Steve Bannon y su fórmula de éxito

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Es interesante estudiar la visión de quien fue el estratega de campaña de Donald Trump. Quien luego de la victoria electoral, se convertiría en Estratega en Jefe de la Casa Blanca.

Generalmente la victoria y el ascenso de ciertas personalidades a la cima del poder, no son el fruto de la mera casualidad. El trabajo duro, el esfuerzo, la perseverancia, la anticipación, y la comprensión de la realidad, permiten explicar mucho de los éxitos alcanzados por figuras notables.

Como reaccionó y pensó frente a determinados episodios describen la fórmula del éxito.

Cuando Hillary Clinton pronunció su discurso en Reno, Nevada. Por primera vez habló del movimiento emergente de Trump y la derecha alternativa. Hillary trazó una línea recta vinculando a Trump con Bannon, Bannon con la Alt-right, y la Alt-right con el racismo y la islamofobia. Su objetivo era desacreditarlo. Pero aquí está lo interesante. Steve Bannon veía esto como una ventaja a su favor. ¿Cuál era la extraña lógica de Bannon?

En una entrevista realizada a Gadi Taub del diario Haaretz 2018 dijo y cito: “Aquí, pensó ella, ¡Fue una oportunidad para exponer el verdadero rostro del candidato republicano! Frente a ello “Me senté allí con todos los jóvenes [de la campaña de Trump, y miramos los televisores”, “y dije: ‘¿Viene de la playa para hablar sobre Steve Bannon y Breitbart?’ ¿Me estás tomando el pelo? Les dije a los chicos: ¡se acabó, la aplastaremos!»

Steve curiosamente quería que los demócratas siguieran jugando con la narrativa de la política de identidad. No le molestaba que siguieran gritando y acusando a Trump de «¡Racista!» (aunque no lo fuera).

 Según SU criterio, simplemente eran ellos los que en realidad estaban cavando su propia tumba. Porque los estadounidenses, -dijo Bannon en la entrevista-, son una nación de inmigrantes y, en su mayoría, de hecho, no son racistas. En su anticipatoria ecuación mental dijo algo realmente revelador. Barajó que si los demócratas seguían jugando “la carta de la raza” el escenario los favorecería. Para él:

La campaña evolucionaría algo como esto: Trump dirá que los mexicanos están quitando los trabajos de los estadounidenses, que están haciendo caer los salarios. Donald se enfurecerá contra ellos con su franqueza característica. Hillary responderá con el reflejo demócrata estándar: la forma en que Trump habla de los mexicanos es racista, dirá. El votante al que se dirige Bannon mirará a ambos candidatos y se dirá a sí mismo: Aquí hay un candidato que está hablando de mis problemas; y aquí hay un candidato que dice que no es agradable hablar de mis problemas. Pan comido. Tales estadounidenses comunes y corrientes caerán directamente en el regazo de Trump.

Lo mismo ocurriría con el terrorismo y el Islam. Trump se referirá al «terrorismo islámico»; Hillary lo llamará islamófobo. El estadounidense común se preguntaría cuál de ellos sería mejor para lidiar con el terrorismo: el que habla de él o el que tiene miedo de llamarlo por su nombre. El triunfo estaba garantizado.

“Le dije a Trump”, dice Bannon, que «si ella continúa en esta línea, 100 por ciento de certeza metafísica, ganarás. Cien por ciento.»  Y así fue, el tiempo le dio la razón.

Otra arista polémica de Bannon, fue el planteo económico. Él propugnaba la vía de un capitalismo neomercantilista, que analizo detalladamente en mi libro «Trump contra el Globalismo TOMO II» pero que él llamó «Nacionalismo económico». Y que en gran parte aplicó el presidente republicano con su guerra de aranceles y su conocido proteccionismo. Cuando en la entrevista antes citada se le preguntó a Bannon sobre el mismo, respondió:

“Nacionalismo económico” significa una doble lucha contra las fuerzas que deprimen los salarios de los trabajadores estadounidenses: la inmigración ilegal y la exportación de puestos de trabajo a China y al mundo en desarrollo a través de acuerdos comerciales de los que se benefician las élites. En otras palabras, es una lucha que se centra en el nexo crítico entre la economía y las fronteras. Por lo tanto, también es una lucha para revitalizar un orden internacional en el que los Estados-nación son los pilares de la estabilidad. Es una lucha contra el globalismo, el internacionalismo, “el partido de Davos”, la UE y otras organizaciones internacionales que compiten por la soberanía contra el estado-nación. Este no es un tema abstracto para los expertos. Esto es algo que los estadounidenses comunes y corrientes sienten instintivamente porque les duele en el bolsillo: ven desaparecer los puestos de trabajo; ven el cierre de las fábricas. La corrección política es un juego de la élite, para la élite, por la élite. Clinton pudo haber pensado que estaba extendiendo su protección a los oprimidos cuando habló de diversidad, pero los oprimidos reales estaban más descontentos por la pérdida de sus ahorros. Entonces, cuando Clinton describió a los votantes de Trump como racistas y los denigró, o algunos de ellos, calificándolos de «deplorables», pisó una mina terrestre. (Haaretz, 2018)

Allí está el porqué, a pesar de la batería de fake news de la prensa progresista, Trump se alzó con la victoria. La polémica aumentaba su imagen, era publicidad gratis, ya que Trump en realidad nunca pasaba la raya, solo jugaba en los límites provocando a la generación de cristal. Era suficiente. La provocación, la anticipación y tener los pies en la tierra para responder a las demandas del pueblo, esas fueron las claves de una victoria inesperada.

Por Theo Belok, analista geopolítico y escritor del libro “Trump contra el Globalismo”.