como manifestó el Premio Nobel Ivar Giaver, “el Calentamiento Global realmente se ha convertido en una nueva religión. Porque no puedes discutirla, no es apropiado”, al menos, en el ámbito científico, donde se supone, la ciencia debe vencer al dogma. Una nueva religión que se ampara falazmente en el estrado de la ciencia para dictar las medidas que deberían llevarse adelante, en todo caso, como dijo Greta: “La gente escucha cuando hablo. Pero no quiero que me escuches. Quiero que escuches la ciencia” . Por su parte, la ONU reza: “La ciencia no miente, si los países no aumentan sus compromisos más allá del Acuerdo de París firmado en 2015, a través del aumento de una mayor dependencia de las energías renovables, a la humanidad le espera un panorama poco prometedor” . Sin embargo, “la mejor prueba de que el ‘cambio climático’ (las comillas son para distinguirlo del clima naturalmente cambiante) no es ciencia, es que es ‘incuestionable’” , como expresó el profesor Ramírez Mittelbrunn y, en todo caso, la evidencia científica muestra, muy por el contrario, que el cambio climático, de hecho, no tiene una significativa correspondencia con las actividades humanas. Lo cierto respecto al “consenso científico”, es que no hay ningún consenso científico y, en todo caso, aunque haya sido planteada en otras circunstancias, sigue teniendo rigor la frase que pronunció en una de sus conferencias el profesor John Lennox: “Las tonterías siguen siendo tonterías, aunque sean dichas por científicos famosos”. En consonancia con el anterior testimonio, el propio Patrick Moore, expresidente de Greenpeace, ha declarado que este consenso se basa en “una cifra completamente ridícula y falsa, ya que la mayoría de los científicos que están divulgando constantemente esta teoría catastrófica reciben dinero público”. Para él, que ocupó durante años nada menos que el rol de presidente y activista ambiental de una de las principales ONG’s ambientalistas del mundo, “lo que hacen estos llamados científicos es simplemente producir más miedo para que los políticos puedan usarlo […] porque algunas personas están convencidas de que ‘¡Oh, este político puede salvar a los niños de la muerte por el cambio climático!’” . Así es que, “el movimiento global que denuncia ‘el cambio climático’ ha corrompido a los políticos y las burocracias institucionales para ejercer un mayor control sobre las personas”. “Y así tienes el movimiento verde creando historias que infunden miedo en el público. Tienes a los medios de comunicación que actúan como inmensas cámaras de eco que repiten una y otra vez las noticias falsas de que están matando a tus hijos, y luego tienes a los políticos ‘verdes’ que están comprando a científicos con dinero de los Gobiernos para producir temor difundiendo materiales con apariencia científica; y luego están los negocios ecológicos y los grandes casitalistas [síc.] que están aprovechando los subsidios masivos y los encargos gubernamentales relacionados con las tecnologías verdes para incrementar sus fortunas. Y, por supuesto, están los científicos que están dispuestos, básicamente, a estar permanentemente enganchados a las subvenciones del Gobierno sobre este tema” .
Finalmente, contamos con el testimonio del recientemente fallecido Philosophiæ doctor en físico-química por la Universidad de Cambridge, Vincent Gray, quien formó parte del propio Panel de Expertos Revisores del IPCC, y cuya atestación enuncia que, en efecto, los informes de dicha organización se modulan de manera que sus resultados sean favorables a los intereses políticos de quienes los financian, ya que responden a los gobiernos patrocinadores. “Los dos principales reclamos ‘científicos’ del IPCC son la afirmación de que ‘el mundo se está calentando’ y ‘Los aumentos en las emisiones de dióxido de carbono son sus responsables’. La evidencia, de esas dos afirmaciones, es fatalmente defectuosa.”.
“A lo largo de los años, a medida que aprendí más sobre los datos y procedimientos del IPCC, encontré una creciente oposición por parte de ellos a proporcionar explicaciones, hasta que me vi obligado a la conclusión de que para partes significativas del trabajo del IPCC, la recopilación de datos y los métodos científicos empleados no son sólidos. La resistencia a todos los esfuerzos para tratar de discutir o rectificar estos problemas me ha convencido de que los procedimientos científicos normales no solo son rechazados por el IPCC, sino que esta práctica es endémica y fue parte de la organización desde el principio. Por tanto, considero que el IPCC es fundamentalmente corrupto. La única ‘reforma’ que podría concebir sería su abolición. […] El otro conjunto de datos emblemático promovido por el IPCC son las cifras que muestran el aumento en la concentración atmosférica de dióxido de carbono. Han manipulado los datos para persuadirnos (incluida la mayoría de los científicos) de que esta concentración es constante en toda la atmósfera. Para ello, se abstienen de publicar cualquier resultado que no les guste, y han suprimido nada menos que 90.000 mediciones de dióxido de carbono atmosférico realizadas en los últimos 150 años. Algunas de ellas fueron realizadas por premios Nobel y todas fueron publicadas en las mejores revistas científicas. […] ¿Por qué lo hicieron? Es muy sutil. Mejora tus matemáticas. Para calcular los efectos radiativos [Síc.] del dióxido de carbono, debe usar una fórmula que incluya un logaritmo. Cuando se aplica dicha fórmula a un conjunto de cifras, las cifras bajas tienen un mayor peso en la radiación media final. La cifra obtenida a partir de la denominada ‘cifra de fondo’ está, por tanto, sesgada hacia arriba. […] Mi principal queja con el IPCC está en los métodos utilizados para ‘evaluar’ los modelos informáticos. La ‘validación’ adecuada de los modelos debe incluir evidencia probada de que son capaces de realizar predicciones futuras dentro del rango requerido y con un nivel satisfactorio de precisión. Sin este procedimiento, ningún ingeniero informático que se precie se atrevería a utilizar un modelo de predicción. […] La desaparición del IPCC en desgracia no solo es deseable sino inevitable. La razón es que el mundo se dará cuenta lentamente de que las ‘predicciones’ que emanan del IPCC no sucederán. La ausencia de cualquier ‘calentamiento global’ durante los últimos ocho años es solo el comienzo. Tarde o temprano, todos nos daremos cuenta de que esta organización, y la forma de pensar detrás de ella, es falsa. Desafortunadamente, es probable que su influencia cause un daño económico severo antes de que eso suceda” . Han dicho Mariastella Svampa y Enrique Viale, autores del Best-Seller “El colapso ecológico ya llegó”, que “la evidencia científica es incontestable. Ya nadie puede poner en duda el origen antrópico del cambio climático ni sus consecuencias sobre la vida en el planeta” . Desafortunadamente para ellos, como diría Descartes, “para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas”. Cabría preguntarse ahora si de lo que no se puede dudar es del origen del “cambio climático”, o de los muchos intereses que se esconden detrás de esta gran mentira.

 

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[i] Ver Vossler, I. (15 de diciembre de 2020). “El calentamiento global es la mayor farsa de la historia”. Debatime. Recuperado de: http://debatime.com.ar/el-calentamiento-global-es-la-mayor-farsa-de-la-historia/

[ii] Vossler, I. (29 de mayo de 2021). El cambio climático como legitimación del control de la natalidad. Debatime. Recuperado de: http://debatime.com.ar/el-cambio-climatico-como-legitimacion-del-control-de-la-natalidad/

[iii] Cook, J. Nuccitelli, D. Green, S. A. Richardson, M. Winkler, B. Painting, R. Way, R. Jacobs, P. Skuce, A. (2013). “Cuantificar el consenso sobre el calentamiento global antropogénico en la literatura científico”. IOP Science. Recuperado de: https://iopscience.iop.org/article/10.1088/1748-9326/8/2/024024#artAbst

[iv] Thoreau, H. D. “Sobre la desobediencia civil” (2014); Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ed: Diada. p. 77

[v] Villareal, A. (29 de septiembre de 2019). “El 97% de los científicos está con Greta Thunberg. Hablamos con el 3% restante”. El Confidencial. Recuperado de: https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2019-09-29/cientificos-escepticos-climaticos-greta-thunberg-188_2258679/

[vi] Legates, DR, Soon, W., Briggs, WM et al. Consenso climático y ‘desinformación’: una réplica a la agnotología, el consenso científico y la enseñanza y el aprendizaje del cambio climático . Sci & Educ 24, 299–318 (2015). https://doi.org/10.1007/s11191-013-9647-9

[vii] Tol, R. Quantifying the consensus on anthropogenic global warming in the literature: A re-analysis, Energy Policy, Volume 73, 2014, Pages 701-705, Recuperado de: https://doi.org/10.1016/j.enpol.2014.04.045. (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0301421514002821).

[viii] Cit. en Gelerner, J. (14 de noviembre de 2015). La gran mentira climática. National Review. Recuperado de: https://www.nationalreview.com/2015/11/climate-change-no-consensus/

[ix] Morano, M. (4 de enero de 2011). Más de 1000 científicos internacionales están en desacuerdo con las afirmaciones sobre el calentamiento global provocado por el hombre – Challenge UN IPCC & Gore. Climate Change Dispatch. Recuperado de: https://climatechangedispatch.com/1000-scientists-dissent/

[x] Hary, M. “Climagate” (2013); Buenos Aires. Ed: Maihuensh. Pp.155