EEUU había venido presionando a Chile por su relación económica con China. El punto más reciente fue un informe estadounidense sobre el riesgo de que mercancías chinas sean desviadas o reexportadas hacia EEUU utilizando a terceros países, entre ellos Chile. Chile fue incluido entre 40 países considerados susceptibles de ser utilizados por China para operaciones de transbordo, debido a factores como sus puertos, zonas francas, costos laborales y acceso preferencial al mercado estadounidense.
La reacción del gobierno chileno fue bastante firme: la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales sostuvo que Chile no había sido consultado, que no compartía el análisis estadounidense y que Chile controla su comercio exterior mediante sus propios acuerdos y mecanismos aduaneros.
China es un socio comercial fundamental para Chile, especialmente por el cobre y las materias primas, mientras que EEUU intenta reducir la penetración económica y estratégica china en América Latina.
De hecho, esto produce una situación bastante paradójica para Kast. Su gobierno es ideológicamente mucho más cercano a Washington que el de Boric, pero eso no significa que Chile esté dispuesto a abandonar sus vínculos económicos con Beijing.
El propio canciller de Kast, Francisco Pérez Mackenna, hizo recientemente una declaración muy significativa cuando el 12 de agosto destacó públicamente a China como “un socio fundamental” y afirmó que Chile pretende profundizar esa relación con una perspectiva estratégica de largo plazo.
Y esto contrasta con uno de los primeros movimientos del gobierno Kast en marzo, cuando Chile firmó con EEUU una declaración para cooperar en minerales críticos y tierras raras, precisamente sectores estratégicos para reducir la dependencia occidental de China. El acuerdo contempla identificar proyectos de interés común y fortalecer cadenas de suministro alternativas.
Pese a ello, en julio, EEUU aplicó a Chile una sobretasa arancelaria del 12,5%, siendo que los países tienen un TLC bilateral desde 2003. El gobierno chileno rechazó la medida argumentando que no se correspondía con los antecedentes jurídicos y técnicos presentados durante la investigación. Pero aún así, el propio TLC entre EEUU y Chile contiene mecanismos destinados a combatir el transbordo ilegal y reglas de origen precisamente para impedir que mercancías de terceros países reciban beneficios que no les corresponden.
Barros marcó con su frase una posición bastante más dura frente a Washington que la Cancillería, ya que sus declaraciones generaron molestia dentro de La Moneda, precisamente porque podían complicar las negociaciones comerciales con EEUU.
Chile está en una posición geopolítica compleja producto de años de relaciones comerciales con EEUU y China, no puede simplemente romper con China, porque éste es una pieza central de su economía. Al mismo tiempo, tampoco puede romper con EEUU, que sigue siendo un mercado y socio estratégico fundamental.
El informe de EEUU en cuestión que detonó la controversia se titula “The Great Transshipment Scam” (“La gran estafa del transbordo”) y fue publicado el 13 de agosto por la Oficina de Política Comercial y Manufacturera de la Casa Blanca. Identifica más de 40 países como jurisdicciones con riesgo elevado de ser utilizadas para el llamado transshipment: introducir mercancías chinas en EEUU a través de un tercer país para evitar aranceles o aparentar un origen diferente.
Lo que plantea el informe es que una mercancía producida en China puede llegar a Chile, sufrir allí algún proceso limitado —ensamblaje, terminación, empaquetado, reetiquetado— o simplemente ser objeto de modificaciones documentales, y posteriormente ser exportada a EEUU presentándose como producto chileno o de otro origen.
El informe dice explícitamente que después de los aranceles estadounidenses a China de 2018 aumentó el flujo de productos chinos a través de terceros países. También reconoce algo importante: el aumento de las exportaciones desde esos terceros países no demuestra por sí mismo que todo sea transbordo ilegal. Parte puede corresponder a producción e inversión legítimas.
El problema que Washington quiere investigar es cuánto del desplazamiento de las importaciones chinas hacia esos países corresponde realmente a la evasión arancelaria.
El informe calcula que la posible magnitud mundial del fenómeno podría estar entre US$40.000 millones y US$303.000 millones anuales, dependiendo de la metodología utilizada. La estimación central de la Casa Blanca es de unos US$60.000-75.000 millones de transbordo ilegal potencial.
Chile aparece dentro del Tier 3, denominado “Small, Opportunistic Chinese Targets”. Es decir, países donde el volumen absoluto potencial es menor, pero que tienen determinadas características que podrían hacerlos atractivos para una operación de este tipo.
Entre esas características Washington menciona:
- acceso a puertos;
- zonas francas;
- depósitos aduaneros;
- capacidad de ensamblaje;
- acceso preferencial al mercado estadounidense;
- y capacidades limitadas de control aduanero.
Chile aparece en la misma categoría que Argentina, Colombia, Perú, Panamá, Costa Rica, República Dominicana, Singapur, Emiratos Árabes Unidos y otros países.
Chile posee una característica excepcional: es una enorme plataforma portuaria sobre el Pacífico, conectada directamente con Asia. Y China es el principal socio comercial chileno.
En 2025, China representó aproximadamente el 32,7% del comercio exterior chileno, frente al 17% de EEUU. En el primer semestre de 2026, China recibió el 33,9% de las exportaciones chilenas, mientras EEUU recibió el 16,7%. Eso significa que Chile funciona naturalmente como una de las grandes puertas latinoamericanas hacia el Pacífico asiático
Pero hay una segunda cuestión: los puertos no solamente transportan mercancías; generan información, capacidad logística e influencia estratégica, algo que está muy presente en la doctrina de seguridad estadounidense sobre China.
En marzo, la U.S.-China Economic and Security Review Commission realizó una audiencia específicamente sobre la expansión china en América Latina. Allí se afirmó que las empresas chinas ya poseen u operan al menos una decena de puertos en la región y que el acceso a información logística podría proporcionar a Beijing una plataforma para ampliar su presencia militar en el hemisferio occidental y eventualmente afectar tanto al comercio regional como a la logística militar estadounidense durante una crisis.
La preocupación estadounidense es el llamado “dual use”: infraestructura civil que, bajo determinadas circunstancias, podría tener utilidad militar.
La propia comisión estadounidense sobre China utiliza un lenguaje muy explícito sobre esto. Sostuvo que la estrategia china en América Latina estaría evolucionando desde una relación basada principalmente en comercio y recursos hacia una búsqueda de influencia estructural mediante infraestructura, logística y otras redes críticas.
Un estudio académico chileno publicado en 2026 analiza precisamente este fenómeno y señala que trabajos de organismos estadounidenses han considerado que determinadas instalaciones portuarias latinoamericanas poseen potencial de uso naval. Entre ellas aparece el proyecto de expansión del puerto de San Antonio, Chile.
El Puerto Exterior de San Antonio es un megaproyecto de aproximadamente US$4.450 millones, destinado a ampliar enormemente la capacidad portuaria chilena. En junio comenzó a recibir financiamiento para las obras iniciales.
El proyecto tiene una gran dimensión geopolítica porque empresas chinas han mostrado interés en participar en su construcción y operación. De hecho, la licitación ha sido observada con atención por Washington. La preocupación estadounidense no consiste simplemente en que “China construya un puerto”, sino en quién termina teniendo acceso, presencia y capacidad de influencia sobre una infraestructura crítica del comercio chileno.
La Embajada estadounidense había expresado preocupación ante una eventual participación de empresas chinas en el proyecto, ya que es una pieza futura de la infraestructura comercial del Pacífico sudamericano.
Un caso similar ocurre con otro puerto pero en Perú, Chancay, un puerto directamente conectado con China y operado por una empresa china —COSCO—, mientras San Antonio está desarrollando una ampliación gigantesca cuya estructura de participación todavía es políticamente sensible.
Comparar Chancay–San Antonio–Valparaíso–Callao permite ver algo mayor: la posible formación de una cadena portuaria del Pacífico sudamericano vinculada crecientemente a China, justo en el momento en que Washington intenta reconstruir cadenas de suministro occidentales y contener la expansión de la influencia china.
Así, los principales puertos en la mira de EEUU en la región son:
- Chancay (Perú): es el caso más importante para la discusión sobre China. El puerto fue desarrollado con una participación mayoritaria de la empresa china COSCO Shipping. Está concebido como un gran hub para conectar Sudamérica directamente con Asia, especialmente China. Su importancia para Beijing es enorme porque reduce tiempos de transporte hacia el mercado asiático y puede funcionar como punto de redistribución regional.
- Callao (Perú): es el principal puerto tradicional peruano y está situado cerca de Lima. Tiene conexiones con China y Asia desde hace décadas. La diferencia con Chancay es que Callao es una infraestructura portuaria mucho más antigua y diversificada, mientras Chancay fue concebido desde el principio como un gran nodo logístico transpacífico.
- Valparaíso (Chile): es uno de los principales puertos históricos chilenos y maneja una parte importante del comercio exterior del país, aunque su capacidad física y posibilidades de expansión están más limitadas por su ubicación urbana.
- San Antonio (Chile): es probablemente el puerto chileno más importante para esta discusión. Es el principal puerto de carga de Chile y está proyectando el Puerto Exterior, una expansión gigantesca destinada a aumentar radicalmente su capacidad de contenedores.
Una relación comercial profunda
Chile no es simplemente un país que comercia con China, sino que es uno de los principales productores de cobre del planeta y China es el principal centro mundial de consumo y procesamiento del cobre.
Cochilco (Comisión Chilena de Cobre) estima que Chile producirá alrededor de 5,6 millones de toneladas de cobre en 2026, aproximadamente el 24% de la producción mundial. Y China representa alrededor del 58% del consumo mundial de cobre, siendo el principal comprador del cobre chileno. El Ministerio de Minería chileno lo reconoce expresamente.
En el primer semestre de 2026, el cobre representó US$30.236 millones, aproximadamente el 50,1% de todas las exportaciones chilenas.
El cobre es fundamental para, redes eléctricas, vehículos eléctricos, electrónica, infraestructura digital, energías renovables, sistemas militares, centros de datos, industria de defensa. Y, por tanto, el cobre es un mineral estratégico tanto para China como para EEUU.
Washington está intentando evitar una situación en la que China controle simultáneamente la demanda, el procesamiento, la logística y las cadenas de suministro.
El mismo documento de EEUU afirma que, cuando las economías pequeñas se vuelven dependientes de capital, insumos y redes logísticas vinculadas con China, Beijing puede obtener mayor influencia comercial y geopolítica mientras conserva acceso indirecto al mercado estadounidense. También señala que puertos, corredores ferroviarios, zonas francas, parques industriales y depósitos aduaneros pueden servir simultáneamente al comercio legítimo y a operaciones de rerouting.
China ya posee una enorme capacidad industrial y de refinación de minerales. EEUU, en cambio, quiere construir cadenas alternativas de minerales críticos. Por eso el gobierno estadounidense ha mostrado interés creciente en Chile no solamente como proveedor de cobre, sino como parte de una cadena de suministro occidental de minerales estratégicos.




