Mientras Estados Unidos llevó a cabo una operación militar que terminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa en Caracas, el papel de la Iglesia católica venezolana se ha situado nuevamente en el centro del escenario político y moral del país. Según reportes[1], la Iglesia vive un momento de extrema prudencia y expectación, consciente de que su tradicional papel como fuerza de cohesión social podría ser decisivo para la estabilidad nacional, pero también sabiendo que puede convertirse en un blanco de represalias por parte de los últimos núcleos del régimen socialista.
La captura de Maduro, anunciada por el presidente Donald Trump desde Mar-a-Lago, desencadenó fuertes explosiones en Caracas y una situación de caos e incertidumbre para la población civil. En ese contexto es que La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), que ha sido históricamente un baluarte de crítica frente a la deriva autoritaria del chavismo, ha llamado a la calma, a la oración y a la fraternidad, señalando que la Iglesia también debe administrar la esperanza sin provocar nuevos enfrentamientos. Desde el Vaticano, el Papa León XIV expresó “profunda preocupación”[2] por los acontecimientos y subrayó que el bien del pueblo venezolano y el respeto al estado de derecho deben prevalecer sobre cualquier consideración política. Asimismo, instó a superar la violencia y trabajar por caminos de justicia y paz, haciendo hincapié en la soberanía y estabilidad de la nación.
Organizaciones cristianas y líderes religiosos en Estados Unidos han respondido al llamado con rezos por la paz y la reconciliación en Venezuela. Varios obispos católicos en el exilio ven la situación como una oportunidad histórica para que la Iglesia recupere su rol de soporte moral en una Venezuela que durante décadas ha sufrido una profunda crisis económica, social y de libertades[3].
No obstante, la cautela de los obispos venezolanos refleja también el peligro real de que grupos radicales afines al régimen intenten consolidar un ambiente de venganza, incluso contra templos, escuelas y sacerdotes percibidos como aliados de la oposición. Este temor remite a experiencias de persecución religiosa en otros países socialistas de la región como Nicaragua, por ejemplo. La Iglesia católica venezolana transitó históricamente tensiones con el chavismo por su defensa de la dignidad humana y la libertad religiosa. Hoy, con la caída del régimen en curso, el desafío para los líderes eclesiásticos será sostener su papel mediador sin permitir que Venezuela caiga en un vacío de poder o en nuevas formas de represión.
[1] Fuente: https://fsspx.news/es/news/venezuela-la-iglesia-la-expectativa-56459
[2] Fuente: https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-01/papa-leon-xiv-angelus-llamamientos-4-ene-26-venezuela.html
[3] Fuente: https://www.wral.com/news/ap/bd23a-us-christian-leaders-minister-to-an-anxious-diaspora-with-venezuelas-future-in-flux/




