El contexto inicial ya era explosivo. En 1443, una coalición cristiana dirigida principalmente por Hungría y Polonia, con participación de fuerzas serbias, valacas y otros contingentes balcánicos, lanzó la llamada Larga Campaña contra los otomanos. El comandante militar principal era Juan Hunyadi.
Los cristianos consiguieron algunos éxitos importantes y avanzaron profundamente por los Balcanes. Esto hizo pensar que el poder otomano podía ser rechazado.
El sultán Murad II, que inicialmente había abdicado en favor de su hijo adolescente Mehmed II, tuvo que regresar al poder. Se negoció incluso una paz con los húngaros en Szeged en 1444.
Pero ocurrió algo decisivo: los cristianos rompieron posteriormente esa paz y volvieron a marchar contra los otomanos. La batalla de Varna ocurrió el 10 de noviembre de 1444, al noroeste de la ciudad, en la zona de la actual población de Vladislav Varnenchik, que lleva precisamente el nombre búlgaro del rey Vladislao III.
El ejército cristiano llegó hasta Varna, una ciudad portuaria importante en la costa del Mar Negro, y actualmente es la tercera ciudad más grande de Bulgaria, después de Sofía (a 300 km al este) y Plovdiv, además de a 470 km al norte de Constantinopla/Estambul. Allí se enfrentó al ejército de Murad II.
El ejército otomano era considerablemente superior en número, aunque las fuerzas cristianas tenían tropas muy experimentadas, especialmente la caballería pesada húngara de Hunyadi.
La batalla estuvo bastante disputada.
El 10 de noviembre de 1444, por la mañana: comienza el enfrentamiento entre el ejército cruzado y el otomano. Durante el día se producen los principales combates, con avances importantes de la caballería de Juan Hunyadi. Por la tarde el rey Vladislao III lanza su ataque contra el centro otomano y muere. Poco después, el ejército cristiano se desorganiza y comienza la retirada. Al caer la noche la batalla está esencialmente terminada. Probablemente fueron unas 8–12 horas, aunque las fuentes medievales no permiten establecer horarios exactos con tanta precisión.
Hunyadi había conseguido algunos éxitos y la situación llegó a parecer favorable para los cristianos. Pero el rey Vladislao III de Polonia y Hungría tomó una decisión desastrosa: lanzó personalmente una carga contra el centro otomano intentando alcanzar a Murad II.
La guardia del sultán consiguió detener la carga y Vladislao III murió en combate.
La muerte del rey provocó el colapso del ejército cristiano. Varna destruyó el último gran intento europeo de expulsar a los otomanos de los Balcanes antes de la caída de Constantinopla.
La derrota no significó que los otomanos fueran inmediatamente imparables, pero eliminó una de las mejores oportunidades que tuvieron los europeos para contenerlos durante esa generación.
Y hay una ironía histórica enorme: Mehmed II tenía solamente unos 12 años durante Varna, y su padre Murad II había tenido que regresar al trono precisamente porque la situación militar se había vuelto peligrosa.
Pocos años después, aquel adolescente se convertiría en el conquistador de Constantinopla.
La caída de Constantinopla, Epiro, Atenas y Morea
Para 1453, Mehmed II comienza a preparar cuidadosamente el asedio de Constantinopla. Ordena construir la fortaleza medieval Rumeli Hisarı en el Bósforo, frente a la fortaleza de Anadolu Hisarı, para controlar el paso de barcos y cortar el abastecimiento de Constantinopla desde el Mar Negro. Paralelamente concentra tropas, suministros y artillería.
En marzo y abril de 1453, el ejército otomano, probablemente de decenas de miles de hombres, marcha hacia Constantinopla. Su gran ventaja era la combinación de infantería, caballería, ingenieros y una artillería que superaba ampliamente la disponible para los defensores. El 6 de abril, las fuerzas de Mehmed II establecen sus posiciones alrededor de la ciudad. El objetivo principal son las murallas teodosianas, especialmente el sector terrestre entre el Cuerno de Oro y el mar de Mármara.
Los grandes cañones otomanos comenzaron a bombardear las fortificaciones. Las murallas de Constantinopla, diseñadas siglos antes para resistir máquinas de asedio, se enfrentan por primera vez a una concentración importante de artillería de pólvora.
El 20 de abril, una pequeña escuadra cristiana consigue atravesar el bloqueo otomano y entrar en el Cuerno de Oro. Es un golpe importante para Mehmed II, porque demuestra que su bloqueo naval no es suficiente.
El 22 de abril, Mehmed ordenó transportar los barcos por tierra desde el Bósforo hasta el Cuerno de Oro mediante una vía preparada con troncos y grasa. Es una de las maniobras más famosas del asedio y permite a los otomanos presionar las defensas marítimas de la ciudad.
En mayo, el bombardeo continúaba. Los defensores reparaban constantemente las brechas durante la noche. Pero Constantinopla dispone de muy pocos hombres para defender sus enormes murallas.
El 18 de mayo, los otomanos intentaron utilizar una enorme torre de asedio contra las defensas, pero los defensores consiguen destruirla. El episodio demuestra que la artillería no era por sí sola suficiente para conquistar la ciudad.
Días después, entre el 25 y 28 de mayo, Mehmed II concentra sus fuerzas y prepara el asalto definitivo. El ejército otomano recibe la orden de atacar en sucesivas oleadas, buscando agotar a los defensores.
Antes del amanecer del 29 de mayo, comienza el ataque general. Las primeras oleadas presionan las defensas; posteriormente entran tropas mejor organizadas. Finalmente, los otomanos consiguen penetrar por el sector de Kerkoporta y, sobre todo, explotar las brechas abiertas en las murallas. Constantino XI muere durante la defensa.

Epiro, Atenas y Morea.
Epiro ya estaba prácticamente perdido para los bizantinos cuando cayó Constantinopla. Después de la desintegración del Imperio bizantino tras la Cuarta Cruzada, la región había formado parte del Despotado de Epiro, pero en el siglo XV estaba políticamente fragmentada.
Los otomanos comenzaron a penetrar seriamente en Epiro durante el reinado de Murad II. Ioánina, uno de los principales centros de la región, fue conquistada en 1430. Esto fue importante porque convirtió al Epiro en una base otomana para continuar avanzando hacia Albania y Grecia occidental.
Para 1453, por tanto, Ioánina y buena parte del Epiro ya estaban bajo dominio otomano.
Sin embargo, todavía quedaban poderes cristianos independientes en la región, particularmente los dominios de los Tocco, una familia de origen italiano que controlaba Cefalonia, Zacinto y territorios en Epiro. Los otomanos terminaron eliminando esos últimos dominios continentales durante las décadas siguientes.
Atenas tiene una historia particularmente interesante porque no era bizantina cuando cayó Constantinopla.
Desde la Cuarta Cruzada, Atenas había pasado por diferentes señores occidentales. En el siglo XV estaba bajo los Acciaioli, una familia florentina que gobernaba el Ducado de Atenas.
En 1456, apenas tres años después de la caída de Constantinopla, el sultán Mehmed II envió tropas contra Atenas.
El duque Francesco II Acciaioli se rindió y los otomanos ocuparon la ciudadela de la Acrópolis. Atenas pasó así a formar parte del Imperio otomano. Pero tampoco fue una conquista completamente sencilla. Francesco II conservó inicialmente ciertos privilegios y los otomanos permitieron que parte de la población cristiana permaneciera. La Acrópolis se convirtió posteriormente en una importante fortaleza otomana.
Es interesante que, cuando los otomanos entraron en Atenas, la Acrópolis no era un monumento arqueológico, sino una fortaleza medieval que había sido utilizada sucesivamente por bizantinos, francos y florentinos.
La Morea, es decir, el Peloponeso, es probablemente el caso más importante para entender lo que ocurrió después de Constantinopla.
En 1453, el Despotado de Morea todavía existía. Después de conquistar Constantinopla en 1453, Mehmed II tuvo que consolidar su enorme conquista, reorganizar el Estado y enfrentarse a otros enemigos.
Los déspotas de Morea continuaron gobernando durante algunos años. Y estaba gobernado precisamente por miembros de la dinastía Paleólogo: los hermanos de Constantino XI, Demetrio y Tomás Paleólogo.
Esto significa que cuando Constantinopla cayó, todavía existía un Estado bizantino en el Peloponeso. Pero estaba en una posición extremadamente complicada. Los dos déspotas, Demetrio y Tomás, estaban enfrentados entre sí. Además, la población estaba dividida entre griegos, albaneses y otros grupos, y existían numerosos señores locales. Y, sobre todo, los otomanos ya habían demostrado que podían penetrar en el Peloponeso.
En 1452-1453, mientras Constantinopla estaba siendo asediada, las tropas otomanas construyeron la fortaleza de Hexamilion, en el istmo de Corinto, y posteriormente destruyeron las defensas bizantinas allí.

El Hexamilion era la gran barrera que podía separar la Morea del resto de Grecia. Una vez destruido, el Peloponeso quedaba abierto a los ejércitos otomanos.
Llegó el año 1458, cuando Mehmed II decidió resolver el problema. El ejército otomano atravesó Grecia central y entró en el Peloponeso. Las fuerzas de Demetrio y Tomás fueron incapaces de detenerlo. Los otomanos tomaron varias ciudades y fortalezas y avanzaron por la península.
La campaña de 1458 no destruyó completamente el Despotado, pero lo dejó prácticamente sometido. Finalmente, en 1460, Mehmed II regresó con una nueva campaña. Esta vez la operación fue definitiva.
Las principales fortalezas del Peloponeso fueron cayendo una tras otra. Mistra, la capital del Despotado y uno de los grandes centros intelectuales del mundo bizantino tardío, fue entregada a los otomanos. Tomás Paleólogo huyó hacia Occidente. Demetrio terminó entregándose a Mehmed II. Y con ello, en 1460, desapareció el último gran Estado bizantino de Grecia continental.
Constantinopla
Los cañones de Urbán: la clave contra Constantinopla
Entre todos los protagonistas técnicos de aquél asedio, pocos resultan tan enigmáticos como Urbán
Urbán— fue un fundidor e ingeniero de artillería de origen húngaro del siglo XV. Se hizo famoso porque estuvo vinculado al desarrollo de grandes piezas de artillería de asedio, relacionado con la fabricación de los enormes cañones utilizados por Mehmed II durante el sitio de Constantinopla de 1453.
Urbán era cristiano, y primero intentó vender sus servicios a los bizantinos. Según las fuentes tradicionales, ofreció sus cañones al emperador Constantino XI, pero Constantinopla no pudo pagar lo que pedía. Entonces Urbán acudió a Mehmed II, que sí estaba dispuesto a financiar el proyecto y, según la tradición, le ofreció aproximadamente cuatro veces lo que había pedido a los bizantinos.
El cañón gigante asociado a Urbán y al sitio de Constantinopla habría tenido dimensiones extraordinarias: las fuentes secundarias suelen hablar de unos 9 metros de longitud, con un diámetro cercano a 1 metro, capaz de lanzar una bola de piedra de varios cientos de kilogramos.

Los cañones existían desde hacía bastante tiempo y los otomanos ya utilizaban artillería antes de 1453. La importancia de Urbám fue contribuir a llevar la artillería de gran calibre a una escala excepcional para un asedio. Representa uno de los momentos en que la artillería de pólvora empezó a convertirse en una herramienta capaz de transformar radicalmente la guerra de asedio.
Mehmed utilizó numerosas piezas de diferentes tamaños. Las enormes tenían una cadencia muy baja porque necesitaban ser recargadas y enfriadas, mientras que las piezas menores podían disparar mucho más rápidamente.
Las murallas de Constantinopla eran extraordinariamente resistentes. Durante siglos, las murallas teodosianas habían demostrado ser capaces de resistir enormes ejércitos. La artillería pesada cambió el problema: en lugar de intentar simplemente escalar o derribar las murallas mediante máquinas de asedio tradicionales, los otomanos podían bombardear repetidamente determinados sectores hasta crear brechas.
Durante el sitio de 1453, los defensores reparaban los daños durante la noche, pero los bombardeos continuos iban debilitando las estructuras. Finalmente, las brechas permitieron que los ataques de infantería pudieran tener éxito.
Urbán murió durante el propio sitio de 1453, según la tradición histórica.
Después de la conquista de Constantinopla en 1453, Mehmed II utilizó ampliamente el sistema sürgün (literalmente algo parecido a “deportación”, “destierro” o “traslado forzoso”) para repoblar y reconstruir la ciudad, que había quedado con una población muy reducida después de décadas de guerras, epidemias, emigración y el propio asedio.
Era un mecanismo de reasentamiento obligatorio. El Estado podía ordenar a determinados grupos que abandonaran su lugar de residencia y se instalaran en otro sitio. Una vez establecidos, podían recibir tierras, viviendas u otras facilidades para que pudieran reconstruir la economía local.
Mehmed II hizo trasladar población desde numerosos lugares del Imperio otomano y de los territorios recién conquistados porque Constantinopla había quedado demográficamente devastada.
Antes de la conquista había sufrido la peste, guerras civiles, pérdida de territorios, reducción del comercio, emigración, y finalmente el saqueo de 1453.
La ciudad que Mehmed conquistó era extraordinariamente grande en extensión física, pero tenía muchísimas zonas prácticamente despobladas, y esto planteaba un problema estratégico. Mehmed no quería simplemente poseer Constantinopla, quería convertirla en la capital de un imperio mundial, por eso emprendió una política de reconstrucción masiva.
Además, los sürgün podían ser seleccionados según las necesidades de la ciudad y había diferentes grupos implicados en la sürgün:
Griegos ortodoxos: una parte de la población cristiana que había abandonado Constantinopla antes o durante la conquista fue incentivada u obligada a regresar.
Armenios: fueron trasladados desde Anatolia hacia Constantinopla. Posteriormente se convertirían en una comunidad importantísima de la ciudad.
Judíos: comunidades judías procedentes de diferentes regiones también fueron asentadas en Constantinopla. La política otomana hacia ellos fue relativamente favorable comparada con la situación que sufrían en algunos territorios europeos.
Musulmanes: se trasladaron familias musulmanas desde ciudades de Anatolia y los Balcanes para aumentar la población musulmana de la nueva capital.
Artesanos y comerciantes: este grupo era especialmente importante. Mehmed II necesitaba que Constantinopla volviera a funcionar como una gran ciudad comercial.
Ragusa, Serbia, Valaquia, Bosnia, Albania, Herzegovina (1458-1486)
Ragusa (Dubrovnik) era una pequeña república marítima situada en la costa adriática, rodeada progresivamente por territorios otomanos y venecianos. Su supervivencia dependía de una diplomacia extremadamente pragmática. A medida que los otomanos avanzaban por los Balcanes, Ragusa comprendió que enfrentarse militarmente a ellos era prácticamente imposible.
En 1458, Ragusa aceptó pagar un tributo anual al sultán. A cambio, conservó su autonomía, sus instituciones, su gobierno republicano y su enorme actividad comercial. La República siguió existiendo hasta 1808.
Se convirtió en un Estado tributario que aprovechó su posición entre el mundo otomano, Venecia y Europa para enriquecerse.
De hecho, los otomanos tenían interés en mantenerla viva. Ragusa funcionaba como un intermediario comercial y diplomático muy útil. Era preferible tener una pequeña república neutral que pudiera comerciar con Occidente antes que conquistarla y destruir una fuente de ingresos.
Serbia representó una conquista mucho más directa. Después de la batalla de Kosovo de 1389, Serbia había quedado progresivamente dentro de la esfera otomana. El Despotado serbio sobrevivió durante décadas como Estado fronterizo, alternando entre la subordinación a los otomanos y la influencia húngara.
El gran golpe llegó después de la conquista de Constantinopla. En 1454–1455, Mehmed II lanzó campañas contra Serbia. Los otomanos tomaron importantes fortalezas y ciudades, entre ellas Novo Brdo, un centro minero extraordinariamente importante por sus yacimientos de plata.
Pero todavía quedaba Smederevo, la capital del Despotado.
En 1456, Mehmed intentó conquistar Belgrado, pero sufrió una importante derrota frente a Juan Hunyadi. Belgrado permaneció en manos húngaras.
La situación cambió después de la muerte de Đurađ Branković en 1456. La estructura política serbia quedó debilitada por las disputas sucesorias y la presión otomana.
En 1458, Mehmed II lanzó otra campaña, dirigida inicialmente por Mahmud Paşa, mientras los otomanos penetraban cada vez más profundamente en Serbia.
Finalmente, en junio de 1459, Smederevo se rindió.
Con ello desapareció el Despotado serbio como Estado independiente. Los territorios serbios fueron incorporados a la estructura fronteriza otomana de Semendire/Smederevo. El significado estratégico era enorme: los otomanos acababan de eliminar uno de los últimos Estados cristianos importantes situado entre ellos y Hungría.
La campaña de Valaquia es probablemente la más espectacular militarmente de este conjunto de conquistas balcánicas.
El gobernante era Vlad III Drăculea, conocido posteriormente como Vlad el Empalador. Valaquia no estaba completamente incorporada al Imperio otomano. Era un principado situado al norte del Danubio que había aceptado relaciones de vasallaje y tributo con los otomanos. Vlad, sin embargo, intentó romper esa dependencia.
En 1461–1462, dejó de pagar tributo y atacó posiciones otomanas al sur del Danubio. Sus fuerzas realizaron una campaña brutal contra guarniciones y asentamientos otomanos, provocando una respuesta directa de Mehmed II.
El sultán decidió personalmente acabar con la rebelión. En el verano de 1462, un enorme ejército otomano cruzó el Danubio y entró en Valaquia.
Vlad evitó enfrentarse al ejército otomano en una batalla convencional. Utilizó tácticas de tierra quemada, emboscadas y guerra nocturna. La famosa batalla nocturna de Târgoviște, en junio de 1462, fue uno de los momentos más dramáticos de la campaña: Vlad intentó penetrar en el campamento otomano durante la noche y matar al propio Mehmed II. No consiguió eliminar al sultán.
Los otomanos continuaron avanzando hasta Târgoviște, pero encontraron una región devastada y prácticamente sin suministros. Vlad había destruido alimentos, fuentes de agua y asentamientos.
Militarmente, Vlad consiguió evitar una destrucción inmediata de su ejército, pero políticamente perdió la guerra. Mehmed decidió colocar en el trono a su hermano Radu el Hermoso, que aceptó la dependencia otomana.
Ya en 1462, Valaquia no es anexada. Representó un caso muy importante porque demostró que la expansión otomana no siempre significaba convertir un territorio en provincia. El sistema podía funcionar mediante vasallos, tributos y gobernantes locales.
La conquista de Bosnia fue mucho más rápida.
El Reino de Bosnia había sobrevivido durante décadas bajo una combinación de debilidad interna, rivalidad entre nobles y presión de Hungría y los otomanos.
Ya desde principios del siglo XV los otomanos realizaban incursiones y habían establecido posiciones permanentes en partes de Bosnia y Herzegovina. En 1451 habían organizado incluso una frontera militar, el Bosansko Krajište.
Pero el verdadero desastre llegó en 1463. Mehmed II lanzó una invasión a gran escala contra el Reino de Bosnia. El rey Esteban Tomašević intentó organizar la resistencia, pero Bosnia estaba políticamente fragmentada y no podía competir con el ejército otomano.
Los otomanos avanzaron rápidamente. Una fortaleza tras otra fue cayendo. Finalmente, el rey bosnio fue capturado y ejecutado y el reino dejó de existir como Estado independiente. Sin embargo, hubo una reacción húngara. Matías Corvino aprovechó la situación para recuperar varias posiciones, especialmente Jajce, y durante un tiempo Bosnia quedó dividida entre una zona otomana y una zona bajo influencia húngara. La parte occidental resistiría muchísimo más tiempo. De hecho, la última gran fortaleza bosnia, Bihać, no cayó hasta 1592. Pero el Estado medieval bosnio como tal había desaparecido en 1463.
Albania fue completamente diferente. Aquí los otomanos encontraron a uno de sus enemigos europeos más difíciles: Gjergj Kastrioti, Skanderbeg.
En 1443, Skanderbeg abandonó el servicio otomano y regresó a Albania. En 1444 reunió a varios señores albaneses en la Liga de Lezhë. El terreno era perfecto para la resistencia: montañas, valles estrechos, fortalezas y una población local capaz de proporcionar información y apoyo.
Los otomanos lanzaron repetidas campañas. En 1450, Murad II personalmente marchó contra Krujë, la principal fortaleza de Skanderbeg. El asedio fracasó. Después llegaron las campañas de Mehmed II.
En 1455, los otomanos intentaron tomar Berat. La operación terminó en un desastre para las fuerzas de Skanderbeg, que sufrieron una fuerte derrota. Pero la resistencia continuó.
En 1466, Mehmed II dirigió personalmente una gran campaña contra Albania y puso sitio a Krujë. Los otomanos construyeron incluso una fortaleza para mantener el control del territorio alrededor de la ciudad. No consiguieron conquistarla.
En 1467, Mehmed volvió. Otra vez Krujë resistió.
La situación cambió radicalmente con la muerte de Skanderbeg en 1468. La resistencia albanesa perdió a su principal líder y quedó progresivamente dependiente de la ayuda veneciana. Los otomanos aprovecharon la oportunidad y durante 1478, realizaron una nueva ofensiva contra Krujë. Esta vez la fortaleza cayó.
Después concentraron sus fuerzas contra Shkodër, una de las principales posiciones venecianas en Albania. El sitio de Shkodër de 1478–1479 terminó siendo decisivo. Venecia, exhausta por la guerra, aceptó negociar. El Tratado de Constantinopla de 1479 entregó Shkodër y otras posiciones al Imperio otomano.
En el caso de Herzegovina su conquista fue posterior y mucho más gradual. La región estaba dominada por la poderosa familia Kosača. El territorio era conocido como el Ducado de San Sava, de donde procede el nombre histórico de Herzegovina.
Los otomanos ya habían penetrado en la región durante el siglo XV, pero la conquista de Bosnia en 1463 no significó automáticamente la conquista completa de Herzegovina.
El duque Stjepan Vukčić Kosača y después sus sucesores intentaron mantener su autonomía entre otomanos, húngaros y venecianos. La presión aumentó progresivamente.
En 1465, los otomanos comenzaron una nueva ofensiva sobre Herzegovina. Las posiciones del ducado fueron cayendo una a una.
En 1470, los otomanos ya habían establecido una administración propia en buena parte de la región. La resistencia continuó en las zonas montañosas y alrededor de las principales fortalezas.
Finalmente, entre 1481 y 1482, los otomanos completaron la conquista de los últimos territorios importantes de Herzegovina.
Lesbos, 1462: el primer gran golpe contra las posesiones genovesas del Egeo
Después de conquistar Constantinopla, Mehmed II comenzó a eliminar los enclaves que todavía podían servir como bases de las potencias italianas en el Egeo.
Lesbos era gobernada por la familia genovesa Gattilusio, que había construido un pequeño señorío marítimo alrededor de Mitilene. Los Gattilusio habían controlado varias islas y enclaves del noreste del Egeo, pero después de 1453 su posición se volvió cada vez más precaria. Para 1456, Lesbos era prácticamente su último gran dominio, y había aceptado pagar tributo al sultán.
El problema fue que el nuevo gobernante, Niccolò Gattilusio, no estaba dispuesto a aceptar indefinidamente la presión otomana. Mehmed II decidió que había llegado el momento de acabar con aquel señorío.
En agosto de 1462, una expedición otomana salió hacia Lesbos. Las fuerzas desembarcaron el 1 de septiembre. Mehmed no dependía únicamente de un asalto naval: llevó consigo un ejército considerable y artillería de asedio.
El objetivo principal era Mitilene, la capital y principal fortaleza de la isla.
Los otomanos primero capturaron las fortificaciones que protegían el puerto. Después comenzaron a bombardear las defensas principales. La presión de la artillería, combinada con el aislamiento de los defensores, terminó quebrando la resistencia.
El 15 de septiembre de 1462, Niccolò Gattilusio capituló.
La consecuencia fue mucho mayor que la conquista de una isla: desapareció el último gran señorío genovés de los Gattilusio en el noreste del Egeo. Muchos habitantes fueron trasladados por los otomanos y una parte de los defensores fue ejecutada o esclavizada.
Lesbos se convirtió así en una de las primeras grandes bases insulares otomanas del Egeo.
La sucesión del Canato de Crimea en favor de los Otomanos (1466)
Para 1466, Crimea se encontraba en una posición geográfica extraordinariamente estratégica. El kanato controlaba la península de Crimea y comenzaba a proyectarse hacia las estepas al norte del istmo de Perekop. Al norte y noreste se extendían las estepas pónticas, que comunicaban Crimea con el Don, el Dniéper, el Volga y los dominios de la debilitada Horda de Oro. Al oeste estaban Moldavia y las tierras de la Mancomunidad polaco-lituana; hacia el este, las rutas conducían al Cáucaso y al mar de Azov.
La situación era especialmente importante porque el Kanato de Crimea acababa de nacer como Estado independiente de facto. Hacı I Giray había conseguido consolidar su poder en Crimea aprovechando la fragmentación de la Horda de Oro. Pero en 1466 todavía no existía una estructura estatal tan consolidada como la que veremos en el siglo XVI.
En recursos, la península ofrecía agricultura, ganadería, pesca, salinas y, sobre todo, puertos comerciales conectados con el Mediterráneo y el mundo otomano. El gran punto económico era Kaffa (Caffa/Feodosia), colonia genovesa que todavía en 1466 no pertenecía al kanato. Los genoveses controlaban buena parte del comercio marítimo y de las rutas comerciales de Crimea. Esto es fundamental: el kanato podía dominar el interior y las estepas, pero los genoveses seguían teniendo una posición económica extraordinariamente fuerte en la costa.
La sucesión que se abre con la muerte de Hacı I Giray en 1466, marca el comienzo de una crisis de casi doce años que terminó transformando al Kanato de Crimea y, sobre todo, permitió que los otomanos convirtieran Crimea en una pieza fundamental de su sistema estratégico del mar Negro.
Hacı I Giray había conseguido algo extraordinariamente difícil: construir un Estado crimeo independiente a partir de los restos de la antigua Horda de Oro. La situación política de la estepa había cambiado profundamente durante el siglo XV. La Horda de Oro se había fragmentado en diferentes poderes, mientras que Moscovia, Lituania, Polonia y los principados de la región competían por influencia. Hacı, perteneciente a la dinastía Giray y descendiente de Jochi, hijo de Gengis Kan, logró reunir suficientes apoyos entre la aristocracia tribal crimea, particularmente los Şirin, para establecer su autoridad. El Kanato de Crimea empezó a consolidarse como una potencia propia, con vínculos comerciales muy importantes con las colonias genovesas de la costa y relaciones diplomáticas tanto con Moscovia como con los otomanos.
La relación con los otomanos ya existía antes de la sucesión. En 1454, por ejemplo, Hacı Giray y una flota otomana llegaron a cooperar en una operación contra Kaffa (Caffa/Feodosia), la gran colonia genovesa de Crimea. Sin embargo, esto no significaba todavía que Crimea fuera un Estado dependiente de Estambul. Hacı estaba intentando utilizar a los otomanos como uno de varios instrumentos de su política exterior, mientras Mehmed II veía en Crimea una región estratégicamente valiosa para el futuro control otomano del mar Negro.
Hacı murió a finales del verano de 1466, dejando una situación extremadamente peligrosa: ocho hijos podían aspirar al poder. No existía un sistema de sucesión equivalente al de una monarquía hereditaria europea en el que simplemente el hijo mayor heredara automáticamente el trono. La política crimea estaba profundamente influida por los beys, los grandes clanes aristocráticos y las tradiciones políticas de origen mongol. Por eso la muerte del kan abría inmediatamente una lucha entre diferentes ramas de la familia Giray y sus respectivos partidarios.
El primero en imponerse fue Nur Devlet Giray, uno de los hijos de Hacı. Los beys lo reconocieron como kan en 1466. Pero su hermano Meñli Giray (Mengli I Giray) no aceptó el resultado. Meñli se rebeló y consiguió reunir el apoyo de una parte considerable de la aristocracia crimea. Aquí aparece una de las claves de todo el conflicto: Nur Devlet tenía vínculos con la Gran Horda, mientras que Meñli encontraba apoyo entre sectores de la nobleza de Crimea y posteriormente entre los genoveses de Kaffa.
La lucha no fue simplemente una pelea entre dos hermanos. Era también una lucha por definir qué tipo de Crimea iba a existir. Nur Devlet tenía una relación más estrecha con las fuerzas políticas de la estepa y con la Gran Horda, mientras que Meñli estaba dispuesto a apoyarse en las estructuras políticas y comerciales establecidas en la península. Los genoveses, que controlaban Kaffa y otras ciudades costeras, tenían además un enorme interés en influir en quién ocupaba el trono porque su prosperidad dependía de mantener sus privilegios comerciales.
En 1467, Meñli consiguió ocupar temporalmente el centro político de Crimea, pero Nur Devlet logró expulsarlo. Meñli huyó hacia Kaffa, donde encontró protección entre los genoveses. Al año siguiente, sin embargo, la situación volvió a cambiar. Una delegación de los beys crimeos acudió a Kaffa y reconoció a Meñli como kan. Con apoyo genovés, Meñli volvió a avanzar hacia el interior de la península y consiguió derrotar a Nur Devlet. Para 1469, parecía que había conseguido finalmente consolidar su posición.
Pero la victoria de Meñli no solucionó el problema. Al contrario, creó otro. Su dependencia de los genoveses generó fuertes resistencias entre determinados sectores de la aristocracia crimea. Además, Meñli intentó mantener una política relativamente independiente frente a los otomanos. En 1469, por ejemplo, se quejó directamente ante Mehmed II por ataques otomanos contra localidades de la costa crimea. Es decir, todavía estaba tratando al sultán como un poderoso vecino y aliado potencial, no como su soberano.
Mientras tanto, el equilibrio regional estaba cambiando. Mehmed II había conquistado Constantinopla en 1453 y estaba construyendo una potencia que necesitaba dominar las rutas marítimas del Mar Negro. Para los otomanos, las colonias genovesas de Crimea eran cada vez menos tolerables. Kaffa era una enorme base comercial genovesa situada prácticamente en el interior de la esfera de influencia otomana, y el control de los estrechos y del Mar Negro formaba parte del proyecto estratégico de Mehmed.
El conflicto interno crimeo proporcionó a Mehmed II una oportunidad perfecta.
Hacia 1473–1475, la situación volvió a deteriorarse. El poderoso bey Eminek Mirza, vinculado al clan Şirin, se convirtió en uno de los principales adversarios de Meñli. Las rivalidades entre los beys y la intervención genovesa terminaron provocando una nueva crisis. Meñli fue expulsado y tuvo que refugiarse nuevamente en Kaffa.
Y entonces ocurrió el acontecimiento decisivo: Eminek pidió ayuda a Mehmed II.
Mehmed II no tenía ninguna razón para desaprovechar semejante oportunidad. En 1475, envió una enorme expedición naval bajo el mando de Gedik Ahmed Paşa contra las posesiones genovesas de Crimea. Los otomanos conquistaron Kaffa, y posteriormente otras posiciones costeras como Sudak, Kerch, Taman y Mangup/Teodoro. La conquista fue mucho más que una operación contra Génova: significó que los otomanos habían entrado militarmente en Crimea y habían establecido una presencia permanente en la península.
Y aquí está el giro fundamental de toda la historia. Meñli estaba en Kaffa cuando los otomanos la conquistaron y fue capturado por ellos. Por tanto, el mismo hombre que había intentado utilizar a los genoveses para recuperar el trono terminó en manos del sultán. Mehmed II podía haber eliminado a la dinastía Giray o haber convertido Crimea directamente en una provincia otomana. Sin embargo, eligió una solución mucho más inteligente.
Conservaría el Kanato, pero bajo influencia otomana.
Meñli fue liberado y recuperó el trono, aunque aceptando la protección y superioridad del sultán. En un acuerdo posterior se estableció que el kan sería amigo de los amigos del sultán y enemigo de sus enemigos, aceptando su protección. La documentación otomana y las fuentes modernas sitúan en 1475 el comienzo de esta subordinación, aunque la consolidación definitiva de Meñli bajo protección otomana se produjo después.
Pero todavía hubo una última crisis. En 1476, la Gran Horda volvió a invadir Crimea. Su kan, Seyyid Ahmed, consiguió ocupar buena parte de la península y Meñli tuvo que refugiarse en Kyrk-Yer. Esto demostró precisamente por qué la protección otomana era tan importante: Crimea estaba atrapada entre dos grandes fuerzas de la estepa y el mundo islámico.
Nur Devlet volvió a aparecer en escena y ocupó nuevamente el trono durante un breve período. Meñli, entretanto, fue llevado a Constantinopla. Pero la aristocracia crimea tampoco estaba satisfecha con Nur Devlet. Eminek Mirza, que inicialmente había contribuido a derribar a Meñli, terminó solicitando al sultán que lo restaurara. Y Mehmed II aceptó.
En 1478, Meñli Giray regresó a Crimea con apoyo otomano y volvió a ocupar el trono. Esta vez, sin embargo, la situación era completamente diferente a la de 1469. Meñli ya no era simplemente un kan que buscaba aliados entre las grandes potencias: era el kan de Crimea bajo protección otomana. A partir de entonces comenzó una relación que duraría siglos.
Esto explica por qué la sucesión de Hacı Giray es tan importante para los otomanos. Mehmed II no conquistó Crimea entera y la convirtió en una provincia. Hizo algo mucho más útil estratégicamente: tomó las posiciones costeras directamente y dejó el interior de Crimea en manos de una dinastía local subordinada.
Era un sistema extraordinariamente conveniente.
Los otomanos controlaban Kaffa y los principales puertos estratégicos, mientras que los Giray gobernaban el kanato y proporcionaban una formidable fuerza de caballería tártara. Crimea se convirtió progresivamente en uno de los grandes instrumentos militares del Imperio otomano. Los kanes podían lanzar campañas contra Polonia-Lituania, Moscovia y otros territorios de Europa oriental, mientras que los otomanos podían intervenir cuando fuera necesario.
La relación se volvió especialmente visible después. En 1484, por ejemplo, Meñli Giray participó con unos 50.000 jinetes crimeos en la campaña otomana de Bayezid II contra Kilia y Akkerman. La participación de la caballería crimea convirtió al Kanato en un componente militar de primer orden de la estrategia otomana.

Después de 1478, Crimea se convierte así en uno de los grandes aliados militares del Imperio otomano.
Y había una particularidad importantísima: la península de Crimea era sólo una parte del poder del kan. La riqueza militar procedía en buena medida de las poblaciones nómadas y seminómadas de las estepas. Por eso, controlar Perekop era fundamental: era la puerta terrestre entre la península y la estepa. De hecho, durante la crisis posterior a la muerte de Mehmed, los nogayos penetraron en Crimea y saquearon gran parte del territorio, mientras que las zonas montañosas y las ciudades fortificadas resistieron.
Su principal ventaja era la movilidad. La caballería tártara podía desplazarse enormes distancias con varios caballos por guerrero, sin depender de un pesado tren de suministros. El armamento tradicional estaba compuesto por arcos, sables y otras armas ligeras; progresivamente se incorporaron armas de fuego. Las fuentes describen ejércitos que podían alcanzar cifras enormes cuando se realizaba una movilización general, aunque esas cifras no deben confundirse con un ejército permanente disponible en todo momento.
La Venecia del Adriático
Venecia había construido su dominio sobre la costa dálmata mucho antes de que los otomanos llegaran a los Balcanes. En 1409, Ladislao de Nápoles vendió a Venecia sus derechos sobre Dalmacia por 100.000 ducados, y durante las décadas siguientes la República consolidó su control sobre prácticamente toda la costa, salvo Ragusa. Para 1420, ciudades como Zadar, Šibenik, Trogir y Split, además de numerosas islas, estaban dentro del Stato da Mar veneciano.
Venecia controlaba las ciudades y puertos costeros, mientras el interior seguía perteneciendo principalmente al Reino de Croacia-Hungría. Así se creó una especie de frontera entre dos mundos.

La caída de Bosnia cambió completamente el equilibrio en la región (1463–1482).
Cuando Mehmed II conquista Bosnia en 1463, los otomanos llegan directamente a las puertas del espacio dálmata. Venecia había podido mantener sus ciudades costeras porque existía un hinterland cristiano que actuaba como zona de amortiguación. Con la desaparición del Reino de Bosnia, esa barrera prácticamente desaparece.
Los otomanos comienzan a penetrar hacia el Adriático desde Bosnia y Herzegovina. Durante las décadas siguientes, las tropas otomanas —especialmente la caballería ligera akıncı y tropas fronterizas— realizaban incursiones constantes contra el territorio croata y dálmata. El objetivo inicialmente no era necesariamente conquistar las ciudades venecianas, sino destruir el espacio que las protegía y avanzar hacia el Adriático.
Comienza la presión directa sobre la Dalmacia veneciana, Hungría y el Reino de Croacia (1499–1526)
Los otomanos ya no son simplemente una potencia terrestre de los Balcanes. Bayezid II dispone de una armada capaz de disputar seriamente el Adriático y el Mediterráneo oriental.
Venecia empieza a comprender que sus posesiones balcánicas están en peligro pero todavía conserva prácticamente todas sus grandes ciudades dálmatas. El problema es que el interior empieza a desaparecer como zona de amortiguación.
Durante las primeras décadas del siglo XVI, los otomanos ocupan extensos territorios croatas situados entre Skradin y Obrovac, creando posteriormente el sanjacado de Klis. Eso significa que el territorio otomano llega cada vez más cerca de las ciudades venecianas.
Pero mientras tanto en Hungría, ocurrió la Batalla de Mohács, el 29 de agosto de 1526, es decisiva porque el ejército de Luis II de Hungría es destruido por Solimán. El propio rey muere durante la retirada.

A partir de entonces, el Reino de Hungría entra en una crisis sucesoria y los Habsburgo empiezan a asumir el control de la parte occidental.
Los otomanos ocupan Buda en 1541, y el centro de Hungría se convierte en una provincia otomana lo cual tiene una consecuencia directa para Croacia: el frente otomano queda mucho más cerca del Adriático.
Este desenlace fue fatal tras la derrota húngara en Mohács, 1526, porque el Reino de Hungría se había fragmentado políticamente. Fernando de Habsburgo y Juan Zápolya disputaban la corona, mientras los otomanos ocupaban grandes sectores del centro de Hungría.
Durante buena parte del siglo XV, Hungría había sido el gran escudo terrestre de Europa central frente a los otomanos. No era un reino débil: bajo Matías Corvino (1458–1490) había desarrollado una importante capacidad militar y financiera, y su sistema defensivo meridional constituía un obstáculo serio para la expansión otomana. El problema fue que, después de su muerte, el Estado perdió buena parte de esa capacidad de concentración. La monarquía pasó a Vladislao II Jagellón, y el poder de la Corona disminuyó considerablemente. La disolución del famoso ejército permanente de Matías y la creciente dependencia de las contribuciones de la nobleza dejaron a Hungría mucho menos preparada para sostener una guerra prolongada.
Durante las décadas de 1490 y 1500 los otomanos siguieron presionaban la frontera mediante una combinación de incursiones, destrucción económica, toma de fortalezas y campañas de mayor escala. La frontera era una zona de guerra prácticamente permanente. En Croacia, por ejemplo, las incursiones otomanas penetraban profundamente hacia Carniola y Estiria. En 1493, la famosa batalla de Krbava terminó con una terrible derrota del ejército croata frente a las fuerzas de Yakub Paşa, gobernador del sanjacado de Bosnia.
La frontera estaba formada por una cadena de fortalezas que protegían las rutas hacia el interior: Belgrado, Šabac, Srebrenica, Jajce y otras posiciones. El problema era que cada campaña otomana iba erosionando lentamente ese sistema. Una fortaleza podía resistir, pero si las regiones que la rodeaban eran devastadas, quedaba aislada y cada vez era más difícil financiar y abastecer su defensa.
Además, la muerte de Matías había dejado un problema político mucho más profundo. La nobleza húngara recuperó poder frente a la Corona, y la capacidad del rey para imponer una política militar coherente disminuyó. La situación empeoró todavía más con la revuelta campesina de György Dózsa en 1514. La rebelión fue aplastada con enorme violencia, pero el conflicto había demostrado hasta qué punto el reino estaba dividido social y políticamente. Para cuando Luis II subió al trono en 1516, siendo todavía muy joven, el Estado húngaro tenía enormes dificultades para movilizar recursos.
Mientras Hungría se debilitaba, el Imperio otomano acababa de convertirse en una potencia que dominaba prácticamente todo el arco que iba desde Budapest hasta El Cairo y desde los Balcanes hasta Persia.
Cuando Selim murió en 1520 y ascendió Solimán I, el nuevo sultán heredó un Estado enormemente poderoso, y Solimán comprendió inmediatamente cuál era el siguiente gran obstáculo europeo: Belgrado.
La ciudad tenía una importancia extraordinaria. Estaba situada en la confluencia del Danubio y el Sava y constituía una de las principales puertas de entrada hacia Hungría. Los otomanos ya habían intentado conquistarla anteriormente: Murad II la había atacado en 1440 y Mehmed II en 1456, pero ambos habían fracasado.
Solimán no iba a repetir el error. En 1521, organizó una gran campaña contra Belgrado. El ejército otomano avanzó desde el sur mientras la flota fluvial operaba sobre el Danubio. La fortaleza quedó aislada y fue sometida a un intenso bombardeo. Finalmente, Belgrado cayó en agosto de 1521.
Este acontecimiento fue muchísimo más importante de lo que podría parecer en un mapa. Belgrado era la última gran barrera defensiva que protegía el acceso otomano a la llanura húngara. Un estudio sobre la presencia otomana en Hungría lo resume precisamente de esta manera: la conquista de Belgrado eliminó la última gran barrera para una expansión otomana hacia el norte.
A partir de entonces, la situación estratégica de Hungría se deterioró enormemente, y simultáneamente se estaba produciendo otro desastre en Croacia.
En 1522, los otomanos conquistaron Knin y Skradin, y posteriormente Ostrovica. Estas fortalezas eran fundamentales porque controlaban las comunicaciones entre Bosnia y la costa dálmata. La caída de Knin significaba que el poder otomano estaba penetrando cada vez más profundamente en el espacio croata.
El siguiente paso fue 1522–1525, cuando la presión otomana continuó mediante incursiones y operaciones fronterizas. Pero Solimán no se precipitó inmediatamente hacia el corazón de Hungría. Tenía otras cuestiones que resolver, entre ellas Rodas, que cayó en 1522 después del famoso asedio contra los Caballeros Hospitalarios.
Para 1526 la crisis húngara ya no era solamente militar. Era también sucesoria y financiera. Luis II era joven, la nobleza estaba dividida y el reino tenía dificultades para movilizar un ejército comparable al otomano. Cuando llegaron las noticias de que Solimán estaba preparando una gran expedición, el problema era cómo reunir rápidamente una fuerza capaz de detenerlo.
El ejército otomano comenzó a avanzar hacia Hungría en la primavera de 1526. Y aquí apareció algo impresionante: el ejército de Solimán tuvo que recorrer una enorme distancia. Cruzó los Balcanes, atravesó Serbia, pasó por las zonas fortificadas del sur y avanzó hacia el Danubio. La campaña fue cuidadosamente organizada, con construcción de puentes y utilización de las vías fluviales.
Los húngaros intentaron concentrar sus fuerzas. El rey Luis II tenía alrededor de veinte años. Su ejército era considerable, pero mucho menor que la fuerza que podía movilizar el sultán. Además, los refuerzos llegaron lentamente y el reino no consiguió concentrar a tiempo todas sus fuerzas. El 29 de agosto de 1526, ambos ejércitos se encontraron en Mohács, al sur de Buda. La batalla fue extraordinariamente corta.
Los húngaros intentaron utilizar su caballería pesada para atacar el centro otomano. Inicialmente consiguieron cierta penetración, pero el ejército de Solimán tenía una profundidad y una capacidad de fuego muy superiores. La artillería y los jenízaros con armas de fuego desempeñaron un papel decisivo, mientras que la caballería otomana podía envolver y perseguir a los supervivientes.
La batalla terminó con la destrucción del ejército húngaro y con Luis II muriendo durante la retirada. Con él desapareció la línea masculina húngara de los Jagellón y entonces comenzó una nueva guerra. Dos candidatos aparecieron: Juan Zápolya, voivoda de Transilvania y uno de los hombres más poderosos de Hungría, y Fernando de Habsburgo, hermano del emperador Carlos V y cuñado del difunto Luis II.
Una parte importante de la nobleza apoyó a Juan Zápolya. Otra eligió a Fernando porque veía en los Habsburgo la única potencia capaz de enfrentarse a los otomanos. Zápolya fue elegido rey en noviembre de 1526.
Los otomanos pasaron de ser el enemigo externo de Hungría a convertirse en el árbitro de la guerra civil húngara.
Zápolya necesitaba apoyo frente a Fernando. Fernando, por su parte, intentaba conquistar Hungría para los Habsburgo. Solimán aprovechó la división, así podía presentarse como protector de Zápolya y utilizar la guerra civil para mantener a Hungría dividida. En los años siguientes, las fuerzas otomanas intervinieron repetidamente en favor de Juan.
Por eso Mohács fue el momento en que los otomanos destruyeron el antiguo Reino de Hungría como potencia independiente y abrieron una crisis sucesoria que permitió la intervención permanente de los otomanos y los Habsburgo.
La conquista territorial completa vendría después.
En 1529, Solimán volvió a entrar en Hungría, recuperó Buda y marchó hacia Viena. Mientras la frontera otomana también ahora comenzaba a penetrar profundamente en el Reino de Croacia. El territorio croata se convierte en una auténtica zona de guerra durante décadas. La historiografía incluso habla de la «Guerra de los Cien Años croata-otomana», aproximadamente desde 1493 hasta 1593, debido a la extraordinaria continuidad de los combates.
La fortaleza de Klis. Klis controlaba una de las principales rutas entre el interior de Bosnia y la costa dálmata, y por ello tenía una importancia enorme. En 1537, los otomanos conquistaron Klis después de un largo enfrentamiento.
Esto permitió consolidar el Sanjak de Klis, y el dominio otomano llegó prácticamente hasta las puertas de Split y otras posesiones venecianas. La frontera entre Venecia y el Imperio otomano quedó así tremendamente comprimida.
En 1541, después de nuevas guerras y de la muerte de Zápolya, los otomanos ocuparon directamente Buda y establecieron allí una administración provincial. A partir de entonces, el antiguo Reino de Hungría quedó dividido entre la Hungría otomana, la Hungría de los Habsburgo y el Principado de Transilvania, este último bajo fuerte influencia otomana.
Mientras tanto décadas más tarde, en la Dalmacia veneciana, entre 1573 y 1576, Venecia y los otomanos incluso tuvieron que negociar cuidadosamente la frontera en Dalmacia. Las dos potencias establecieron una línea fronteriza más precisa alrededor de zonas como Zadar, Šibenik, Trogir y Split.
Rodas, 1522: Solimán contra los Caballeros de San Juan
Rodas fue una de las grandes operaciones de asedio del siglo XVI.
La isla estaba en manos de los Caballeros Hospitalarios de San Juan, que habían convertido Rodas en una auténtica fortaleza militar.

Su posición era extraordinaria: estaba frente a la costa de Anatolia y cerca de las rutas marítimas que conectaban Constantinopla, Egipto y el Mediterráneo oriental.
Los Caballeros habían resistido ataques otomanos anteriormente. Por eso, cuando Solimán el Magnífico decidió acabar con ellos en 1522, no se trataba simplemente de conquistar una isla: quería eliminar una poderosa base cristiana situada prácticamente frente a las costas del Imperio.
El ejército otomano desembarcó en junio de 1522. Solimán llevó una fuerza enorme, junto con una formidable artillería.
Los defensores estaban dirigidos por Philippe Villiers de L’Isle-Adam, Gran Maestre de los Hospitalarios.
La ciudad de Rodas era una fortaleza excepcionalmente poderosa. Los Caballeros habían construido murallas, bastiones y defensas adaptadas precisamente a resistir artillería.
El sitio duró aproximadamente cinco meses. Los otomanos bombardearon repetidamente las murallas mientras los defensores reparaban los daños y realizaban salidas contra las posiciones turcas.

Finalmente, después de intensos combates y de que varias partes de las fortificaciones quedaran comprometidas, los Caballeros comprendieron que continuar significaría la destrucción de la ciudad.
En diciembre de 1522, se negoció la capitulación. Solimán permitió que los Caballeros abandonaran Rodas con sus armas y posesiones. En enero de 1523 partieron hacia Occidente y finalmente establecerían su nueva base en Malta.
Para los otomanos fue una victoria estratégica enorme: eliminaban una de las últimas grandes bases militares cristianas en el Mediterráneo oriental.
Y esto conecta directamente con lo que después ocurriría en Malta: los mismos Caballeros que Solimán expulsó de Rodas terminarían resistiendo allí el famoso Gran Sitio de Malta de 1565.
La gran ofensiva otomana contra Venecia, 1537–1540
En 1537, Solimán el Magnífico entra nuevamente en guerra con Venecia y la ofensiva otomana es enorme. Por un lado, Hayreddin Barbarroja opera con la flota en el Mediterráneo y el Egeo. Por otro, las fuerzas terrestres otomanas presionan en Dalmacia y Albania.
El objetivo es romper las posiciones venecianas y ampliar la zona otomana hacia el Adriático. La guerra termina en 1540 con una victoria otomana con Venecia perdiendo varias posiciones y acepta una frontera mucho más desfavorable.

Pero hay un detalle fundamental: los otomanos no conquistan las grandes ciudades dálmatas venecianas. Zadar, Šibenik, Trogir y Split permanecen venecianas. Lo que ocurrió fue que el hinterland que rodea esas ciudades pasó progresivamente a manos otomanas. Por eso las ciudades venecianas empiezan a funcionar como auténticas fortalezas costeras aisladas.
Naxos y las Cícladas, 1537–1579
En el siglo XVI, el Ducado del Archipiélago, con centro en Naxos, era un Estado latino que incluía numerosas islas de las Cícladas. Estaba gobernado por la dinastía Crispo y mantenía una relación de dependencia respecto de Venecia.
En 1537, durante la guerra otomano-veneciana, el almirante Hayreddin Barbarroja lanzó una gigantesca expedición por el Egeo.

Barbarroja había construido una de las flotas más poderosas del Mediterráneo. Su campaña buscaba destruir las posiciones venecianas y los pequeños Estados latinos que todavía sobrevivían en el archipiélago.
Los otomanos atacaron sucesivamente numerosas islas.
Naxos quedó sometida al poder otomano en 1537, aunque no fue inmediatamente convertida en una provincia otomana administrada directamente. El duque Giovanni IV Crispo aceptó la superioridad del sultán y el pago de tributo.
Durante un tiempo, los otomanos prefirieron conservar gobiernos locales. Después de la muerte de Joseph Nasi, que había recibido el ducado del sultán, el sistema cambió.
Finalmente, hacia 1579–1580, el Ducado del Archipiélago dejó de existir como entidad autónoma y las Cícladas fueron incorporadas directamente a la administración otomana.
Quíos, 1566: el fin de la gran colonia genovesa
Desde 1346, Quíos estaba controlada por la Maona de Chios, una compañía mercantil genovesa asociada a la familia Giustiniani. No era exactamente una colonia gobernada de la misma manera que una provincia europea: los genoveses estaban especialmente interesados en el comercio, las plantaciones y productos como la almáciga/mástique.

Después de 1453, los Giustiniani entendieron que enfrentarse directamente a Mehmed II era peligroso. Por eso aceptaron pagar tributo al sultán.
Durante décadas, Quíos consiguió mantener una especie de autonomía comercial bajo soberanía otomana indirecta. Pero en el siglo XVI la situación cambió.
La expansión otomana había alcanzado prácticamente todo el Egeo. Rodas había caído en 1522. Las Cícladas estaban sometidas. Las flotas otomanas dominaban cada vez más el Mediterráneo oriental.
La posición de Quíos como enclave genovés empezó a resultar cada vez menos tolerable.
Además, los otomanos acusaban a la isla de servir como refugio para corsarios cristianos y esclavos fugitivos, lo que proporcionó un argumento adicional para intervenir.
En 1566, durante el reinado de Solimán el Magnífico, la flota otomana dirigida por Piyale Paşa apareció frente a la isla.
Pero no hubo una gran batalla comparable a Rodas.
La posición genovesa estaba políticamente aislada. Génova ya no estaba dispuesta a arriesgar una guerra contra el Imperio otomano por Quíos. De hecho, había terminado abandonando sus pretensiones sobre la isla.
Los Giustiniani capitularon.
Así, en 1566, después de aproximadamente 220 años de dominio genovés, Quíos pasó al Imperio otomano.
Creta, 1645–1669: la última gran isla
Creta fue la operación más larga de todas, debido a que era la gran fortaleza mediterránea de Venecia y a diferencia de Naxos o Quíos, Creta no era un pequeño Estado insular, era una isla enorme, estratégicamente situada entre el Mediterráneo oriental, Grecia, Anatolia y las rutas hacia Egipto.
Venecia había construido allí una formidable infraestructura militar, con ciudades fortificadas como Candía (Heraclión), La Canea (Chania) y Rétino (Rethymno).
Los otomanos habían eliminado progresivamente casi todas las posiciones venecianas del Egeo, pero Creta seguía siendo una enorme excepción.
El detonante de la guerra llegó en 1644 cuando un convoy otomano que se dirigía hacia Egipto fue atacado por los Caballeros de Malta. Entre los pasajeros había personajes importantes y peregrinos que viajaban hacia La Meca. Los otomanos responsabilizaron a Venecia de permitir que los Caballeros utilizaran sus puertos y comenzaron a preparar una gran expedición.
En junio de 1645, la flota otomana llegó a Creta y el desembarco comenzó en la zona occidental de la isla.
Los otomanos conquistaron rápidamente varias posiciones. La Canea cayó en 1645, y Rétino en 1646. Gran parte de la isla quedó bajo dominio otomano durante los primeros años de la guerra.
Pero quedaba el monstruo: Candía, la capital veneciana que estaba extraordinariamente fortificada. En 1648 comenzó el gran asedio y aquí la guerra se convirtió en algo completamente diferente.
Durante 21 años, los otomanos mantuvieron el sitio de Candía. Hubo bombardeos, minas, contra-minas, asaltos, ataques navales y continuas operaciones de las flotas veneciana y otomana. La guerra se convirtió prácticamente en una guerra de desgaste internacional.
Venecia recibió ayuda de Francia y otros Estados europeos. Los otomanos, mientras tanto, siguieron enviando tropas y recursos desde Anatolia y el resto del imperio.
Finalmente, en 1669, el comandante veneciano Francesco Morosini comprendió que la situación era insostenible. El 27 de septiembre de 1669, Candía capituló. Los venecianos obtuvieron condiciones relativamente favorables y pudieron evacuar la ciudad.
Con la caída de Candía, prácticamente toda Creta pasó a los otomanos. Algunas fortalezas venecianas aisladas, como Suda, Gramvousa y Spinalonga, sobrevivieron durante algún tiempo, pero el dominio veneciano sobre la isla había terminado.
Creta fue la última gran pieza del sistema veneciano en el Mediterráneo oriental. El Egeo había dejado de ser el mosaico de señoríos bizantinos, genoveses, venecianos, caballerescos y latinos que había caracterizado los siglos XIV y XV. Los otomanos se habían convertido en la potencia dominante del Mediterráneo oriental.
La Guerra de Chipre, 1570–1573
La siguiente gran crisis llega con la guerra por Chipre, que pertenecía a Venecia en aquél momento y que todavía poseía una enorme red de territorios mediterráneos, pero el Imperio otomano estaba en su apogeo.
Chipre llevaba décadas siendo una pieza estratégica en la rivalidad entre Venecia y el Imperio otomano, y su posición se volvió mucho más peligrosa después de que los otomanos conquistaran Siria y Egipto.
Antes de Venecia, Chipre había sido durante siglos un reino independiente de tradición latina, aunque con una población mayoritariamente griega ortodoxa. La dinastía Lusignan, de origen francés, gobernó el Reino de Chipre desde las Cruzadas hasta finales del siglo XV.
La situación cambió en 1473, cuando murió el rey Jacobo II de Lusignan. Su viuda, Catalina Cornaro, era veneciana. Después de una complicada lucha política, Venecia consiguió que Catalina abdicara en 1489, y la República incorporó formalmente Chipre a sus dominios.
Venecia convirtió la isla en una de sus posesiones más importantes del Mediterráneo oriental. Junto con Creta, era uno de los grandes pilares de su sistema comercial y marítimo. Chipre producía especialmente algodón y azúcar, además de estar situada en una posición extraordinaria para controlar las rutas que conectaban Anatolia, Siria, Egipto y el Levante.
Pero había un problema geográfico enorme: Chipre estaba prácticamente rodeada por territorio otomano.
Cuando Venecia tomó la isla en 1489, los otomanos ya dominaban gran parte de Anatolia y habían empezado a proyectar su poder naval sobre el Mediterráneo oriental. Después de 1517, la situación se volvió todavía más peligrosa.
En 1517, Selim I conquistó el Sultanato Mameluco. Siria, Palestina, Egipto y el Hiyaz pasaron a manos otomanas. Esto significó que el Imperio otomano terminó controlando prácticamente todo el arco continental que rodeaba Chipre.
Chipre ya había estado pagando un tributo anual de 8.000 ducados al sultán mameluco de Egipto. Después de la conquista otomana de Egipto, ese acuerdo pasó a la autoridad otomana. Por tanto, desde 1517 los otomanos podían argumentar que heredaban también los derechos que los mamelucos habían ejercido sobre Chipre. Pero el tributo no significaba que Chipre fuera otomana. Seguía siendo territorio veneciano.
Era, por tanto, una situación peculiar: Venecia gobernaba la isla, pero reconocía económicamente cierta posición del sultán.
La invasión de 1570 tampoco fue el primer contacto militar. Ya en 1489, el mismo año en que Venecia adquirió la isla, los otomanos atacaron la península de Karpasia, saquearon poblaciones y tomaron cautivos.
En 1539, una flota otomana atacó Limassol y destruyó la ciudad. Los venecianos comprendieron entonces que sus defensas eran insuficientes y comenzaron a fortificar especialmente Nicosia, Famagusta y Kyrenia.
Después de las conquistas de Siria, Egipto y el Hiyaz, Chipre era una isla veneciana extraordinariamente bien situada en medio de las rutas otomanas.
Además, desde Chipre y sus puertos se podía facilitar la actividad de corsarios cristianos, especialmente los vinculados a Malta, contra barcos otomanos. La navegación hacia Egipto y Siria era especialmente sensible porque incluía las rutas utilizadas por peregrinos musulmanes que se dirigían hacia La Meca. Las autoridades otomanas acusaban a los venecianos de permitir que sus puertos fueran utilizados por corsarios que atacaban el tráfico otomano.
Después de Preveza (1538) y de las campañas de Barbarroja, la supremacía naval otomana en el Mediterráneo oriental había aumentado enormemente.
Venecia todavía era una potencia naval formidable, pero estaba intentando defender simultáneamente Chipre, Creta, Dalmacia, las islas del Egeo que todavía conservaba, y sus intereses comerciales en el Mediterráneo oriental.
Los otomanos, en cambio, tenían su enorme núcleo territorial en Anatolia y los Balcanes, además de Siria y Egipto. Chipre era una especie de isla aislada en territorio estratégico otomano.
Un historiador de Cambridge describe precisamente esta vulnerabilidad: Venecia sabía desde años antes que una invasión podía producirse, y sus autoridades habían reforzado las fortificaciones, pero la isla estaba demasiado aislada y dependía de recibir suministros y refuerzos desde Occidente.
Aún así en posición de ventaja, no todos en Estambul querían necesariamente la guerra. El gran visir Sokollu Mehmed Paşa era partidario de mantener la paz con Venecia. Existía una corriente dentro de la corte que consideraba peligroso abrir otro frente.
Pero el sector favorable a la guerra terminó imponiéndose.
Una figura particularmente interesante fue Joseph Nasi, un poderoso cortesano y financiero de origen judío sefardí, muy cercano a Selim II. Nasi era profundamente hostil a Venecia y tenía intereses económicos propios. Incluso se ha conservado la tradición de que esperaba recibir el gobierno de Chipre después de su conquista y llegó a preparar símbolos de autoridad para ese eventual cargo.
También se construyó una justificación religiosa. Los juristas de la corte elaboraron una argumentación según la cual Chipre podía ser considerada una tierra que anteriormente había estado bajo dominio musulmán y que, por tanto, podía ser recuperada.
No era el principal motivo práctico de la guerra, pero servía para legitimar la ruptura de la paz. De hecho, la paz entre Venecia y los otomanos había sido renovada recientemente. Romperla necesitaba una justificación política y jurídica.
A comienzos de 1570, las señales ya eran inequívocas. Venecia había recibido información de que los otomanos estaban preparando una enorme expedición. En marzo, Estambul envió un ultimátum a Venecia: entregar Chipre o afrontar la guerra.
En Venecia hubo debate. Algunos políticos consideraron incluso la posibilidad de ceder la isla a cambio de concesiones comerciales y territoriales. Pero finalmente la República rechazó el ultimátum, y eso desencadenó la guerra.
El mando de la expedición terrestre fue entregado a Lala Mustafa Paşa. Los otomanos reunieron una fuerza gigantesca, con decenas de miles de soldados, caballería y artillería y el desembarco comenzó en julio de 1570, cerca de Limassol. La resistencia inicial fue escasa y el ejército comenzó a avanzar hacia el interior.
El primer gran objetivo era Nicosia, la capital protegida por enormes murallas renacentistas construidas precisamente para resistir la artillería.
El asedio duró aproximadamente un mes y medio y el 9 de septiembre de 1570, Nicosia cayó. La ciudad sufrió un saqueo extremadamente violento y miles de personas murieron.
Después de la caída de Nicosia, varias posiciones venecianas se rindieron rápidamente. Kyrenia cayó prácticamente sin resistencia. Pero quedaba una fortaleza: Famagusta. Y ahí la guerra cambió completamente.
Famagusta tenía unas de las fortificaciones más impresionantes del Mediterráneo. Los defensores, dirigidos por Marcantonio Bragadin, decidieron resistir. El sitio comenzó en 1570 y duró aproximadamente once meses.
Mientras Famagusta resistía, Venecia intentaba organizar ayuda internacional. Y eso llevó al acontecimiento que probablemente sea el más famoso de toda esta guerra: Lepanto.
En octubre de 1571, una flota de la Liga Santa derrotó a la flota otomana en una de las mayores batallas navales de la Edad Moderna. Pero ocurrió demasiado tarde, Famagusta ya había capitulado en agosto de 1571.
Por lo tanto, Lepanto fue una enorme victoria naval cristiana, pero no consiguió recuperar Chipre. Los otomanos reconstruyeron su flota con sorprendente rapidez y Venecia terminó aceptando la realidad estratégica, aunque esa batalla sí marcó un límite a la expansión naval otomana, no produjo un colapso inmediato de su poder marítimo.
En 1573, Venecia firmó la paz y reconoció oficialmente que Chipre pertenecía al Imperio otomano, pagó una indemnización de 300.000 ducados y volvió a establecerse la frontera dálmata entre ambos poderes.
Para 1572 el Imperio Otomano había conseguido poner en el mar una nueva armada enorme. Las estimaciones tradicionales hablan de más de 150 galeras, 8 galeazas y unas 250 embarcaciones en total; estudios recientes también han analizado precisamente cómo el aparato estatal y los astilleros consiguieron realizar esa reconstrucción en unos seis meses.
En 1572, cuando los cristianos volvieron al Mediterráneo oriental esperando explotar Lepanto, se encontraron con una nueva gran flota otomana. El comandante otomano Kılıç Ali Paşa evitó una batalla decisiva, pero consiguió mantener una presencia naval considerable. Los aliados cristianos, además, estaban divididos y no consiguieron aprovechar la oportunidad para destruir nuevamente a la armada otomana.
En 1574 los otomanos recuperaron Túnez, que había sido conquistada por las fuerzas de Juan de Austria en 1573. Lo que demostró que Lepanto no dejó al Imperio incapaz de realizar operaciones navales ofensivas.
Un estudio de Oxford sobre el Mediterráneo señala que después de Lepanto los otomanos reconstruyeron su flota, pero la Sublime Puerta fue abandonando la expectativa de extender directamente su autoridad profundamente por el Mediterráneo occidental.
Y un estudio específico sobre la marina otomana sostiene que hacia 1580 se produjo un giro estratégico: el Imperio dejó de perseguir las grandes políticas navales expansivas que habían caracterizado la primera mitad del siglo XVI y pasó a concentrarse más en la defensa de sus fronteras marítimas.
Norte de África
En esta región, después de la caída del Sultanato Mameluco, los otomanos se enfrentaron principalmente con España, los Hafsíes, los Zayánidas de Tlemcen y, finalmente, los Saadíes de Marruecos.
El primer gran protagonista fue Aruj Reis, conocido como Barbarroja.
Aruj y su hermano menor Jair al-Din (Hayreddin Barbarroja) eran corsarios musulmanes que operaban en el Mediterráneo. Inicialmente no eran simplemente «generales otomanos»: eran actores bastante autónomos que buscaban construir su propio poder en el Magreb.
En 1516, Aruj consiguió hacerse con Argel y comprendió que necesitaba protección frente a España. Los españoles tenían fortalezas en la costa y podían lanzar una expedición contra Argel en cualquier momento. Por eso se aproximó al sultán Selim I.
El vínculo fue mutuamente beneficioso: Aruj necesitaba al Imperio otomano. Selim necesitaba una base naval en el Mediterráneo occidental.
Los otomanos proporcionaron tropas, especialmente jenízaros, armas y legitimidad. Aruj comenzó entonces a extender su poder hacia el oeste. Y ahí chocó con Tlemcen, uno de los centros políticos históricos del Magreb central y la capital de los Zayánidas.

Aruj intentó imponer su autoridad sobre ella en 1517–1518. Pero los zayánidas recibieron apoyo de España y la situación terminó en desastre para Aruj.
En 1518, mientras intentaba retirarse hacia Argel, fue alcanzado y muerto. Pero su muerte no destruyó su proyecto. Su hermano Hayreddin Barbarroja tomó el mando. En lugar de intentar mantener una independencia precaria, decidió incorporarse formalmente al sistema otomano.
El sultán le concedió apoyo militar y el título de beylerbey. Con un contingente de unos 2.000 jenízaros, Barbarroja consiguió consolidar el dominio sobre buena parte de la costa argelina.
Así nació la Regencia de Argel, que posteriormente se convertiría en una de las principales bases navales del Imperio otomano.
Su control era principalmente Argel, ciudades costeras y zonas estratégicas mientras que el interior permanecía bajo el poder de tribus, autoridades locales y otros gobernantes.
Esta característica sería fundamental durante siglos. La administración otomana del Magreb nunca fue idéntica a la de Anatolia o los Balcanes.
Argel se convierte en una gran base otomana, 1525–1530
Barbarroja consiguió convertir Argel en una auténtica plataforma militar. Desde allí podía atacar las posiciones españolas y, al mismo tiempo, lanzar operaciones corsarias contra el tráfico marítimo cristiano.
En 1533, Solimán el Magnífico tomó una decisión espectacular: llamó a Barbarroja a Constantinopla y lo nombró Kapudan Paşa, gran almirante de la flota otomana. Barbarroja pasó de ser un corsario norteafricano a convertirse en el máximo comandante naval del Imperio otomano.
En 1534 dirigió una enorme campaña por el Mediterráneo occidental y su objetivo fue Túnez.
Primera conquista otomana de Túnez, 1534
Túnez estaba gobernado por la dinastía hafsí, que llevaba siglos dominando Ifriqiya. La ciudad de Túnez era extraordinariamente importante. Controlarla significaba dominar una posición central entre: Argel — Túnez — Tripolitania — Sicilia — Malta.
Barbarroja atacó en 1534. Túnez cayó. Por primera vez, los otomanos controlaban directamente la capital hafsí. Pero la victoria duró muy poco, porque el emperador Carlos V comprendió inmediatamente el peligro.
Si los otomanos mantenían Túnez, podían utilizarla como una enorme base para operaciones contra Sicilia, Italia y el Mediterráneo occidental. Carlos V organizó entonces una de las mayores expediciones navales del siglo XVI.
En 1535, una enorme flota imperial salió hacia Túnez. Barbarroja no pudo resistir. Los españoles recuperaron la ciudad y restauraron a un miembro de la dinastía hafsí como gobernante tributario. La guarnición española se estableció en La Goleta, la gran fortaleza portuaria de Túnez.
Tripoli entra en el Imperio otomano, 1551
Mientras tanto, más al este estaba Tripoli. Los españoles habían conquistado la ciudad en 1510. Pero en 1530, Carlos V la entregó a los Caballeros de San Juan, que habían perdido Rodas frente a los otomanos en 1522. Los caballeros transformaron Tripoli en una de sus bases.
En 1551, una flota otomana comandada por Sinan Paşa y Turgut Reis (Dragut) atacó Tripoli. Los Caballeros resistieron, pero finalmente tuvieron que rendirse, pasando Tripoli a manos otomanas. Desde entonces, la región se convirtió en la Regencia de Trípoli.
Tlemcen quedó progresivamente dentro de la esfera de Argel. En 1551, fuentes sobre las relaciones entre Marruecos y los otomanos señalan que las fuerzas turcas ya estaban en Tlemcen y que la influencia otomana llegaba hasta la zona del río Tafna. Esto llevó directamente al conflicto con Marruecos.
Sistema de Millet





