En una entrevista con De Telegraaf, se le preguntó a la ministra del D66 por qué los titulares de estatus —solicitantes de asilo a quienes se les ha concedido un permiso de residencia— deberían tener preferencia para acceder a viviendas sociales de alquiler, mientras que los jóvenes neerlandeses que inician su vida laboral se enfrentan a largas listas de espera y a una independencia tardía. Ella respondió que «vemos que muchos jóvenes que inician su vida laboral aún pueden, o se les permite, vivir con sus padres».
🇳🇱 Migrants get affordable housing before Dutch natives.
When asked why migrants receive access to affordable housing before young Dutch people looking for a «starter» home, the Dutch housing minister said that many Dutch first-time home seekers «can still live with their parents.»
Mass migration contributed to 60% of the increase in housing demand in the Netherlands since 2015, yet Minister Elanor Boekholt-O’Sullivan still believes in putting migrants first.
«For me, the fundamental principle is that anyone who is allowed to and wants to live in the Netherlands gets a roof over their head,» she said.
In the Netherlands, Dutch natives are increasingly relegated to living with their parents while migrants get to skip massive waiting lists and gain «emergency» access to cheap social housing.
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— Remix News & Views (@RMXnews) October 14, 2026
La comentarista y activista holandesa Eva Vlaardingerbroek escribió en X que dicha política equivalía a «racismo sistémico».
«Y no solo los recién llegados. Un sirio de 25 años que llegó aquí con sus padres hace años se salta la lista de espera para una vivienda cuando decide que quiere vivir solo. Esto significa que un holandés blanco de 25 años puede olvidarse de conseguir su propia casa y termina en listas de espera durante más de 10 años», escribió, y añadió: «Hay que acabar con anteponer los intereses de los extranjeros a los de la población nativa».
Talking about systemic racism: Young Dutch people can barely find a place to live, because migration drove 60% of the housing demand since 2015, regular prices are insane, and migrants get PRIORITY for the affordable social housing.
And not just the “new” newcomers. A 25-year-old Syrian who came here with his parents years ago jumps the queue for a home when he decides he wants to live on his own. Meaning a 25 year-old white Dutch guy can forget about getting his own place and ends up on waiting lists for 10+ years.
But according to our minister of housing that’s fine because they can just continue to “live with their parents.”
Putting the interests of foreigners above the interests of the native population, needs to end.
That’s why with the @SaveEuropeAct, apart from demanding closed borders and Remigration, we also demand Removing social welfare incentives and benefits that function as pull factors for migration.
— Eva Vlaardingerbroek (@EvaVlaar) October 13, 2026
Boekholt-O’Sullivan, una ex teniente general de la Fuerza Aérea holandesa nacido en Irlanda que asumió el cargo a principios de este año, afirma que cualquiera que quiera vivir en los Países Bajos debería tener un techo, pero no aborda la grave crisis de vivienda provocada por la inmigración masiva.
«Para mí, el principio fundamental es que toda persona a la que se le permita y desee vivir en los Países Bajos tenga un techo sobre su cabeza», afirmó. Señaló que las personas con estatus de solicitante de asilo suelen abandonar los centros de acogida y argumentó que alternativas como permanecer en dichos centros, vivir en la calle, alojarse en hoteles o viajar en cruceros son inaceptables, por lo que la asignación de prioridades debe continuar hasta que existan otras soluciones.
Estas declaraciones se producen en medio de nuevos datos que subrayan el papel preponderante de la migración en la crisis de vivienda de los Países Bajos. Un informe publicado esta semana por el Instituto Económico de la Construcción (EIB) reveló que la migración representó aproximadamente el 60% de la demanda adicional de vivienda entre 2015 y 2024. Los migrantes que llegaron durante ese período ocuparon cerca de 435.000 viviendas para 2024, de las casi 700.000 que se añadieron al parque inmobiliario.
Además, los datos muestran que los inmigrantes ocupan el 44% de las 2,2 millones de viviendas sociales que hay en el país.
La cifra del 44% de viviendas sociales ocupadas por inmigrantes de primera o segunda generación se ha duplicado desde el 22 por ciento en 2000 , y se prevé que aumente al 51 por ciento para 2030.
Un total del 92% de los inmigrantes sirios de primera generación reside en viviendas sociales. Además, el 90 por ciento de los nacidos en Somalia, Afganistán y Eritrea reside en viviendas sociales.
La migración relacionada con el asilo contribuye de manera desproporcionada a la demanda sostenida porque los titulares de estatus permanecen de forma permanente en altas proporciones, a diferencia de muchos migrantes laborales o estudiantiles que se marchan en el plazo de una década.
Los críticos afirmaron que los comentarios de la ministra minimizaban las dificultades que afrontan los jóvenes holandeses que ya han pasado años en listas de espera para viviendas sociales o que se enfrentan a alquileres y precios de compra elevados en el sector privado que les impiden acceder a una vida independiente.
Las listas de espera para viviendas sociales en las grandes ciudades suelen durar muchos años; las normas de prioridad para los titulares de estatus permiten que algunos recién llegados eviten las listas de espera ordinarias. El crecimiento demográfico de los Países Bajos en los últimos años se ha debido casi exclusivamente a la migración neta, lo que ha intensificado la presión sobre un mercado inmobiliario ya de por sí limitado, caracterizado por estrictas normas urbanísticas, regulaciones sobre el nitrógeno y una construcción lenta.
El reciente debate sobre la política de vivienda holandesa y la inmigración masiva es solo un aspecto de la enorme carga que los extranjeros han supuesto para la sociedad holandesa, lo que demuestra que los contribuyentes holandeses gastaron 400.000 millones de euros en inmigrantes entre 1995 y 2019.
El estudio histórico, titulado «Estado de bienestar sin fronteras: las consecuencias de la inmigración en las finanzas públicas», muestra que los costes netos de la inmigración para el sector público holandés durante el período 1995-2019 fueron de la asombrosa cifra de 400.000 millones de euros, con un promedio de 17.000 millones de euros al año, y un pico de 32.000 millones de euros en 2016 debido a la crisis de refugiados de 2015.
Sin embargo, esta cifra dista mucho de ser la total. Desde 2019, los contribuyentes holandeses han pagado decenas de miles de millones más, y no se vislumbra un final.




