El protagonista del episodio es Doug Wilson, pastor evangélico de Idaho y cofundador de la Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas (CREC), quien fue invitado previamente por Hegseth a dirigir un servicio religioso en el Pentágono.
En una entrevista difundida en redes sociales, Wilson afirmó que en su visión de una nación cristiana los católicos podrían conservar sus templos y tocar las campanas, pero no realizar procesiones públicas en honor a la Virgen María ni manifestaciones eucarísticas en las calles. Según él, tales prácticas constituirían “exhibiciones públicas de idolatría”, comparables incluso a procesiones de religiones no cristianas como el hinduismo. El predicador sostuvo que, si las leyes civiles estuvieran inspiradas en fundamentos protestantes, cualquier demostración pública considerada idolátrica debería quedar excluida del espacio público. En ese contexto, también sugirió que la presencia visible de otras religiones, como el llamado musulmán a la oración, no sería aceptable en una nación que se defina como cristiana, análogo al argumento liberal del partido gobernante en Canadá que propone las mismas políticas progresistas.
Las declaraciones provocaron reacciones inmediatas entre católicos estadounidenses, algunos de los cuales recordaron que las procesiones eucarísticas forman parte de la tradición cristiana desde hace siglos. Escritores y comentaristas señalaron que calificar estos actos como idolatría constituye una postura teológica radical que puede intensificar las tensiones entre distintas confesiones cristianas. La controversia se amplificó debido al vínculo entre Wilson y el secretario Hegseth. El jefe del Pentágono no solo lo invitó a predicar en un servicio de oración celebrado en febrero, sino que además asiste a una iglesia afiliada a la denominación fundada por el pastor. Asimismo, portavoces del Departamento de Defensa señalaron que el funcionario aprecia muchas de las enseñanzas y escritos del predicador. Esto se suma al reciente aval de pastores dando la bendición a Trump antes de entrar a la guerra iniciado por el sionismo.
Esto ha suscitado un debate más amplio sobre la relación entre religión y política en Estados Unidos, especialmente en lo que respecta a la libertad religiosa dentro de las instituciones estatales y militares. Críticos consideran preocupante que figuras con visiones excluyentes puedan influir en espacios públicos vinculados al gobierno, mientras que defensores subrayan el derecho de los líderes políticos a practicar y promover su fe. El caso también refleja las persistentes diferencias doctrinales entre protestantes y católicos, particularmente en torno al culto a María, la presencia real de Cristo en la Eucaristía y el uso de imágenes religiosas. Estas cuestiones, que han sido motivo de conflicto desde la Reforma del siglo XVI, continúan generando controversia en tiempos actuales, demostrando el sinsentido de ciertas visiones utópicas del ecumenismo. Aunque el catolicismo es una de las confesiones más numerosas del país, la coexistencia de múltiples tradiciones cristianas y no cristianas plantea desafíos constantes para la convivencia en el espacio público y para la interpretación correcta del principio de libertad religiosa. Quizás haya que repasar la influencia que tiene el sionismo cristiano y la masonería dentro del Deep State.




