En un hecho sin precedentes para la ciencia regulatoria, la revista Elsevier anunció la retractación formal de un estudio publicado hace 25 años que había concluido que el herbicida Roundup, cuyo principio activo es el glifosato, no representaba riesgos para la salud humana. El artículo —uno de los más citados en el debate internacional sobre toxicología agrícola— fue retirado por graves fallas de integridad científica, conflicto de intereses y autoría fantasma vinculada a la compañía Monsanto.
Un pilar regulatorio que se derrumba
El estudio, publicado originalmente en la revista Regulatory Toxicology and Pharmacology en el año 2000, fue utilizado durante décadas como respaldo técnico por agencias reguladoras, gobiernos y empresas para sostener que el glifosato era seguro para humanos.
Su título, Safety Evaluation and Risk Assessment of the Herbicide Roundup and Its Active Ingredient, Glyphosate, for Humans, se convirtió en una referencia obligada: para muchas autoridades sanitarias, era la piedra angular que justificaba la continuidad del herbicida más usado del planeta. La retractación actual invalida formalmente esas conclusiones.
La revisión editorial que culminó con la retirada del artículo reveló una cadena de irregularidades:
-Autoría fantasma: documentos internos demostraron que empleados de Monsanto participaron directamente en la redacción del estudio sin ser listados como autores.
-Conflictos de interés ocultos: los autores no declararon pagos o vínculos potenciales con la compañía fabricante del herbicida.
-Selección sesgada de datos: se excluyeron estudios relevantes sobre carcinogenicidad y toxicidad crónica, mientras se basaban en datos no publicados provistos por la empresa.
-Imposibilidad de confiar en las conclusiones: el editor jefe determinó que la integridad científica del manuscrito estaba comprometida a un nivel incompatible con su permanencia en la literatura científica.
La revista calificó el caso como una “violación grave de estándares éticos”.
Impacto global: implicancias regulatorias y políticas
La decisión llega en un momento de creciente escrutinio internacional sobre los herbicidas. La Organización Mundial de la Salud había advertido años atrás que el glifosato era “probablemente cancerígeno”, mientras que la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. y reguladores europeos mantuvieron posiciones más conservadoras, apoyándose —en parte— en estudios como el ahora retractado.
La caída de este artículo es especialmente significativa porque se encontraba entre el 0,1% de los estudios más citados en su área, fue utilizado en procesos de aprobación y reautorización del glifosato en múltiples continentes y sirvió como argumento para desestimar demandas judiciales vinculadas a casos de cáncer presuntamente asociados al herbicida.
Expertos en integridad científica consideran que la retractación podría abrir la puerta a revisiones regulatorias globales.
Reacciones: entre indignación y llamados a reforma
Organizaciones ecologistas y grupos de salud pública celebraron la retirada como un reconocimiento tardío de que “la ciencia regulatoria estuvo capturada por intereses corporativos”.
Investigadores independientes señalan que el caso muestra la necesidad urgente de establecer reglas estrictas sobre conflicto de intereses, aplicar transparencia total en los datos utilizados para evaluar agroquímicos y prohibir la participación encubierta de empresas en estudios que luego se presentan como independientes.
Por su parte, defensores del uso del glifosato recuerdan que la retractación de un estudio no implica automáticamente que el herbicida sea peligroso. Sin embargo, coinciden en que la pérdida de una referencia clave modifica el panorama.
Más allá del glifosato: un precedente histórico
El escándalo se inscribe en un debate más amplio sobre la influencia de la industria en la investigación científica que fundamenta regulaciones en sectores como agroquímicos, farmacéuticos y energía.
Para numerosos analistas, este caso marca un antes y un después: demuestra que incluso estudios “canónicos” pueden desmoronarse cuando salen a la luz prácticas opacas.
La retractación del estudio que durante un cuarto de siglo defendió la seguridad del glifosato no solo golpea a Monsanto y al herbicida más usado del mundo: pone en evidencia un problema estructural en la producción de ciencia regulatoria, cuestiona decisiones políticas tomadas durante décadas y abre un nuevo capítulo en la disputa global por el futuro de los agroquímicos.




