«El objetivo israelí es el caos, es la disfunción, es una herida supurante abierta que dura generaciones», señala. «El verdadero objetivo es Siria, o Libia, o Irak. Somalia. El verdadero objetivo es la destrucción por sí misma«, añade Carlson.
El ex presentador de Fox News también afirma que, con esta estrategia, buscaría que cualquier potencial rival quede absorbido por un conflicto «tribal» y «étnico» en su propio país, sin capacidad de resistir una «expansión territorial» ni de «notar» lo que ocurre fuera. En ese contexto, sostiene que eso era «lo que quería» Tel Aviv en Irán.
A partir de ese planteamiento, Carlson menciona como efectos «naturales» y «bien documentados» las crisis migratorias en Europa y «destruir aún más Europa». «Eso siempre ha sido un objetivo israelí. Destruir Europa», afirmó, antes de agregar: «Siguen enojados por Roma en el año 70 d. C. o algo así. Quién sabe. Pero ese es el objetivo real».
La alusión a Roma parecería hacer referencia a la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén por las legiones romanas bajo el mando de Tito durante la Primera guerra judeo-romana. Ese acontecimiento marcó profundamente la memoria judía, porque terminó con el centro religioso del judaísmo del período del Segundo Templo.
La referencia a la crisis migratoria se debe también a largas y diversas acusaciones, como las dirigidas al magnate George Soros. Sus críticos, entre ellos sectores nacionalistas y movimientos contrarios a la inmigración masiva, lo han señalado como uno de los principales impulsores de políticas migratorias más abiertas en Europa. Esta acusación cobró especial fuerza durante la crisis migratoria de 2015, cuando cientos de miles de personas llegaron al continente huyendo principalmente de guerras, conflictos armados e inestabilidad política en Medio Oriente, Asia y África.
La Open Society Foundations ya trabajaba desde antes de esa crisis en áreas vinculadas con derechos humanos, protección de minorías, fortalecimiento institucional y asistencia a refugiados. Durante el aumento de las llegadas a Europa, organizaciones financiadas por esta red apoyaron distintos programas destinados a proporcionar ayuda humanitaria, como asistencia médica, distribución de alimentos, alojamiento temporal y apoyo psicológico para personas que habían llegado después de largos trayectos migratorios.
Además, algunas entidades respaldadas por la fundación ofrecieron asistencia jurídica a migrantes y solicitantes de asilo, ayudándolos a conocer sus derechos, presentar solicitudes de refugio y recurrir decisiones administrativas. También se financiaron proyectos relacionados con la integración, como enseñanza de idiomas, acceso al empleo y programas contra la discriminación.
Los defensores de Soros y de estas organizaciones sostienen que su objetivo no era provocar una crisis migratoria ni promover un debilitamiento de Europa, sino responder a una emergencia humanitaria y proteger a personas desplazadas por conflictos internacionales. Argumentan que las principales causas del aumento migratorio fueron factores como la guerra civil en Siria, la inestabilidad en Libia, los conflictos en Irak y Afganistán, y la acción de redes de tráfico de personas.
Sus detractores, en cambio, sostienen que el apoyo financiero a organizaciones pro-refugiados terminó favoreciendo un modelo migratorio más permisivo y contribuyó a aumentar la presión sobre los sistemas sociales europeos. Desde esta perspectiva, figuras como Soros representan una visión globalista que prioriza los derechos individuales y la movilidad internacional por encima del control estricto de las fronteras nacionales.
Entre 2014 y 2016 aumentó fuertemente la llegada de personas a Europa, especialmente por las rutas del Mediterráneo y los Balcanes. Los principales grupos provenían de Siria, debido a la guerra civil iniciada en 2011; Afganistán, por décadas de conflicto, Iraq, Eritrea, Somalia y otros países africanos.
Miles de personas cruzaban desde Turquía hacia las islas griegas o desde Libia hacia Italia. Muchos buscaban asilo bajo la legislación europea e internacional de refugiados.
Frágil paz entre EEUU e Irán
EEUU e Irán suscribieron esta semana un memorando de entendimiento en el que acordaron el alto el fuego «en todos los frentes, incluido el Líbano». No obstante, las fuerzas israelíes siguieron llevando a cabo ataques contra el país árabe, dejando muertos y heridos.
Israel argumenta que su agresión contra el Líbano tiene por objetivo crear una así llamada zona de seguridad y debilitar al movimiento chiita libanés Hezbollah, evitando de esa forma ataques contra su territorio. Mientras, miles de casas en el sur del país árabe han sido arrasadas durante la ofensiva, forzando desplazamientos masivos.
El presidente Trump ha criticado en varias ocasiones a Israel por sus acciones militares contra el Líbano, en medio de los esfuerzos diplomáticos de Washington por alcanzar un acuerdo inicial de paz con Teherán. «No hace falta derribar un edificio residencial cada vez que se busca a alguien, porque en esos edificios vive mucha gente. Y no todos son Hezbollah, eso se lo puedo asegurar», dijo este martes el mandatario durante una rueda de prensa con el emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani.
A su vez, el vicepresidente J.D. Vance declaró el jueves pasado que Israel debería priorizar el proceso de paz en Oriente Medio y abstenerse de llevar a cabo acciones «inaceptables» como el bombardeo de civiles en Beirut. «Nadie puede privar a otro país de su derecho a la legítima defensa: Israel tiene derecho a defenderse«, expresó el vicepresidente de EEUU. No obstante, señaló que, «los israelíes, al igual que todos los demás, deben respetar este proceso de paz, que es fundamentalmente beneficioso para ellos y para toda la región».
En las últimas horas, el conflicto entre Israel, EEUU e Irán entró en una nueva fase marcada por el colapso de una frágil tregua, ataques sobre territorio iraní, represalias contra posiciones estadounidenses y una creciente tensión alrededor del estratégico estrecho de Ormuz. La pausa diplomática que había generado expectativas de una desescalada terminó desmoronándose mientras Washington y Teherán se acusaban mutuamente de romper los compromisos alcanzados semanas antes.
Durante los primeros días de julio, la atención internacional estuvo centrada en la estabilidad del acuerdo temporal alcanzado entre EEUU e Irán. El entendimiento había buscado reducir las hostilidades vinculadas al programa nuclear iraní, las sanciones económicas y la seguridad regional. Sin embargo, la tensión permaneció elevada debido a la continuidad de incidentes militares y al enfrentamiento indirecto entre las fuerzas iraníes y la alianza formada por Washington e Israel.
El punto de quiebre llegó cuando EEUU afirmó que Irán había atacado embarcaciones comerciales en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el transporte energético. Washington respondió con una nueva campaña aérea contra objetivos iraníes, argumentando que buscaba proteger la navegación internacional y degradar capacidades militares utilizadas para amenazar el tráfico marítimo.
Las fuerzas estadounidenses informaron que los ataques alcanzaron decenas de objetivos relacionados con sistemas militares iraníes, incluyendo posiciones costeras, radares y capacidades vinculadas a misiles antibuque. Según el Comando Central estadounidense, la operación incluyó más de 80 objetivos, mientras Irán denunció la ofensiva como una agresión y prometió responder.
La respuesta iraní llegó mediante ataques contra instalaciones militares estadounidenses en la región, incluyendo bases en Bahréin y Kuwait, aumentando el temor de que el conflicto pudiera transformarse nuevamente en una guerra regional abierta. Teherán también amenazó con medidas contra el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, una posibilidad que generó preocupación por el impacto sobre los mercados energéticos internacionales.
En paralelo, Israel continuó siguiendo de cerca la evolución del conflicto, considerando a Irán como su principal adversario estratégico por su programa nuclear, su capacidad misilística y el apoyo iraní a grupos armados aliados en la región. Aunque los últimos días estuvieron dominados por la confrontación directa entre Washington y Teherán, Israel permaneció integrado en la ecuación militar y diplomática, dado que gran parte de la campaña inicial contra Irán había sido desarrollada junto con EEUU.
El 8 de julio, el presidente Donald Trump declaró que el acuerdo de alto el fuego estaba terminado, después de acusar a Irán de nuevas agresiones. Desde una cumbre de la OTAN, Trump afirmó que la vía diplomática había fracasado, aunque dejó abierta la posibilidad de futuras negociaciones.




