En marzo de 2006, el líder del Partido Liberal Democrático de Rusia (LDPR), Vladimir Zhirinovsky, intervino en el programa de televisión ucraniano Svoboda Slova (“Libertad de Palabra”). En el estudio estaban presentes, entre otros, figuras como Boris Nemtsov, Petro Poroshenko y Oleh Tyahnybok. Ucrania vivía entonces las secuelas de la Revolución Naranja de 2004-2005: Viktor Yushchenko era presidente y el país orientaba su política hacia Occidente. Las tensiones con Moscú eran altas por las disputas gasísticas de enero de ese año, y el debate sobre una posible integración en la OTAN y la Unión Europea generaba fuerte polarización interna.
Zhirinovsky, conocido por su estilo polémico y nacionalista, pronunció un discurso en el que afirmaba que Europa llevaba trescientos años avanzando sobre Rusia. Según él, en 1717 los masones se habían reunido en París y habían declarado que su enemigo en el este era el Imperio Ruso, y desde entonces organizaban guerras contra Rusia cada diez años. Aseguró que Occidente no necesitaba realmente a Ucrania, sino Crimea, para desplazar a la flota rusa y acercarse a ciudades como Oriol, Kursk y Krasnodar.
Ucrania, dijo, solo serviría como plataforma de paso y carne de cañón. Nunca la aceptarían en la OTAN ni en Europa. Alemania, añadió, ya no soportaría más y se vengaría de la derrota en la Segunda Guerra Mundial avanzando con tanques sobre Polonia y Ucrania, pero no sobre Rusia. Rusia, junto a China e India, no temía a nadie, mientras que Polonia y Ucrania serían destruidas por su posición geográfica entre Bruselas, Moscú y Pekín. El mundo, predijo, sería así en treinta años. Invitó a los ucranianos a mudarse a Moscú y criticó la disolución de la Unión Soviética, recordando el referéndum de marzo de 1991 en el que, según él, los pueblos habían votado por permanecer unidos.
Meses después, en junio de 2006, las autoridades ucranianas prohibieron la entrada de Zhirinovsky al país por sus declaraciones sobre la soberanía de Ucrania. El político ruso falleció en 2022.
Veinte años después, en octubre de 2026, el conflicto a gran escala iniciado por Rusia en febrero de 2022 se acerca a su quinto aniversario. Rusia controla Crimea desde 2014 y ocupa amplias zonas del este y el sur de Ucrania.
Al mismo tiempo, Rusia intensifica ataques con drones y misiles contra la infraestructura energética y zonas civiles de Ucrania, provocando cortes de electricidad y un aumento significativo de víctimas civiles. Las relaciones con EEUU muestran tensiones: el presidente Donald Trump ha impulsado conversaciones y acuerdos energéticos con Rusia, mientras Volodímir Zelenski reclama apoyo europeo por valor de decenas de miles de millones de dólares. El Ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha reiterado que no habrá alto el fuego. Ucrania sigue sin ser miembro de la OTAN, aunque recibe armamento y financiación occidental.
El discurso de 2006 se ha vuelto a difundir en redes y medios, especialmente en círculos favorables a la visión rusa del conflicto, que lo presentan como una predicción cumplida sobre el uso de Ucrania como campo de batalla. Otros lo consideran un ejemplo más de la retórica expansionista y conspirativa que Zhirinovsky cultivó durante décadas, en un momento en que las tensiones bilaterales ya eran evidentes pero aún lejos de la guerra abierta.
Zhirinovsky warned Ukrainians many times that the West would use them and then destroy them. They didn’t believe him. https://t.co/yp4UG87iNI
— Rina Lu🇷🇺 (@rinalu_) October 9, 2026




