La participación de estudiantes en programas de iniciación y conversión al catolicismo está creciendo con rapidez, incluso en algunas de las universidades públicas y tradicionalmente seculares más importantes del país.
Los datos fueron recopilados por Hallow, una aplicación estadounidense de oración católica, a partir de información proporcionada por casi 60 universidades y centros de pastoral universitaria. Según el estudio publicado el 19 de agosto de 2026, la participación en el proceso conocido como OCIA —siglas de Order of Christian Initiation of Adults, el proceso formal mediante el cual adultos pueden incorporarse a la Iglesia Católica— aumentó en promedio un 115% entre el año académico 2024-25 y el 2025-26. Al sumar los participantes de los Newman Centers incluidos en el estudio, el incremento total fue del 87,6%.
La diferencia entre ambos porcentajes es importante. El 115% corresponde al crecimiento promedio registrado individualmente entre las instituciones que proporcionaron datos, mientras que el 87,6% compara el número total de participantes de todas las instituciones incluidas. En ambos casos, sin embargo, la conclusión general es similar: los programas universitarios de incorporación de adultos al catolicismo experimentaron un crecimiento extraordinariamente elevado en apenas un año.
El fenómeno adquiere mayor relevancia cuando se observa dónde está ocurriendo. No se limita a universidades católicas ni a regiones tradicionalmente asociadas con una fuerte presencia católica. Entre las instituciones con mayor número de participantes durante 2025-26 aparecen Texas A&M, con 204 candidatos y catecúmenos; Arizona State University, con 137; la University of Illinois, con 131; la University of Oklahoma, con 125; Kansas State University, con 99; la University of Nebraska, con 97; la University of Wisconsin, con 96 y Harvard University, con aproximadamente 90.
Texas A&M registró uno de los casos más llamativos. El número de participantes pasó de 121 durante el curso 2024-25 a 204 en 2025-26, un incremento cercano al 69%. En Stanford, en pleno corazón de Silicon Valley, el número de candidatos y catecúmenos llegó a triplicarse durante el último curso. En la New York University, la participación en OCIA aumentó un 88%, mientras que la asistencia a las Misas diarias también se habría triplicado.
Uno de los ejemplos más sorprendentes aparece en Mississippi. En la University of Mississippi, conocida popularmente como Ole Miss, el número de participantes pasó de 25 a 86, un aumento del 244%. El dato resulta especialmente llamativo porque Mississippi se encuentra entre los estados con menor proporción de población católica de Estados Unidos. También se registraron aumentos importantes en universidades de Alabama y Tennessee: en la University of Alabama, OCIA pasó de 41 a 82 participantes, mientras que en la University of Tennessee aumentó de 25 a 40.
La tendencia tampoco parece limitada a las universidades situadas en ciudades pequeñas o comunidades particularmente religiosas. En la University of Southern California, ubicada en Los Ángeles, el programa de iniciación católica pasó de 18 participantes en 2023-24 a 25 en 2024-25 y finalmente a 44 en 2025-26. El aumento del último año fue del 76%.
Pero quizá lo más llamativo del caso de USC es la forma en que se produjo. El diácono Paul Pesqueira, responsable del programa desde hace 14 años, explicó que el crecimiento se produjo prácticamente sin campañas de promoción. Según su testimonio, los estudiantes llegaron principalmente mediante recomendaciones personales y el llamado «boca a boca».
La cuestión, por tanto, no parece reducirse simplemente a que más estudiantes estén tomando contacto con una organización religiosa. Los centros católicos universitarios también están comunicando un aumento de la asistencia a Misa, retiros, confesiones, adoración eucarística y otras actividades religiosas. El crecimiento de OCIA sería, en ese sentido, solamente una de las manifestaciones visibles de una participación más amplia.
En la Universidad de Southern California, por ejemplo, la parroquia universitaria Our Savior registró este año una cifra récord de bautismos y 69 personas inscritas en su programa OCIA, un 57% más que el año anterior. La asistencia a Misa también aumentó hasta el punto de que en determinadas ocasiones fue necesario utilizar un espacio adicional para los estudiantes que no podían entrar en el templo.
¿Por qué está ocurriendo?
No existe todavía una única explicación aceptada. Algunos responsables de pastoral universitaria y académicos apuntan a una combinación de factores: soledad, búsqueda de comunidad, incertidumbre cultural, pérdida de confianza en determinadas instituciones y una creciente necesidad de encontrar un sentido más estable a la vida.
La pandemia de COVID-19 también aparece como un elemento relevante. Millones de jóvenes atravesaron durante años decisivos de su formación una experiencia de aislamiento social y ruptura de las formas tradicionales de convivencia. Para algunos investigadores, la posterior búsqueda de comunidades presenciales podría estar relacionada con ese período.
Grant Kaplan, profesor de teología de Saint Louis University, considera que muchos jóvenes están buscando precisamente espacios donde puedan recuperar una experiencia comunitaria que perciben como debilitada. En su interpretación, la secularización ya no debería entenderse necesariamente como una línea descendente permanente, sino como un proceso mucho más irregular, en el que pueden aparecer períodos de recuperación religiosa.
La cuestión tecnológica también resulta significativa. Una generación que ha crecido rodeada de teléfonos inteligentes, redes sociales, inteligencia artificial y relaciones cada vez más mediadas por pantallas puede encontrar cierto atractivo precisamente en una religión que ofrece experiencias físicas y comunitarias: reunirse en una iglesia, participar de una liturgia, cantar, guardar silencio, confesarse o recibir la Eucaristía.
Paradójicamente, algunos elementos considerados por generaciones anteriores como símbolos de una religión tradicional parecen adquirir un carácter diferente entre determinados jóvenes. El canto litúrgico, las vestimentas religiosas, el silencio, el incienso, la adoración eucarística y otras expresiones tradicionales pueden ser percibidos por algunos miembros de la Generación Z como algo diferente de la cultura digital dominante.
La búsqueda tampoco sería exclusivamente emocional. Algunos jóvenes llegan al catolicismo después de un proceso intelectual. Internet permite que una persona que prácticamente no recibió educación religiosa pueda acceder en cuestión de semanas a debates sobre filosofía, teología, historia del cristianismo, Biblia y doctrina católica. Podcasts, vídeos, redes sociales y aplicaciones como Hallow pueden funcionar como puertas de entrada que posteriormente conducen a una comunidad presencial.
En este sentido, la propia tecnología que muchos críticos consideran responsable de la fragmentación social también está siendo utilizada por organizaciones religiosas para reconstruir comunidades. Hallow es un ejemplo particularmente evidente: una aplicación instalada en un teléfono puede convertirse en el primer contacto de una persona con la oración y terminar conduciéndola hacia un Newman Center, una parroquia universitaria o un proceso formal de conversión.
El fenómeno universitario también encaja dentro de un movimiento más amplio que se está observando en determinadas diócesis estadounidenses. Hallow señala que sus datos anteriores mostraban un aumento aproximado del 38% en el número de candidatos y catecúmenos de OCIA a nivel diocesano durante 2025-26. El crecimiento observado en universidades y Newman Centers, por tanto, estaría superando considerablemente el incremento general.
En la arquidiócesis de Los Ángeles, por ejemplo, se registraron 8.598 personas en procesos de iniciación durante 2026, un 54% más que el año anterior y la cifra más elevada entre las arquidiócesis estadounidenses según datos citados recientemente por The Guardian. También allí las parroquias universitarias están experimentando aumentos importantes.
Esto ha llevado a algunos observadores a hablar de un posible «renacimiento católico» entre los jóvenes estadounidenses. Sin embargo, los especialistas advierten que todavía sería prematuro utilizar esa expresión como una conclusión definitiva.
El principal interrogante es la permanencia. Que un joven se inscriba en OCIA constituye un indicador de interés religioso, pero no garantiza que continúe practicando el catolicismo durante las décadas siguientes. Será necesario observar qué sucede después de la graduación: si estos jóvenes continúan asistiendo a Misa, participan en parroquias, reciben regularmente los sacramentos, contraen matrimonio dentro de la Iglesia y transmiten la fe a sus hijos.
También es importante recordar las limitaciones de los datos. La investigación de Hallow no constituye un censo de todas las universidades estadounidenses. Se basa en información proporcionada por las instituciones participantes y, por tanto, puede existir un sesgo de selección. Además, porcentajes muy elevados pueden producirse cuando se parte de cifras relativamente pequeñas.
Aun con esas precauciones, existe un elemento difícil de ignorar: el crecimiento está apareciendo simultáneamente en instituciones muy diferentes y en regiones que no son tradicionalmente consideradas bastiones del catolicismo.
La imagen que emerge es, por tanto, más compleja que la idea de una simple desaparición de la religión entre los jóvenes. Durante décadas, la secularización estadounidense parecía avanzar principalmente en una dirección. Ahora aparecen pequeñas pero significativas zonas de reversión: jóvenes que, después de crecer en ambientes poco religiosos, están descubriendo el catolicismo precisamente cuando llegan a la universidad.




