El gobierno abusa de una niña de 11 años

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En Santa Cruz, Bolivia, una niña de 11 años se encuentra embarazada de 5 meses. En un caso que ya de por sí es por demás escabroso e implica necesariamente una monstruosidad, aparecen instituciones públicas y organizaciones feministas para desplegar su típica politiquería. Entre el Estado y las ONG financiadas internacionalmente intentan forzar un aborto, aun cuando la niña ha mostrado su resistencia al mismo. Atentando a los derechos de la niña y particularmente la vida del niño por nacer, el deseo expreso de la menor madre por preservar la vida de la criatura y no abortar no es escuchado. Esto es llamativo porque cuando se trata de un niño de 5 años queriendo “cambiar de sexo”, es el progresismo que milita la autonomía de la voluntad de los menores. Parece ser que sólo les conviene fomentar la responsabilidad en los niños cuando se trata de la vida sexual, pero no cuando implica resguardar una vida inocente la cual no es responsable por el crimen de su padre.

La Iglesia Católica y la Plataforma Por La Vida y La Familia repudiaron el horrible hecho de violación exigiendo justicia; recuerde que a la vez, la izquierda milita la protección a cuanto monstruo haya. Al mismo tiempo, tanto la Iglesia como los espacios provida, se encuentran luchando por los derechos de la niña madre, así como también asegurando el apoyo material, médico, psicológico y espiritual para la maternidad y el tiempo post-maternidad; todo ello desde la increíble caridad que reside en sus corazones sin depender de un Estado corrupto como el actual.

Las organizaciones feministas con el apoyo de instituciones públicas y familiares de la víctima se encuentran actualmente presionando para proceder a un aborto forzoso e ilegal, lo que se traduce en que actualmente el propio Gobierno ha secuestrado a una niña para obligarla a hacer algo que no quiere (lo que demuestra una vez más que ser de Izquierda implica estar del lado de los depravados y abusadores).

Vale aclarar que nunca un crimen se soluciona con otro crimen, sumado a que la vida concebida es sujeto de derecho independientemente de que sus ascendientes sean personas benignas o malignas. Ante este oscuro caso sólo queda resistir y presionar para que el gobierno no perpetúe una situación de abuso sobre la menor mientras extermina una vida inocente que ningún crimen ha cometido.

Comunicado por intención judicial de aborto de niña de 11 años:
¡EL AMOR SIEMPRE VENCE!
«El ladrón solo viene para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (San Juan 10,10).
La Iglesia Católica en Santa Cruz expresa su más firme repudio por la brutal violación a una niña de 11 años de edad, acaecida en Yapacaní, y expresa su dolor, cercanía y solidaridad a la niña, a su madre y personas que la aman. La violación, además de lesionar profundamente el derecho de cada persona a su dignidad, libertad e integridad física y moral, atenta contra la justicia y la caridad; cuanto más si, como en este caso, se trata de una niña inocente. Instamos a las autoridades correspondientes para que no quede impune tan grave y detestable delito.
La situación es muy compleja y dramática, ya que está en juego la vida sagrada de dos personas inocentes e indefensas: la de la niña mamá y la de la criatura en su seno materno. Ambas son vidas humanas independientes y la persona humana dentro del vientre materno no es el culpable del abuso a su madre. Un crimen no se soluciona con otro crimen, el aborto no remedia la violación, ni da tranquilidad a las conciencias, por el contrario, deja heridas psicológicas más graves y para largo tiempo.
Al respecto, la Iglesia nos dice que: “Nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo». (Evangelium Vitae, 57).
La Sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional 0206/2014 establece que “un aborto incondicional y en todas las etapas del desarrollo del embrión no es constitucionalmente admisible”.
También señala que: “en la medida que se desarrolle y se vaya asemejando a un ser humano la protección jurídica paulatinamente se va incrementando”.
Según las indicaciones de la medicina, un feto de cinco meses es ya una criatura bastante formada y por tanto goza, sin duda, de la protección que emana de las leyes y la Constitución Política del Estado.
De hecho, al quinto mes de embarazo la criaturita mide aproximadamente 25 cm. el cerebro en este periodo ya está bastante desarrollado, siente dolor, inicia a funcionar el hígado y el bazo comienza a producir glóbulos blancos, fundamentales para el desarrollo del sistema inmunológico.
Asimismo, tenemos conocimiento que la niña y su madre han manifestado que quieren que la criaturita en gestación viva y no se realice el aborto, por eso su voluntad debe ser obligatoriamente respetada.
La única solución es salvar, cuidar y apoyar con amor de las dos vidas. En tal sentido, la Iglesia ofrece acogida y atención a la niña y a la criaturita que tiene en su vientre, dando hospitalidad gratuita en el Centro de Madres Adolescentes, Madre María, asegurando el apoyo material, médico, psicológico y espiritual para la maternidad y el tiempo post-maternidad.
¡Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término!
Santa Cruz, 23 de octubre de 2021.
Arquidiócesis de Santa Cruz de la Sierra