Capitalismo… ¿arrodillado?

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La Teoría Crítica de la Raza, esa que trabaja desde en aulas con intelectuales hasta en oficinas con empresarios, posee 8 nociones esenciales según Jean-Patrick Grumberg:

1.-Los blancos son culpables de «superioridad racial internalizada», y «deben aceptar su culpa y vergüenza»Estados Unidos es un «sistema de supremacía blanca», creado por europeos blancos «con el propósito de asignar y mantener el acceso de los blancos al poder y los privilegios».
2.- Los blancos son culpables del «privilegio blanco» y de la «superioridad racial interiorizada».
3.- Los blancos creen falsamente que «su comodidad, su riqueza, sus privilegios y su éxito se los han ganado por sus méritos y su trabajo duro», cuando en realidad «es sólo gracias a los beneficios del racismo sistémico».
4.- La «cultura de la supremacía blanca» se define por varias características culpables, como el «individualismo», la «objetividad», el «paternalismo», la «actitud defensiva», la «acumulación de poder», el «derecho» y el «culto a la palabra escrita».
5.- Los «debates sobre los condicionamientos racistas» deben tener lugar en grupos racialmente segregados, ya que «las personas de color y las blancas tienen su propio trabajo que hacer para comprender y abordar el racismo».

6.- Las minorías raciales sufren una «opresión racista construida» y una «inferioridad racial interiorizada» y se enfrentan a pensamientos internos como «pensamos que hay algo malo en ser una persona de color», «tenemos baja autoestima», «tenemos bajas expectativas», «tenemos opciones muy limitadas» y «tenemos una sensación de posibilidad limitada».
7.-Este pensamiento interno nocivo les obliga a adh
erirse a «mitos promovidos por el sistema racista», y a desarrollar sentimientos de «odio a sí mismos», «ira», «rabia» y «etnocentrismo», y se ven obligados a «olvidar», «mentir» y «dejar de sentir» para sobrevivir.

8.- La solución es que los blancos trabajen en el «desarrollo antirracista blanco» y acepten su «culpa y vergüenza» y el hecho de que «los blancos no tienen razón». En última instancia, deben trabajar para lograr una «acción colectiva» en la que «los blancos puedan hacer el bien».«

Esta Teoría tuvo auge luego de lo acontecido con George Floyd, hecho que generó un antes y un después en la sociedad norteamericana ya que tal incidente sirvió para promover el caos en desmedro del ex-presidente Donald Trump. Ciertamente tales tribulaciones tuvieron consecuencias en el plano cultural que se manifestó desde educación hasta la gestión empresarial. Así pues, la Teoría Crítica de la Raza impuesta en materia educativa generó un sinfín de reacciones conservadoras, donde como mero ejemplo vale destacar la actitud de Ted Cruz que resume acabadamente la postura propia del sentido común. “El gobierno federal no tiene derecho a imponer una agenda política a los estadounidenses, especialmente una que pretende derribar nuestras instituciones y dividirnos en función de la raza”, declaró Cruz, el senador republicano de Texas, al presentar un proyecto de ley que eliminaría la financiación federal para aquellos que insisten en enseñar la Teoría Crítica de la Raza.

Nuevamente la derecha, amparada en el principio conservador de la diversidad que conceptualiza Russell Kirk (padre intelectual del conservadurismo moderno; filósofo político, historiador y crítico social estadounidense, conocido por su gran importancia para el renacimiento del pensamiento conservador clásico del siglo XX llegando a ser asesor de Ronald Reagan) expone cómo el conservadurismo no distingue en contingentes tales como la raza como criterio de convivencia; justamente en respeto a las diferencias es que se opone a cualquier artificio homogeneizador. Ted Cruz añade algo que es fundamental a sus palabras: “La Teoría Crítica de la Raza se originó en el movimiento de estudios críticos

de la raza. Una ideología marxista que ve el mundo como una batalla, no entre las clases -como hace el marxismo clásico- sino entre las razas… La Teoría Crítica de la Raza preserva esta forma de pensar y socava los derechos civiles, la protección igualitaria ante la ley garantizada por la Constitución y las instituciones estadounidenses en general”. El proyecto de ley de Cruz, bautizado como End CRT Act, es sólo el último de una serie de propuestas lideradas por el Partido Republicano que buscan prohibir la teoría crítica de la raza en las escuelas y universidades públicas. Mientras tanto, Joe Biden revocó una orden ejecutiva de Trump que prohibía la formación en el lugar de trabajo “centrada en la culpa” en las agencias federales, los contratistas federales y por parte de los beneficiarios de subvenciones federales. El presentador Jesse Watters en diálogo con Cruz advirtió: “No se supone que las escuelas primarias sean activistas políticos. Los padres están rogando a los consejos escolares que se ciñan a las matemáticas, las ciencias y la historia”.

Sin ambergo, creer que la Teoría Crítica de la Raza es un problema exclusivamente del Estado adoctrinador y socialista es no ver el panorama completo. En verdad, la agenda cultural es compleja en la posmodernidad donde lo privado se vuelve público y lo público se vuelve privado; hoy los metacapitales promueven la degradación y la corrupción tanto o más que el propio burócrata de turno. Varias veces uno escucha que el adoctrinamiento es propio de estatistas totalitarios de izquierda, pero ciertamente nada más lejos de la realidad.

El canal Project Veritas publicó un video llamado: “Insider Leaks Critical Race Theory ‘Indoctrination’ Within Children’s Toy Manufacturer Hasbro”; allí se observa cómo la Teoría Crítica de la Raza se imparte a los empleados según el testimonio en primera persona de uno de ellos. Aunque contraríe la experiencia universal que cualquier padre puede refutar en un día de jardín con sus hijos, en Hasbro se enseña a los agentes de dicha empresa internacional que los bebés pueden ser racistas; incluso se dice que los niños de cinco años tienen tendencia “anti-negros y a favor de los blancos”. La organización “theconsciouskid” a través de Katie Ishizuka y Ramón Stephens, cofundadores de “Conscious Kids”, imparten la capacitación sobre el racismo en los niños y cómo la consciencia social debe prevalecer en las empresas transnacionales. Conscious Kids se presenta en su portal oficial así: “Somos una organización de educación, investigación y política dedicada a la equidad y a promover el desarrollo saludable de la identidad racial en los jóvenes. Apoyamos a organizaciones, familias y educadores a tomar medidas para acabar con el racismo en los niños”.

El ingeniero David Johnson fue quien filtró el video a Project Veritas para exponer cómo Hasbro quiere con sus juguetes adoctrinar desde el mercado y el sector privado a millones de niños en el mundo. Por su parte, Ishizuka dice: “Entre los tres y los seis meses, los bebés comienzan a notar y ya expresan preferencia por raza”. Sólo alguien que es padre sabe el delirio estratosférico de quien plantea semejante imbecilidad, pero nada se puede esperar de los perversos que intentan corromper las más tiernas infancias.

Tal como se ve, creer que el adoctrinamiento es un fenómeno estatista es desconocer que el progresismo no es enemigo del capital por cuanto lo que busca es vender ideas, ideas identitarias que creen nuevas unidades de consumo y tributo en un mercado homogeneizado y hegemonizado.

Así como Hasbro, también American Express posee un programa de formación para sus empleados. Dicho programa versa en la teoría racial crítica; se les pide allí a los trabajadores que deconstruyan sus identidades raciales y sexuales para luego clasificarse en una jerarquía de «privilegios». American Express se suma a la ola de “capitalismo con conciencia social”. Según un conjunto de documentos filtrados, los ejecutivos de la empresa crediticia han creado una “Iniciativa contra el Racismo” tras la muerte de George Floyd. Se están sometiendo a los empleados a un programa de formación basado en los principios fundamentales de la Teoría Crítica de la Raza, incluida la interseccionalidad; en esa visión es que reduce a los individuos a una maraña de identidades que determinan si uno es un «opresor» o un «oprimido» en una situación determinada. La consultora externa Paradigm es la que formó a los empleados para que deconstruyeran sus propias identidades interseccionales, trazando un mapa de su “raza, orientación sexual, tipo de cuerpo, religión, estado de discapacidad, edad, identidad de género y ciudadanía”.

Los empleados pueden determinar que sus privilegios están por sobre la jerarquía de poder de la empresa; es decir, si un empleado es blanco, es un opresor de su jefe que es negro. Esto se muestra en un folleto filtrado con las instrucciones para los empleados blancos: “identifica los privilegios o ventajas que tienes… no hables por encima de los miembros de la comunidad negra y afroamericana… no se trata de tu intención, sino del impacto que tienes en tu colega”. Los formadores proporcionan un diagrama de flujo azul con reglas específicas para interactuar con los empleados negros, femeninos y LGBT: Si hay miembros de un grupo subordinado, los trabajadores deben practicar el «aliancismo interseccional». Frases comunes están sujetas a una regulación basada en la raza: “No veo el color… Todos somos seres humanos… Todo el mundo puede tener éxito en esta sociedad si se esfuerza lo suficiente”, todas ellas son «microagresiones». American Express, en un evento institucional, invitó a Khalil Muhammad (bisnieto del fundador de la Nación del Islam) a dar una conferencia sobre “la raza en la América corporativa”. Argumentó que el sistema del capitalismo se fundó en el racismo y que “las lógicas racistas y las formas de dominación” han dado forma a la sociedad occidental desde la Revolución Industrial hasta el presente. Dijo: “American Express tiene que hacer su propia indagación sobre cómo se sitúa en relación con esta historia de capitalismo racial… Es cómplice de dar privilegios a una comunidad en contra de la otra, bajo el pretexto de que vivimos en un sistema meritocrático donde el mercado juzga a todos por igual”.

La empresa tiene un módulo de formación llamado Iniciativa contra el Racismo. Allí hay una serie de recursos para que los empleados “aprendan sobre la supremacía blanca encubierta” y se dediquen “a la tarea de por vida de superar la herencia racista de nuestro país”. Se anima a los empleados a escuchar el podcast “Más allá de las prisiones”, un movimiento comprometido con la “eliminación total del encarcelamiento, la vigilancia y el control policial”. También se promueve que los trabajadores lean una serie de artículos para “obligar a los blancos a ver y comprender cómo la supremacía blanca impregna sus vidas”; se intentan demostrar a los trabajadores que “los niños blancos se vuelven racistas antes de poder hablar y persuadir a los empleados de que el Congreso debería aprobar una legislación para las reparaciones basadas en la raza”.
American Express anunció en 2020 un plan de mil millones de dólares para promover la “diversidad y la igualdad”; sin embargo y a día de hoy más de uno espera ver si semejante despliegue del capitalismo con conciencia social ha generado algo significativo. El metacapitalismo no es más que una expresión concreta de una cultura que necesita comprar y vender identidades de individuos fragmentados; hoy parte industria financiera no hace más que profundizar la cultura progresista a cambio de posicionarse privilegiadamente frente al poder político hegemónico.

Siguiendo con lo que es la cultura del “capitalismo con conciencia social”, luego de ver cómo Hasbro y MasterCard se plegaron a la Teoría Crítica de la Raza, ahora es el turno de AT&T, la multinacional estadounidense con casi 300.000 empleados.
AT&T brinda ahora a sus empleados cursos de aprendizaje llamados “Listen Understand Act” según informa el periodista Christopher Rufo quien accedió al mail enviado por John Stankey, director ejecutivo de AT&T. AT&T ha creado dicho programa de reeducación racial que promueve la idea de que “el racismo estadounidense es un rasgo exclusivamente blanco” e impulsa causas progresistas como “reparaciones”, “desfinanciamiento de la policía” y “activismo trans”. El director ejecutivo les ha dicho a los empleados que las corporaciones privadas como AT&T tienen la «obligación de participar en este tema de la injusticia racial» e impulsar «reformas sistémicas en los departamentos de policía de todo el país». Según un empleado senior, que acordó hablar bajo condición de anonimato, los gerentes de AT&T ahora son evaluados anualmente sobre temas de diversidad, con participación obligatoria en programas como grupos de discusión, clubes de lectura, programas de tutoría y ejercicios de reeducación de carreras. Tal como expone Rufo, se espera tácitamente que los empleados blancos, dijo la fuente, confiesen su complicidad con el «privilegio blanco» y el «racismo sistémico», o serán penalizados en sus evaluaciones de desempeño. En el portal interno de AT&T, la compañía alienta a los empleados a estudiar un recurso llamado «White America, si quieres saber quién es responsable del racismo, mírate en el espejo». El artículo afirma que Estados Unidos es una “sociedad racista” y expone su tesis claramente: “Gente blanca, ustedes son el problema. Independientemente de cuánto digas que detestas el racismo, eres la única razón por la que ha florecido durante siglos «. El autor, Dahleen Glanton, escribe que «el racismo estadounidense es un rasgo exclusivamente blanco» y que «los negros no pueden ser racistas».

Asi pues, es un error creer que sólo el Estado es el problema, más cuando los metacapitales marcan la agenda cultural.