Según el periodista de investigación Matthew Cole, al menos 2.000 millones habrían terminado en cuentas bancarias vinculadas a Jared Kushner, yerno de Donald Trump y entonces asesor de alto rango de la Casa Blanca. La información habría salido a la luz después de que los servicios de inteligencia neerlandeses accedieran a información extraída del teléfono de Kushner. Sin embargo, las acusaciones están en disputa y Kushner las niega categóricamente.
Una investigación que apunta al corazón de la diplomacia de Trump
El 22 de octubre, la revista estadounidense Vanity Fair publicó un extracto del libro Princes and Thieves: Jared Kushner and Mohamed bin Zayed’s Secret Plot to Remake the Middle East, del periodista Matthew Cole. La publicación plantea una serie de acusaciones sobre presuntos acuerdos financieros entre Kushner y dirigentes de dos de las monarquías más influyentes de Oriente Medio: Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.
El núcleo de la investigación es extraordinariamente delicado: la posibilidad de que dirigentes extranjeros hubieran puesto miles de millones de dólares a disposición de un asesor presidencial estadounidense mientras este participaba en decisiones diplomáticas que afectaban directamente a esos mismos países.
Según Cole, el presidente emiratí, Mohamed bin Zayed Al Nahyan, conocido como MBZ, y el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, conocido como MBS, habrían discutido inicialmente la creación de un fondo superior a los 10.000 millones de dólares.
La propuesta, según el relato del periodista, habría tenido como objetivo financiar determinadas prioridades políticas de la administración Trump y facilitar el avance de los intereses estratégicos de los dos gobiernos árabes en Washington.
Sin embargo, el proyecto original supuestamente evolucionó hacia una estructura más limitada y opaca, compuesta por distintas cuentas bancarias que habrían recibido, en conjunto, al menos 2.000 millones de dólares.
La investigación sostiene que Kushner tenía acceso a esas cuentas durante su etapa como asesor de la Casa Blanca, entre 2017 y 2021. Algunas de ellas habrían estado vinculadas a entidades gubernamentales o fundaciones emiratíes, mientras que otras habrían involucrado operaciones financieras a través de Azerbaiyán e Israel.
Es fundamental establecer una distinción: estas afirmaciones proceden de la investigación de Cole y no constituyen hechos demostrados judicialmente. La publicación no equivale a una resolución judicial ni permite concluir, por sí sola, que Kushner haya cometido un delito.
El teléfono de Kushner: la supuesta operación de inteligencia neerlandesa
Uno de los aspectos más llamativos de la investigación es la presunta intervención de los servicios de inteligencia de los Países Bajos.
Según el relato publicado en Vanity Fair, la historia comenzó cuando los servicios de inteligencia militar neerlandeses, conocidos como MIVD, obtuvieron información sobre un operativo de la inteligencia militar rusa que tenía acceso a datos relacionados con el teléfono de Kushner.
El artículo describe una operación de contrainteligencia en la que los neerlandeses habrían conseguido la colaboración de un agente ruso vinculado al GRU, el servicio de inteligencia militar de Rusia. Ese operativo habría permitido acceder a un servidor de inteligencia ruso que contenía capturas de pantalla del teléfono de Kushner.
A partir de ese material, los neerlandeses supuestamente consiguieron observar parte de la actividad que aparecía en la pantalla del dispositivo.
La investigación sostiene que los agentes pudieron seguir determinadas operaciones realizadas desde el teléfono, entre ellas el acceso a una cuenta bancaria de Emiratos Árabes Unidos que habría recibido cientos de millones de dólares.
En otras palabras, el hackeo habría permitido a una agencia de inteligencia europea observar información financiera que, de otro modo, habría permanecido fuera del alcance de los investigadores.
Hasta el momento, la información publicada no ha venido acompañada de una verificación pública independiente que permita confirmar todos los detalles de la supuesta operación de espionaje y de las transacciones financieras. La información disponible se apoya fundamentalmente en el trabajo de investigación de Cole y en fuentes que no han sido identificadas públicamente.
La cuenta Alpha: 750 millones de dólares y una fundación emiratí
Uno de los elementos centrales del relato es una cuenta bancaria denominada «Alpha» por el periodista.
Según el extracto de Vanity Fair, la cuenta habría mantenido aproximadamente 750 millones de dólares y habría estado abierta en First Abu Dhabi Bank, una de las principales entidades financieras de Emiratos Árabes Unidos.
La investigación sostiene que el dinero habría llegado a través de una entidad bancaria de Azerbaiyán, lo que habría dificultado identificar el origen de los fondos mediante una revisión superficial de las transacciones.
El aspecto más controvertido es la supuesta estructura de titularidad y administración de la cuenta.
De acuerdo con Cole, la cuenta no habría pertenecido formalmente a Kushner. Estaría gestionada por la fundación emiratí Watani Al Emarat Foundation, una organización financiada por el Gobierno de Emiratos Árabes Unidos.
Kushner habría figurado como firmante autorizado, una condición que, según la investigación, le habría permitido acceder a la cuenta y realizar operaciones.
Esta diferencia es importante desde el punto de vista financiero y jurídico.
Ser titular de una cuenta, ser su beneficiario económico y tener autorización para operar sobre ella son situaciones distintas. Una persona puede estar autorizada a efectuar operaciones sin ser propietaria del dinero, aunque esa facultad puede generar obligaciones de declaración y otros problemas legales, dependiendo de las circunstancias y de la legislación aplicable.
Cole también sostiene que la fundación habría servido como cobertura para determinadas operaciones militares y de inteligencia emiratíes en el extranjero.
La publicación vincula a la organización con operaciones confidenciales de adquisición de armamento y con movimientos de fondos destinados a apoyar iniciativas estratégicas del Gobierno emiratí.
Si se demostrara que una cuenta de esa naturaleza estaba a disposición de un funcionario estadounidense sin las autorizaciones o declaraciones exigidas, podrían surgir interrogantes sobre conflictos de intereses, transparencia financiera y cumplimiento de las normas federales.
Su equipo jurídico niega que tuviera relación con la organización, con la cuenta o con los supuestos movimientos financieros.
La cuenta Beta: otros 1.000 millones y la conexión con Israel
La segunda parte de la investigación es aún más delicada por sus posibles implicaciones diplomáticas.
Cole sostiene que, durante la primavera de 2018, Mohamed bin Zayed habría organizado el traslado de aproximadamente 1.000 millones de dólares hacia Israel a través de Azerbaiyán, mediante una operación que el periodista identifica como la cuenta «Beta».
Según el relato, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habría conocido la operación y alentado a Kushner a que el dinero fuera depositado en una cuenta vinculada al Banco de Israel.
La finalidad de esa estructura, según una fuente citada por el periodista, habría sido presentar los fondos como parte de una operación vinculada a una entidad gubernamental, en lugar de hacer evidente una conexión con Kushner.
El artículo añade que una persona que supuestamente conocía la operación afirmó que el dinero estaba destinado al beneficio personal de Kushner.
La afirmación de que se habría utilizado el Banco de Israel para mantener dinero destinado al beneficio personal de Kushner plantea interrogantes técnicos que no han quedado resueltos públicamente.
El Banco de Israel es la autoridad monetaria central del país, no un banco comercial convencional en el que cualquier particular pueda abrir una cuenta personal. Las operaciones que involucren cuentas gubernamentales, reservas o fondos públicos requieren una explicación institucional y financiera precisa.
La controversia adquirió mayor importancia cuando comenzaron a surgir preguntas sobre la viabilidad de la operación descrita.
El medio israelí Ynet recogió las acusaciones del libro y las negativas de los implicados. Por su parte, The Jerusalem Post retiró una publicación que había reproducido la información después de señalar que había identificado «importantes dudas fácticas» sobre las transacciones financieras alegadas.
¿Qué papel habrían desempeñado Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos?
Mohamed bin Zayed es el presidente de Emiratos Árabes Unidos y uno de los principales responsables de la transformación del país en una potencia regional con influencia diplomática, económica y militar.
Mohamed bin Salmán, por su parte, es el príncipe heredero saudí y la figura central de la política de modernización y expansión de la influencia internacional de Arabia Saudita.
Ambos gobiernos han buscado históricamente mantener una relación estrecha con Washington, especialmente en cuestiones relacionadas con la seguridad regional, Irán, la cooperación militar y la estabilidad de los mercados energéticos.
La administración Trump abrió nuevas oportunidades para esa relación, con iniciativas destinadas a reorganizar las alianzas regionales y fortalecer la cooperación entre Israel y varios países árabes.
En ese contexto, Kushner ocupó una posición especialmente relevante.
Como yerno de Trump y asesor presidencial, participó en los esfuerzos diplomáticos de la primera administración para establecer nuevas relaciones entre Israel y los países del Golfo, así como en otras iniciativas vinculadas a la política estadounidense en Oriente Medio.
La investigación de Cole sostiene que los dirigentes emiratíes y saudíes habrían considerado la posibilidad de utilizar recursos financieros para impulsar objetivos políticos compartidos con la administración estadounidense.
El periodista describe, además, una propuesta inicial que habría superado los 10.000 millones de dólares. Según su versión, una de las ideas habría sido financiar prioridades de Trump, incluida su promesa de construir un muro en la frontera entre EEUU y México, mientras los dirigentes árabes obtenían avances en sus propios objetivos estratégicos.
El proyecto, siempre según la investigación, habría cambiado posteriormente de forma y terminado vinculado a las cuentas descritas.
La cuestión no es simplemente si Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos querían influir en la política exterior estadounidense: es si ofrecieron dinero a una persona que ejercía funciones públicas y si ese dinero estaba condicionado a decisiones gubernamentales.
Para responder a esa pregunta sería necesario conocer los acuerdos concretos, la titularidad de las cuentas, las condiciones de los fondos y las decisiones que supuestamente se pretendía obtener a cambio.
Por ahora, la publicación presenta una interpretación de esos vínculos basada en fuentes de investigación.
Los 10.000 millones iniciales: ¿un fondo político para la administración Trump?
La investigación no afirma que los 10.000 millones se hayan transferido íntegramente a Kushner. Lo que sostiene es que los dirigentes habrían discutido inicialmente un proyecto de financiación de esa magnitud y que, posteriormente, al menos 2.000 millones habrían quedado vinculados a las cuentas descritas.
Según Cole, el plan original habría buscado apoyar determinados objetivos de la administración Trump y, al mismo tiempo, facilitar que los dirigentes árabes avanzaran sus propias prioridades.
La propuesta habría perdido impulso como fondo político general y evolucionado hacia estructuras financieras específicas.
El periodista también sostiene que los intereses de Mohamed bin Zayed y Mohamed bin Salmán no eran idénticos. En particular, atribuye al dirigente emiratí un interés en respaldar las aspiraciones de Mohamed bin Salmán de consolidar su posición como príncipe heredero y futuro rey.
Este detalle es importante porque presenta la supuesta operación no solamente como una cuestión de financiación, sino como parte de una estrategia más amplia para influir en la distribución del poder regional.
No obstante, hay que evitar una conclusión precipitada: una conversación sobre una propuesta financiera, una transferencia de dinero y un acuerdo de corrupción son tres hechos diferentes que requieren pruebas distintas.
Para demostrar un intercambio ilícito sería necesario establecer, entre otros aspectos, quién ofreció el dinero, quién lo controlaba, qué recibió a cambio y si existió un acuerdo explícito o implícito para influir indebidamente en decisiones oficiales.
¿Dónde está el dinero y quién habría recibido las transferencias?
Otra de las afirmaciones más graves del extracto es que la cuenta Alpha habría servido para enviar dinero a distintas personas.
Según el artículo, las transferencias habrían incluido aproximadamente 60 millones de dólares destinados a Erik Prince, fundador de la empresa militar privada Blackwater, y otros 85 millones que supuestamente habrían llegado a Khalifa Haftar, el comandante militar libio que ha desempeñado un papel central en el conflicto de Libia.
La investigación también menciona a otras personas, entre ellas individuos a los que describe como mercenarios o antiguos integrantes de redes de operaciones clandestinas.
Estos nombres amplían considerablemente el alcance de las acusaciones: ya no se trataría únicamente de posibles vínculos financieros entre dirigentes políticos y un asesor presidencial, sino también de presuntos movimientos de dinero relacionados con actores militares y conflictos internacionales.
La defensa de Kushner niega expresamente que él enviara dinero a Erik Prince o que tuviera relación con las operaciones descritas.
En una carta publicada por el propio Kushner, su equipo jurídico también respondió a preguntas específicas sobre las transferencias atribuidas a la cuenta, rechazando que su cliente conociera la supuesta cuenta o hubiera intervenido en esas operaciones.
El conflicto de intereses: ¿podía Kushner tener acceso a fondos extranjeros mientras trabajaba en la Casa Blanca?
Kushner desempeñó funciones oficiales durante la primera administración Trump y participó en asuntos diplomáticos que afectaban directamente a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Israel.
Si un funcionario estadounidense tuviera acceso no declarado a fondos controlados por gobiernos extranjeros con los que negocia en nombre de EEUU, podrían surgir cuestiones graves relacionadas con conflictos de intereses, obligaciones de declaración patrimonial, normas fiscales y posibles restricciones sobre la influencia extranjera.
Dependiendo de los hechos, también podrían examinarse las leyes federales contra el soborno y las normas que regulan la actuación de agentes de intereses extranjeros.
Para determinar si existió una infracción habría que establecer, como mínimo, si las cuentas realmente existían en los términos descritos, cuál era la relación jurídica de Kushner con ellas, si tenía capacidad efectiva para disponer de los fondos, si había realizado las declaraciones exigidas y si existía alguna contraprestación relacionada con sus funciones públicas.
La gravedad de la hipótesis reside en la posible superposición entre intereses privados, recursos de gobiernos extranjeros y responsabilidades oficiales.
La respuesta de Kushner: «Nunca ocurrió»
Kushner reaccionó públicamente el 22 de octubre, después de la publicación del extracto de Vanity Fair, y rechazó categóricamente las acusaciones.
En su respuesta, calificó las afirmaciones de Matthew Cole como completamente falsas y sostuvo que el autor no había presentado pruebas verificables que respaldaran sus conclusiones.
Kushner cuestionó específicamente la ausencia de extractos bancarios, registros de transferencias, números de cuenta y fechas concretas de las supuestas operaciones.
También argumentó que durante su etapa en la Casa Blanca estuvo sometido a un intenso escrutinio público, investigaciones del Congreso y otras investigaciones oficiales, sin que las acusaciones descritas en el libro hubieran surgido entonces.
Su equipo jurídico fue todavía más contundente.
El abogado Chad Mizelle afirmó que las acusaciones eran falsas y difamatorias, negó la existencia de las cuentas descritas y anunció que contemplaba acciones legales.
La defensa también reclamó que los responsables de la publicación retiraran el artículo y conservaran los registros relacionados con la investigación, las comprobaciones de los hechos y el proceso editorial.
La controversia no se limitó a Kushner. La Casa Blanca también rechazó la información.
Steven Cheung, director de Comunicaciones de la Casa Blanca, calificó el artículo como una obra de ficción y criticó que se apoyara, según su versión, en fuentes anónimas sin documentación que permitiera verificar las afirmaciones.
Donald Trump, por su parte, describió la información como falsa cuando fue consultado por los periodistas.
Las dudas sobre la investigación: la retirada de una publicación y los interrogantes bancarios
Después de la publicación de Vanity Fair, algunos periodistas y medios comenzaron a cuestionar aspectos concretos del relato.
Una de las dudas más importantes afecta a la supuesta cuenta vinculada al Banco de Israel.
El periodista Barak Ravid, de Axios, señaló que determinados elementos de la historia no encajaban con lo que conocía sobre los procedimientos institucionales y las relaciones entre los protagonistas.
Entre las cuestiones planteadas figura la viabilidad de la estructura bancaria descrita por Cole, especialmente la idea de que una cuenta vinculada al banco central israelí pudiera funcionar como una cuenta destinada al beneficio personal de Kushner en los términos expuestos.
Además, The Jerusalem Post retiró su publicación sobre el caso después de afirmar que había encontrado importantes dudas fácticas acerca de las transacciones alegadas.
Este episodio es significativo porque demuestra que el debate no se limita a las negativas de las personas señaladas. También existen interrogantes sobre la consistencia de determinados detalles de la investigación.
No obstante, sería incorrecto interpretar la retirada de una publicación como una demostración definitiva de que todos los hechos relatados son falsos.
Lo que sí puede afirmarse es que la investigación necesita una corroboración documental independiente, especialmente en lo relativo a la existencia, titularidad y funcionamiento de las cuentas bancarias.
La publicación de registros financieros verificables, una explicación técnica de las operaciones y una respuesta institucional de las entidades supuestamente involucradas ayudarían a aclarar el caso.
Hasta que esa información esté disponible, conviene mantener separados los elementos atribuidos a las fuentes de Cole de los hechos que han sido confirmados de forma independiente.
El libro Princes and Thieves: una investigación sobre las redes de poder en Oriente Medio
El reportaje forma parte de Princes and Thieves: Jared Kushner and Mohamed bin Zayed’s Secret Plot to Remake the Middle East, una obra del periodista Matthew Cole publicada por Simon & Schuster en octubre de 2026.
Cole es un periodista de investigación que ha trabajado durante años en asuntos de seguridad nacional, inteligencia y operaciones militares estadounidenses.
El libro examina las relaciones entre Kushner, Mohamed bin Zayed y Mohamed bin Salmán, y sostiene que esos vínculos habrían contribuido a impulsar una agenda política regional con implicaciones para EEUU, Israel y los países del Golfo.
La obra también aborda las conexiones entre dirigentes políticos, empresarios, intermediarios financieros y actores vinculados a operaciones militares.
El extracto de Vanity Fair presenta las presuntas cuentas bancarias como una pieza central de esa red de relaciones.
La cuestión metodológica es importante: un libro de investigación puede aportar información nueva mediante fuentes confidenciales, testimonios y reconstrucciones de hechos que no son de acceso público. Sin embargo, cuando las afirmaciones involucran miles de millones de dólares y posibles delitos, la solidez de las conclusiones depende de la calidad y la corroboración de las pruebas.
La credibilidad profesional del autor no sustituye la necesidad de demostrar las operaciones concretas que describe. Del mismo modo, las negativas de las personas señaladas tampoco sustituyen una investigación independiente que permita verificar o refutar las acusaciones.
El caso se encuentra precisamente en ese terreno de disputa: una investigación periodística que formula acusaciones extraordinariamente graves y una defensa que exige documentación verificable para respaldarlas.
¿Qué falta saber para determinar la verdadera dimensión del escándalo?
Hay cinco cuestiones que resultan fundamentales para evaluar la investigación.
Primera: la documentación bancaria. Sería necesario disponer de registros que permitan identificar las cuentas, los titulares, los firmantes autorizados, las fechas de las operaciones y el destino final de los fondos.
Segunda: la procedencia del dinero. La investigación sostiene que parte de los fondos habría pasado por Azerbaiyán. Para comprobarlo sería necesario reconstruir las operaciones y establecer qué entidades ordenaron las transferencias y quiénes eran sus beneficiarios efectivos.
Tercera: la relación de Kushner con las cuentas. Debe determinarse si tenía autorización para operar, si era beneficiario económico, si podía disponer libremente del dinero o si su relación con las cuentas era distinta de la descrita por el periodista.
Cuarta: la existencia de una contraprestación política. Incluso si se demostraran las transferencias, habría que establecer si estaban vinculadas a decisiones oficiales concretas o si existía un acuerdo para obtener beneficios políticos mediante pagos indebidos.
Quinta: el papel de las instituciones. La supuesta participación de entidades emiratíes, bancos intermediarios y una cuenta vinculada al Banco de Israel requiere explicaciones verificables de los mecanismos financieros utilizados.
Estas preguntas son decisivas porque permiten distinguir entre una posible infracción de las obligaciones de transparencia, una operación financiera legítima, un conflicto de intereses y un eventual caso de corrupción.
No son escenarios equivalentes y no deben tratarse como si lo fueran.
Fuentes principales para seguir el caso
- Investigación original: *Vanity Fair*: «The Art of the Deal: Jared Kushner’s Hacked Phone Revealed His Secret Negotiations».
- Respuesta de Kushner y su equipo jurídico: Comunicado y documentación publicados por Jared Kushner.
- Cobertura de las acusaciones y las negativas: CBS News: «Jared Kushner pushes back on report involving a hacked phone, spies and billion-dollar transfer».
- Contexto sobre las dudas de la investigación: Status: «Vanity Fair’s Kushner Conundrum».
- Información sobre el libro: Simon & Schuster: *Princes and Thieves*, de Matthew Cole.




