En una exhibición penosa durante La Mañanera de hoy, la presidente Claudia Sheinbaum intentó matizar el golpe electoral sufrido por Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, apelando a la vieja fórmula de la victimización ideológica.
Cuestionada durante su conferencia matutina sobre la ventaja que el opositor de derecha Flávio Bolsonaro obtuvo sobre el mandatario brasileño, Sheinbaum pidió “esperar a la segunda vuelta”, al tiempo que agitó el fantasma de la «injerencia internacional» como escudo ante un eventual aislamiento diplomático del oficialismo mexicano.
El revés de la izquierda en el gigante sudamericano haber encendido las alarmas en el Palacio Nacional de México. Sin embargo, en lugar de realizar una autocrítica sobre las razones que están llevando a los electores de la región a dar la espalda a los proyectos progresistas, la mandataria mexicana optó por desviar la atención.
Sheinbaum sostuvo que existe una conspiración promovida por «grupos muy de Derecha» que pretenden intervenir en los comicios presidenciales de México. Con este discurso, la jefa del Ejecutivo federal traslada la narrativa de conspiración internacional hacia el escenario local, sugiriendo que la pérdida de aliados en la región no respondería al descontento ciudadano o a deficiencias de gestión, sino a oscuros intereses extranjeros.
“La derecha internacional sí quiere intervenir y lo hemos denunciado permanentemente”, afirmó Sheinbaum, buscando sembrar la idea de que cualquier contrapeso interno o crítica a su gobierno forma parte de una conspiración globalizada.
Al ser cuestionada sobre si vislumbra un escenario de aislamiento político para su administración en caso de que la Derecha consolide su avance en Sudamérica, Sheinbaum desestimó los riesgos asegurando que, mientras cuente con el respaldo popular, «no habrá ningún problema». Esta postura de soberbia ideológica ignora la trascendencia geopolítica de las alianzas estratégicas y minimiza el impacto que la pérdida de socios clave en la región.
La respuesta de Sheinbaum también dejó al descubierto las contradicciones de la política exterior impulsada desde la autodenominada Cuarta Transformación. Mientras por un lado denuncia amenazas exteriores y se erige en defensora del progresismo, por el otro rechaza cualquier responsabilidad de articulación o liderazgo continental.
El discurso de Claudia Sheinbaum evidencia una estrategia clara: ante la pérdida de terreno del progresismo en el hemisferio, la respuesta del gobierno mexicano no es la diplomacia ni el pragmatismo, sino la denuncia preventiva de complots. La insistencia en culpar a la «derecha internacional» revela una clara dificultad para aceptar que los votantes latinoamericanos están buscando alternativas alejadas del modelo oficialista.




