El religioso, de aproximadamente 50 años, era párroco de la iglesia de San Jorge en la localidad de Qlayaa, una aldea cristiana situada cerca de la línea de contacto con territorio israelí.
La secuencia del lunes por la tarde fue brutal en su simplicidad. Dos proyectiles de artillería impactaron en la misma vivienda a las afueras de Qlayaa. El primero hirió al propietario y a su esposa.
Según informaciones difundidas por medios locales y fuentes eclesiales, el incidente ocurrió cuando un primer ataque impactó en una vivienda del pueblo, dejando a un residente gravemente herido. Al enterarse de lo sucedido, el padre El-Rahi acudió rápidamente al lugar junto con otros vecinos para asistir a la víctima. Mientras prestaba ayuda y trataba de evacuar al herido, un segundo bombardeo alcanzó la misma zona, causando nuevas víctimas y dejando al sacerdote con heridas críticas.
El religioso fue trasladado de urgencia a un hospital cercano, pero falleció poco después a causa de las lesiones sufridas. Su muerte generó conmoción en la comunidad local, donde era conocido por su cercanía con los fieles y por su decisión de permanecer junto a su parroquia a pesar de la creciente inseguridad en la región.
Los hechos reportados se parecen a lo que en guerra se llama un “double tap”. En términos militares, significa atacar un objetivo, esperar a que lleguen rescatistas o civiles, y volver a bombardear el mismo lugar.
En este caso hubo efectivamente dos impactos seguidos en el mismo punto, cuando ya había gente ayudando a los heridos.
Si se demostrara que el segundo ataque fue intencional contra rescatistas o civiles, podría considerarse una posible violación del derecho internacional humanitario, porque las leyes de guerra protegen a personal médico, socorristas y civiles que asisten a heridos.
Los reportes iniciales indicaron que el fuego habría provenido de un Merkava, el principal tanque de Israel, esto introduce un elemento técnico importante: Los tanques tienen observación directa del objetivo mediante ópticas y sensores. Eso significa que la tripulación suele ver el área antes de disparar nuevamente, dependiendo de la distancia.
Por eso algunos analistas consideran que la distancia real desde donde se disparó puede ser clave para determinar qué ocurrió.

Nacido en el sur del Líbano, El-Rahi había dedicado su vida al ministerio en la Iglesia Maronita, una de las Iglesias católicas orientales que está en plena comunión con el Papa y la Santa Sede, igual que la Iglesia católica romana, una de las principales comunidades cristianas del país. Durante años ejerció labores pastorales en aldeas rurales, acompañando a comunidades que históricamente han vivido en una zona marcada por conflictos y tensiones militares. Quienes lo conocían destacan su carácter sencillo, su disposición permanente para ayudar a los vecinos y su compromiso con permanecer junto a los habitantes de su parroquia incluso en momentos de peligro.
Fuentes de la Iglesia señalaron que el sacerdote había recibido recomendaciones para abandonar temporalmente la zona debido a los bombardeos, pero decidió quedarse para continuar atendiendo a los fieles que permanecían en el pueblo. Esa decisión, según relatan testigos, refleja el sentido de responsabilidad pastoral que marcó su vida.
La muerte del padre El-Rahi se produce en un contexto de creciente violencia en la frontera sur del Líbano, donde los intercambios de fuego entre Israel y Hezbollah han provocado daños en poblaciones civiles y desplazamientos de habitantes en varias localidades. La tragedia ha sido interpretada por muchos en el país como un símbolo del costo humano que la escalada militar está teniendo sobre comunidades civiles que quedan atrapadas en medio del conflicto.
Autoridades eclesiales expresaron su pesar por la muerte del sacerdote y recordaron su labor pastoral. En mensajes difundidos por la Iglesia local se destacó que el padre El-Rahi “murió mientras cumplía su misión de ayudar a los demás”, un gesto que para muchos fieles resume el espíritu con el que vivió su vocación religiosa.
“Cuando defendemos nuestra tierra, la defendemos pacíficamente, y solo portamos las armas de la paz, la bondad, el amor y la oración”. El padre Pierre el-Rahi, sacerdote maronita de la aldea cristiana de Qlayaa, en el sur del Líbano, pronunció estas palabras en una reunión comunitaria tres días antes de que el tanque Merkava lo matara.
El hecho de que el Papa haya nombrado por su nombre a este sacerdote del pueblo, en una declaración formal emitida el mismo día, lo dice todo sobre cómo ve el Vaticano esta guerra.
El dolor de León XIV tiene un peso que va mucho más allá de la cortesía diplomática. A finales del año pasado, este Papa viajó personalmente al Líbano, aterrizando en Beirut bajo el lema «Bienaventurados los que trabajan por la paz».
Quince mil jóvenes libaneses lo recibieron bajo la lluvia. Mujeres musulmanas con hiyab se encontraban junto a familias maronitas que ondeaban banderas del Vaticano. Un coro de niños ciegos cantaba mientras las monjas le besaban la mano.

Durante esa visita, León reprendió públicamente a Israel, exigiendo a los militares “deponer las armas” y reafirmó el apoyo del Vaticano al Estado palestino.
El cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, lo expresó con claridad hace unos días: «La justicia ha dado paso a la fuerza. La fuerza de la ley ha sido sustituida por la ley de la fuerza».
El padre Pierre El-Rahi se quedó porque su vocación lo exigía.
Cuando las fuerzas israelíes emitieron órdenes de evacuación para la región, él y los demás párrocos de Qlayaa se negaron a irse. La alcaldesa de Qlayaa, Hanna Daher, declaró a la prensa que los residentes no tienen explicación para el ataque. «Somos gente pacífica y no hacemos daño a nadie. Lo único que pedimos es poder quedarnos en casa en paz».
El Líbano, la democracia más frágil de la región, se ha visto arrastrado a una espiral de inestabilidad que León advirtió desde Beirut. En el Ángelus del 1 de marzo, el papa pidió que se silenciaran las armas y abogó por un espacio de diálogo. El Vaticano ha cuestionado con creciente urgencia la base legal y moral de la guerra preventiva en Irán.
León XIV considera los ataques como «ilegales e inmorales» , un lenguaje que evoca la denuncia de la Iglesia sobre la invasión de Irak de 2003.
El pasado junio, después de que EEUU bombardeara tres instalaciones nucleares iraníes en Fordo, Natanz e Isfahán, Leo se presentó ante miles de personas en la Plaza de San Pedro y pronunció un súplica devastadora: «Detengan la tragedia de la guerra antes de que se convierta en un abismo irreparable», dijo.
“La guerra no resuelve los problemas, sino que los amplifica”. Fue una reprimenda directa e inequívoca al presidente que ordenó esos ataques.




