Se trata del mayor déficit mensual desde marzo de 2025, es decir, de un máximo de 17 meses. Los datos fueron publicados el 6 de octubre por el Departamento de Comercio, a través de la Oficina del Censo y el BEA.
El movimiento estuvo provocado fundamentalmente por un fuerte salto de las importaciones. En agosto, EEUU compró al exterior 420.800 millones de dólares, un incremento mensual del 4,3%, mientras que las exportaciones llegaron a 315.200 millones, creciendo solamente un 1,4%. En otras palabras, las importaciones aumentaron en 17.200 millones de dólares, mientras que las exportaciones solamente lo hicieron en 4.500 millones. Esa diferencia explica prácticamente todo el deterioro del saldo comercial.
La parte más importante es que el incremento no provino de un único producto. El déficit estadounidense de bienes aumentó en 12.800 millones, hasta alcanzar los 136.600 millones de dólares, mientras que EEUU mantuvo un superávit de aproximadamente 31.000 millones en servicios. Por tanto, el problema está concentrado claramente en el comercio de mercancías, donde la economía estadounidense continúa dependiendo de enormes volúmenes de productos extranjeros.
Uno de los factores más llamativos fue el petróleo. Las importaciones de crudo aumentaron unos 3.300 millones de dólares en agosto, dentro de un incremento de 9.100 millones en las importaciones de suministros y materiales industriales. También aumentaron considerablemente las compras de oro no monetario, que crecieron alrededor de 3.100 millones. Es importante hacer una precisión: el aumento del déficit no significa necesariamente que EEUU esté perdiendo capacidad energética. EEUU continúa siendo un enorme productor de petróleo, pero sigue importando crudo debido a las características de sus refinerías, la localización de la producción y las diferencias entre los tipos de petróleo que produce y los que necesita procesar.
De hecho, existe una particularidad interesante en el sector petrolero: EEUU también aumentó sus exportaciones de petróleo. Las exportaciones de crudo crecieron unos 2.000 millones de dólares y las de fuel oil otros 1.200 millones. Las exportaciones totales de productos petroleros llegaron a unos 29.800 millones de dólares, por lo que el país sigue teniendo una posición comercial positiva en petróleo. El problema es que simultáneamente importa grandes cantidades de determinados tipos de crudo y productos energéticos.
Pero probablemente el elemento más interesante de los datos de agosto no sea el petróleo, sino la enorme cantidad de bienes de capital y tecnología que EEUU está importando. Las importaciones de bienes de capital alcanzaron un récord de 146.400 millones de dólares en agosto. Dentro de esa categoría destacaron especialmente los semiconductores, cuya importación aumentó 2.400 millones de dólares en un solo mes, además de maquinaria industrial, equipos de telecomunicaciones, aeronaves y motores.
Aquí aparece directamente el fenómeno de la inteligencia artificial. EEUU está realizando una inversión gigantesca en centros de datos, infraestructura informática, redes eléctricas y equipamiento relacionado con la IA. Para construir esa infraestructura, las empresas estadounidenses están comprando enormes cantidades de semiconductores, servidores, componentes informáticos y maquinaria en el extranjero. Por eso, una parte del déficit comercial refleja paradójicamente una economía que está invirtiendo fuertemente en nuevas capacidades tecnológicas.
Los datos acumulados son todavía más reveladores. Entre enero y agosto, las importaciones estadounidenses de bienes de capital aumentaron alrededor de 285.000 millones de dólares, un 39% interanual. Las importaciones de ordenadores crecieron cerca de un 95% y las de semiconductores aproximadamente un 84%. Esto muestra que el déficit no puede explicarse simplemente por consumidores estadounidenses comprando más productos extranjeros: hay también una enorme demanda empresarial de maquinaria y tecnología.
También cambiaron los principales socios comerciales. En agosto, las importaciones procedentes de México alcanzaron un récord de 60.600 millones de dólares, mientras que las procedentes de Vietnam llegaron a 26.500 millones, también máximo histórico. Esto resulta particularmente significativo porque uno de los objetivos de la política arancelaria estadounidense era precisamente reducir la dependencia de determinados proveedores extranjeros y favorecer la producción doméstica. Sin embargo, las cadenas de suministro se están reconfigurando y una parte de las compras parece desplazarse hacia otros países.
Esto plantea uno de los grandes problemas de la estrategia arancelaria de Trump. Los aranceles pueden encarecer los productos extranjeros, pero no necesariamente reducen inmediatamente el volumen de importaciones. Si una empresa estadounidense necesita semiconductores, maquinaria, petróleo o determinados componentes que no puede producir competitivamente dentro del país, puede continuar importándolos aunque tengan un arancel. El coste simplemente termina incorporándose al precio, al margen empresarial o a la cadena de producción.
Además, las empresas estadounidenses parecen haber seguido adaptándose a los cambios arancelarios mediante la modificación de proveedores y de inventarios. Esto ayuda a explicar por qué el déficit puede aumentar incluso bajo una política comercial mucho más proteccionista. Las compañías no necesariamente dejan de importar; pueden intentar importar desde países sometidos a menores aranceles, adelantar compras, cambiar proveedores o absorber parte de los costes.
Hay, sin embargo, un dato que evita presentar las cifras como un deterioro generalizado de la posición comercial estadounidense. En lo que va de 2026, el déficit acumulado de bienes y servicios sigue siendo considerablemente menor que el de 2025. Hasta agosto, el déficit acumulado se había reducido en 138.200 millones de dólares, un 19,9%, mientras que las exportaciones acumuladas aumentaron un 11,8% y las importaciones un 4,4%.
Por eso, lo ocurrido en agosto debe interpretarse como un fuerte rebote mensual, y no necesariamente como el regreso al enorme déficit registrado durante los primeros meses de la política arancelaria de Trump. El problema es que el salto de agosto demuestra que los aranceles todavía no han conseguido eliminar la profunda diferencia estructural entre lo que EEUU compra y vende al resto del mundo.
También existe una consecuencia macroeconómica inmediata. El comercio exterior puede restar crecimiento al PIB cuando las importaciones crecen mucho más rápido que las exportaciones. Algunos economistas redujeron sus estimaciones para el crecimiento estadounidense del tercer trimestre después de conocerse estas cifras; Goldman Sachs, por ejemplo, recortó su estimación de seguimiento del PIB del tercer trimestre en 0,3 puntos porcentuales, hasta aproximadamente el 3,1%.




