Irán habría ordenado a sus estructuras militares prepararse para un escenario de guerra de gran escala con EEUU e Israel, ante la percepción de que una nueva ofensiva podría producirse pese a las iniciativas diplomáticas. Según un reporte publicado el 22 de octubre por Voice of Serbia, que atribuye la información a la agencia iraní Fars News, un alto funcionario de seguridad iraní afirmó que Teherán considera poco fiables las señales diplomáticas de Washington y contempla la posibilidad de una nueva escalada militar. Se cree que las unidades operativas recibieron instrucciones para considerar determinados activos políticos estadounidenses y la infraestructura de países participantes en un eventual conflicto como objetivos legítimos para Irán.
El jefe de inteligencia de EEUU, Jay Clayton, ha advertido que Irán ha intensificado sus esfuerzos para atacar al personal estadounidense. Un memorando de inteligencia revela que complots letales contra ciudadanos de EEUU han alcanzado una «etapa avanzada».
A la luz de esta amenaza, EEUU habría reducido el número de su personal diplomático estacionado en Arabia Saudita y ha actualizado su advertencia de viaje para todo el Medio Oriente.
Mientras tanto, la medida defensiva concreta de Irán estaría relacionada con la denominada «defensa en mosaico» (Mosaic Defense), una doctrina militar que Irán comenzó a desarrollar durante la década de 2000 y que adquirió una estructura más definida a partir de 2005, bajo el impulso del entonces general Mohammad Ali Jafari, posteriormente comandante de la Guardia Revolucionaria Islámica. Su principal objetivo consiste en evitar que un ataque contra Teherán, los centros de comunicaciones o la cúpula política y militar paralice por completo la capacidad defensiva del país.
A diferencia de un sistema de mando excesivamente centralizado, en el que las unidades necesitan recibir órdenes continuas de una autoridad superior, la defensa en mosaico busca que las fuerzas desplegadas en distintas regiones puedan continuar operando cuando pierdan contacto con el liderazgo nacional. La eliminación de los principales dirigentes no debería traducirse automáticamente en el colapso de toda la estructura militar iraní. Este planteamiento responde, en buena medida, a las lecciones que los estrategas iraníes extrajeron de las campañas estadounidenses en Irak, Afganistán y los Balcanes, donde la destrucción de centros de mando y la superioridad tecnológica desempeñaron un papel decisivo.
Los 31 comandos provinciales de la Guardia Revolucionaria
Uno de los elementos centrales de esta estrategia es la reorganización territorial de la Guardia Revolucionaria Islámica, conocida por sus siglas en inglés como IRGC. La estructura comprende 31 comandos territoriales, asociados a las provincias iraníes y a Teherán, con cadenas de mando y capacidades destinadas a facilitar una respuesta local ante situaciones de emergencia.
Estos comandos no son ejércitos nacionales completamente independientes, pero disponen de un grado de autonomía operativa que permite a sus responsables reaccionar ante determinadas amenazas sin depender de comunicaciones permanentes con la cúpula central. El sistema también se apoya en las fuerzas Basij, una organización paramilitar de movilización interna vinculada a la Guardia Revolucionaria, que puede contribuir a la seguridad territorial y a la resistencia frente a una incursión extranjera.
La finalidad es distribuir la capacidad de resistencia por todo el país. En caso de que los ataques destruyan instalaciones militares, interrumpan las comunicaciones o eliminen a determinados mandos superiores, las estructuras regionales podrían continuar ejecutando instrucciones previamente establecidas. La descentralización, por tanto, no significa necesariamente ausencia de coordinación, sino la existencia de planes que permiten actuar cuando esa coordinación resulta imposible.
Esta organización también está pensada para un escenario de invasión terrestre. Irán cuenta con una geografía extensa, zonas montañosas y grandes distancias entre determinados centros urbanos. En una campaña prolongada, esas condiciones podrían complicar las líneas de abastecimiento de una fuerza invasora y facilitar acciones de resistencia local. La doctrina busca convertir la profundidad territorial y la dispersión de sus unidades en factores que eleven el coste de una intervención militar.
¿Qué significa la supuesta entrega de listas de objetivos estadounidenses?
La información difundida en octubre sostiene que los comandantes locales habrían recibido listas detalladas de activos económicos y políticos estadounidenses en la región. De confirmarse, esa preparación indicaría que Irán pretende reducir los tiempos de reacción y permitir que sus unidades dispongan de instrucciones previas para escenarios de escalada.
El alcance de esas supuestas listas, no obstante, continúa sin estar establecido. No se han presentado públicamente documentos verificables que permitan determinar qué instalaciones figurarían en ellas, si existe una autorización previa para atacarlas o bajo qué condiciones podrían ejecutarse las órdenes. Tampoco debe confundirse la identificación de posibles objetivos militares con una decisión definitiva de atacar instalaciones concretas.
Desde la perspectiva iraní, la posibilidad de extender las consecuencias de una guerra más allá de sus fronteras forma parte de su estrategia de disuasión. EEUU mantiene instalaciones militares, personal diplomático y otros intereses en varios países de Oriente Próximo, mientras que los países del Golfo poseen infraestructuras energéticas y logísticas de importancia internacional. Una escalada que afectara a esos espacios podría generar consecuencias para el comercio, el transporte marítimo y los mercados energéticos.
Sin embargo, la amenaza de una represalia regional no demuestra por sí sola que exista una orden inminente de ataque. También puede formar parte de una estrategia de presión destinada a elevar los costes políticos, militares y económicos que Washington e Israel tendrían que considerar antes de emprender una nueva campaña.
Por qué Irán busca mantener la capacidad de combatir sin sus dirigentes
La defensa en mosaico responde a una preocupación estratégica concreta: la posibilidad de que EEUU e Israel intenten neutralizar la capacidad de decisión iraní mediante ataques contra sus dirigentes, instalaciones de mando, redes de comunicaciones y centros militares.
La experiencia de otros conflictos demuestra que la eliminación de autoridades superiores puede dificultar seriamente la coordinación de las fuerzas armadas. No obstante, sus efectos dependen de la estructura institucional, la planificación previa y la capacidad de los mandos subordinados para asumir responsabilidades. Irán pretende reducir esa vulnerabilidad mediante la distribución territorial del mando y la preparación de respuestas anticipadas.
El sistema también presenta limitaciones. La autonomía local puede facilitar la continuidad de las operaciones, pero dificulta la coordinación de una campaña compleja y aumenta el riesgo de que diferentes unidades interpreten las instrucciones de manera desigual. Una vez interrumpidas las comunicaciones, el liderazgo central podría tener problemas para detener operaciones, modificar objetivos o responder rápidamente a una iniciativa diplomática.
Este es uno de los principales dilemas de la doctrina: la descentralización puede impedir que un ataque inicial paralice a Irán, pero también puede reducir el control central sobre la evolución de una guerra prolongada.
¿Es realmente la doctrina de la «mano muerta»?
La expresión «mano muerta» ha ganado difusión en algunas publicaciones en línea que describen la supuesta activación iraní. Sin embargo, no es la denominación técnica habitual de la doctrina militar de Teherán.
El término Dead Hand está asociado históricamente al sistema soviético conocido como Perimetr, concebido durante la Guerra Fría para garantizar una capacidad de represalia nuclear en determinadas circunstancias extremas. Se trata de un concepto diferente al sistema iraní de mando descentralizado.
Irán, por su parte, denomina a su planteamiento defensivo «defensa en mosaico». La diferencia es importante: no se está describiendo un mecanismo automático de lanzamiento nuclear, sino una organización militar que distribuye facultades de decisión y permite mantener operaciones convencionales y asimétricas cuando el mando central queda comprometido.
Por ello, presentar ambas expresiones como equivalentes puede generar una impresión exagerada sobre la naturaleza de la medida. La defensa en mosaico busca garantizar la continuidad de la resistencia; no equivale a un sistema automático de represalia nuclear.
La existencia de la doctrina iraní está ampliamente documentada en estudios militares y análisis especializados. El Centro Soufan, en un informe publicado el 9 de marzo, describió la descentralización del mando como uno de los pilares de la estrategia iraní para resistir ataques dirigidos contra sus principales dirigentes y centros de control. También destacó el papel de los misiles, las tácticas asimétricas y la presión económica en la estrategia defensiva de Teherán.




