El fenómeno, que coincide con el cierre de un polémico acuerdo que reconfigura la operación de la plataforma en suelo estadounidense, alimenta un debate público sobre privacidad, influencia política y poder corporativo.
El 22 de enero de 2026, TikTok y varios inversionistas concluyeron la creación de una nueva entidad llamada TikTok USDS Joint Venture LLC, mayoritariamente controlada por capitales estadounidenses y con participación de empresas como Oracle, Silver Lake y MGX. La medida —diseñada para evitar la prohibición de la aplicación por razones de seguridad nacional— implica que la infraestructura de datos y el algoritmo de recomendación sean gestionados bajo criterios y supervisión dentro de Estados Unidos, aunque ByteDance, la matriz china, conserva una participación minoritaria.
En el centro de esta transformación figura Larry Ellison, cofundador y presidente de Oracle, empresa que asegurará el almacenamiento de datos de usuarios dentro de servidores estadounidenses y jugará un papel clave en la supervisión del algoritmo. Este rol ha colocado a Ellison en el ojo de tormentas críticas tanto técnicas como políticas.
Usuarios que decidieron borrar la aplicación han citado preocupaciones por la nueva política de privacidad, que amplía el alcance de datos recopilados e incluye información sensible, desde ubicación y contactos hasta comportamiento dentro de la red social. Esta inquietud por la protección de la privacidad, explican los analistas, ha sido uno de los motores detrás de la masiva retirada de la app.
La influencia política de Ellison y el papel de Trump
La llegada de Ellison al centro de la controversia no se limita a su rol corporativo. Su cercanía histórica con Donald Trump —quien impulsó y avaló mecanismos para mantener TikTok operando en EEUU bajo condiciones de “seguridad” y control nacional— ha generado críticas de sectores políticos y sociales que cuestionan si estas decisiones obedecen más a intereses de poder que a preocupaciones técnicas legítimas.
Algunos analistas describen a Ellison como un “poder en las sombras” (shadow power) debido a su capacidad de influir en decisiones políticas, donaciones a campañas y relaciones directas con figuras del gobierno, sin ser una figura pública típicamente visible ni responder por ello.
El senador independiente Bernie Sanders advirtió en redes sociales que el trato concentra demasiado poder en manos de un solo multimillonario con vínculos directos con Trump, acusando a Ellison de controlar no solo el algoritmo de TikTok en EEUU sino también una vasta red de medios y empresas culturales. “Esto es lo que la oligarquía parece”, escribió Sanders, en alusión a la acumulación de influencia económica y mediática.
Además, desde ámbitos tecnológicos y sociales circula la preocupación sobre el sesgo de contenidos y moderación bajo esta nueva administración de la plataforma, con algunos usuarios y creadores que argumentan que cambios en el algoritmo podrían reflejar inclinaciones políticas o favorecer narrativas alineadas con ciertos intereses conservadores.
La alianza con Trump ha sido interpretada por analistas como parte de su estrategia para posicionar a Oracle en proyectos importantes del Estado (como el papel clave en infraestructura de IA bajo el gobierno republicano) y el trato sobre TikTok.
Su cercanía con Trump es notoria. Organizó un evento de recaudación de fondos para Trump en 2020, lo que provocó protestas de algunos empleados de Oracle que consideraban que esta alianza dañaba la cultura interna de la empresa.
La expansión mediática que lidera (incluyendo el control de grandes empresas como Paramount y potencial fusión con Warner Bros) ha generado inquietudes sobre monopolización de medios y agenda política, especialmente si se considera la supuesta intención de influir en la línea editorial de grandes cadenas informativas.
El papel de Netanyahu y otras controversias
Si bien las críticas vinculadas a Donald Trump son claras y ampliamente documentadas, en sectores digitales también circulan discusiones —más polémicas y con tono de debate sociopolítico— alrededor de la relación de Ellison con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y su apoyo a causas pro-israelíes. Aunque estas discusiones emergen con fuerza en foros y redes sociales, suelen combinar críticas por la concentración de poder corporativo con cuestionamientos sobre alineamientos ideológicos.
La relación se ha traducido en encuentros sociales y donaciones sustanciales a organizaciones vinculadas al ejército israelí, como Friends of the Israel Defense Forces. En 2017, hizo una donación importante de 16,6 millones de dólares a esa organización, récord para la entidad hasta entonces.
Ellison fue uno de los nombres mencionados en una demanda de 2019 (posteriormente desestimada) que acusaba a varios donantes pro-israelíes de conspirar para financiar etnicidad y limpieza en territorios ocupados, lo cual generó críticas de organizaciones palestinas y activistas.
El apoyo a causas pro-israelíes y vínculos con el gobierno de Netanyahu han sido interpretados por críticos como injerencia política a favor de posturas hawkish (duras) en el conflicto de Medio Oriente, lo cual le ha traído reproches especialmente en ámbitos progresistas y de derechos humanos.
Ellison ha defendido históricamente la recolección de datos por parte de agencias de seguridad, desestimando a críticos como Edward Snowden, lo que generó debates sobre su postura sobre privacidad y vigilancia estatal.
Repercusiones inmediatas
El aumento de las desinstalaciones ha coincidido con un crecimiento de descargas de aplicaciones alternativas que intentan captar a usuarios desencantados con TikTok, como UpScrolled, que vio un salto en su posición en las tiendas de aplicaciones tras el éxodo masivo.
El CEO de Rumble, Chris Pavlovski, se pronunció y también prometió «libertad de expresión para siempre» en su plataforma: «Elimina TikTok, descarga Rumble, donde la libertad de expresión es para siempre. Los pantalones cortos llegarán la próxima semana, el 4 de febrero. «Sé el primero.»
Mientras tanto, el debate sobre el futuro de la plataforma continúa en múltiples frentes: desde la defensa de la privacidad de los usuarios y la soberanía de los datos, hasta el cuestionamiento de cómo las decisiones políticas y corporativas pueden moldear no solo el destino de una red social global, sino también la experiencia digital de millones de personas.




