El 20 de agosto de 2026 Trump anunció lo que denominó la “most crushing economic operation ever taken against any country”, mientras su Secretario del Tesoro, Scott Bessent, habló de las sanciones más duras de la historia y de una campaña de aislamiento económico coordinada internacionalmente. La administración Trump pretende convencer a aliados y socios comerciales de que corten progresivamente sus relaciones económicas con Teherán.
Ya no se apunta solamente a Irán, sino a quienes comercien con Irán. Washington está amenazando con utilizar sanciones secundarias contra empresas y países que continúen haciendo negocios con Teherán. Eso es especialmente importante porque China es el principal comprador del petróleo iraní y otros países asiáticos también mantienen relaciones comerciales con Irán.
Trump dijo que EEUU no solo apuntará a Irán, sino a cualquier país, institución financiera, empresa, aeropuerto o entidad gubernamental que proporcione a Irán lo que él describe como una «línea vital». Citó específicamente el contrabando de petróleo, las transferencias financieras, los cambios de divisas, los registros de barcos y las empresas pantalla.
China es probablemente la prueba definitiva de hasta dónde puede llegar esta estrategia. Si Washington intenta realmente cortar las exportaciones petroleras iraníes hacia China mediante sanciones secundarias, ya no estamos hablando solamente de una confrontación EEUU–Irán. Estaríamos entrando en una confrontación económica triangular EEUU–China–Irán, con enormes repercusiones sobre energía y comercio mundial. AP también identifica a China e India entre los grandes importadores potencialmente afectados.
El anuncio representa un cambio significativo en la retórica respecto a las repetidas afirmaciones públicas de la administración en los últimos meses de que las negociaciones con Irán avanzaban bien y que un acuerdo estaba cerca.
Tan recientemente como el 5 de agosto, Trump dijo que las negociaciones estaban «saliendo bastante bien», mientras que el 28 de julio describió las discusiones con Irán como una «hermosa discusión» y dijo que la puerta seguía abierta a un acuerdo.
Esas declaraciones llegaron a pesar de que el Memorando de Entendimiento (MOU) de junio colapsó finalmente, la ventana de negociación de 60 días expiró sin un acuerdo más amplio, e Irán y EEUU permanecieron profundamente divididos sobre el Estrecho de Ormuz, las sanciones y la presencia militar estadounidense en la región.
Por lo tanto, el anuncio parece marcar otro giro significativo en la estrategia de zanahoria y garrote de la administración hacia Teherán: Trump está declarando simultáneamente que Irán está al borde del colapso mientras impone una presión económica sustancialmente más amplia destinada a forzar una resolución.
Pero, Irán lleva décadas viviendo bajo sanciones estadounidenses, por lo que posee una economía bastante adaptada a evadirlas. Ha desarrollado redes de intermediarios, empresas pantalla, comercio indirecto, flotas opacas y mecanismos financieros alternativos. Por eso existe una discusión bastante fuerte sobre si una nueva escalada conseguirá realmente “colapsar” al régimen o simplemente hará todavía más costoso y clandestino el comercio iraní. De hecho, Irán ya ha respondido calificando las nuevas sanciones de fracasadas y de “desesperación” estadounidense.
Y esto ocurre después de casi seis meses de conflicto militar, por lo que la transición de presión militar a presión económica parece ser deliberada: Washington estaría intentando conseguir mediante el estrangulamiento financiero lo que no consiguió mediante la campaña militar.
En un artículo reciente en Financial Times, el Secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, lanzó una advertencia a los países que opten por seguir cooperando con Irán y actúen como sus «arterias financieras».
La idea es que Irán no necesita solamente vender petróleo para sobrevivir económicamente: necesita una red internacional que permita cobrarlo, transportarlo, asegurarlo, convertir las divisas, financiar operaciones comerciales y mover el dinero entre jurisdicciones. Esas son las “arterias”.
Esto explica también por qué China constituye probablemente el principal desafío para la estrategia de Bessent. Si una empresa china compra petróleo iraní, Washington puede sancionarla; pero si intenta aplicar esa presión sistemáticamente sobre las grandes empresas chinas, la cuestión deja de ser una simple política de sanciones contra Irán y empieza a convertirse en una disputa directa sobre quién controla las arterias financieras del comercio internacional.
Eso conecta directamente con la estrategia de desdolarización de China, Rusia e Irán: cuanto más capaces sean de comerciar utilizando yuanes, rublos, monedas locales, trueque, bancos alternativos y sistemas de pago no occidentales, menos eficaz resulta el arma financiera estadounidense.
Irán, por su parte, advirtió que “ni una sola gota de petróleo” saldría del Estrecho de Ormuz o del Golfo Pérsico si continúa la presión económica de Washington. El alto asesor militar Mohsen Rezaee también dijo que Teherán consideraría a cualquier país que apoye las medidas económicas de EEUU contra Irán como participante en un acto de guerra. La advertencia sigue al anuncio de Trump de una importante nueva campaña económica contra Teherán.




