Durante su participación en el podcast conservador The Katie Miller Podcast, Kennedy fue consultado sobre quién, dentro del entorno presidencial, mantenía los hábitos de vida menos saludables. Su respuesta fue directa y acompañada de un tono entre humorístico y crítico: “No sé cómo sigue vivo, pero lo está”, dijo al mencionar a Trump, provocando risas en el estudio.
El comentario apuntó específicamente a la dieta del presidente cuando se encuentra fuera de sus residencias habituales, como la Casa Blanca o Mar-a-Lago. Según RFK Jr., en esos contextos Trump suele recurrir de manera constante a comida rápida y productos ultraprocesados, una costumbre que, a juicio del secretario de Salud, resulta difícil de compatibilizar con la longevidad y la energía que el mandatario exhibe públicamente.
Kennedy mencionó marcas y consumos que desde hace años forman parte del imaginario público sobre el presidente: McDonald’s, KFC, dulces y grandes cantidades de Diet Coke, bebida que Trump ha reconocido consumir de manera habitual. De hecho, el propio secretario relató que quienes viajan con el mandatario suelen comentar, medio en broma y medio en serio, que Trump parece “llenarse de veneno todo el día”.
No obstante, el funcionario introdujo un matiz importante. Aclaró que cuando Trump permanece en su propio entorno, especialmente bajo supervisión médica y con acceso a chefs y menús controlados, su alimentación tiende a ser más saludable. La crítica, por lo tanto, estuvo dirigida sobre todo a los hábitos que el presidente adopta durante viajes, actos públicos o jornadas extensas fuera de agenda.
El comentario de RFK Jr. se inscribe en un contexto más amplio de debate sobre la salud física y el estado general del presidente, un tema recurrente dada su edad y su estilo de vida. A pesar de su conocida predilección por la comida rápida, Trump ha superado sin mayores sobresaltos los exámenes médicos oficiales, cuyos resultados han sido presentados por su entorno como prueba de una condición física “muy buena” para su edad.
Desde el punto de vista político, las declaraciones no fueron un ataque frontal, sino más bien una observación irónica desde dentro del propio gobierno, que combina cercanía personal con una mirada crítica sobre los hábitos del presidente. Aun así, el comentario volvió a poner en primer plano una paradoja que intriga tanto a médicos como a analistas: cómo Trump mantiene altos niveles de actividad política y presencia pública pese a un estilo de vida que contradice casi todos los manuales de salud preventiva.




