Miles de agricultores provenientes de distintos países de la Unión Europea protagonizaron este jueves una masiva protesta frente a las sedes de las instituciones comunitarias en Bruselas, en una jornada marcada por bloqueos con tractores, enfrentamientos con la policía y una fuerte carga simbólica contra las políticas comerciales y agrícolas del bloque. La movilización coincidió con una cumbre clave de líderes europeos, lo que amplificó su impacto político y mediático.
El principal detonante de la protesta es el rechazo frontal del sector agrícola al acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur —que involucra a Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay—. Los agricultores denuncian que dicho tratado abriría el mercado europeo a productos agrícolas más baratos, producidos bajo estándares ambientales y laborales menos exigentes, lo que, según afirman, pone en riesgo la supervivencia del campo europeo .
A este reclamo se suma el malestar por posibles recortes y reformas en la Política Agraria Común (PAC), uno de los pilares históricos de la UE. Los manifestantes sostienen que la Comisión Europea exige más obligaciones ecológicas mientras reduce apoyos económicos, generando una ecuación que consideran “inviable” para las pequeñas y medianas explotaciones.
Desde primeras horas del día, cientos de tractores ingresaron a Bruselas, bloqueando accesos estratégicos al barrio europeo, donde se concentran la Comisión Europea, el Consejo y el Parlamento Europeo. Se estima que entre 8.000 y 10.000 agricultores participaron de la movilización, paralizando el tránsito y afectando el funcionamiento normal de la capital belga.
Con el correr de las horas, la protesta escaló en tensión. Grupos de manifestantes arrojaron productos agrícolas —como papas, huevos y remolachas— contra cordones policiales, mientras se registraron quemas de neumáticos y pequeños incendios en zonas cercanas al Parlamento Europeo. La policía belga respondió con gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a los manifestantes y evitar el avance hacia edificios oficiales.
Las consecuencias inmediatas: presión política y divisiones internas
Aunque no se reportaron víctimas graves, los incidentes dejaron en evidencia una profunda fractura entre las instituciones europeas y el sector agrícola, que ya había protagonizado protestas similares a lo largo de 2024 y 2025 en Francia, Alemania, Países Bajos, Polonia y España. La jornada de Bruselas marca, sin embargo, un punto de inflexión, al llevar el conflicto directamente al corazón político de la UE.
A nivel político, varios gobiernos —entre ellos Francia, Italia y Polonia— reiteraron sus reservas respecto del acuerdo con Mercosur, mientras otros Estados miembros presionan para avanzar en su ratificación. Esta división dificulta el consenso necesario y añade incertidumbre sobre el futuro del tratado.
Una crisis más profunda: el modelo agrícola europeo en cuestión
Más allá del acuerdo comercial puntual, la protesta revela una crisis estructural del modelo agrícola europeo. Los agricultores denuncian que la UE exige competitividad global, transición ecológica y precios bajos, pero sin garantizar protección efectiva frente a la competencia externa ni ingresos sostenibles. En este sentido, la movilización no es solo contra Mercosur, sino contra una estrategia económica que, según el sector, sacrifica al campo en nombre del libre comercio.
La protesta del 18 de diciembre deja así un mensaje claro: el malestar rural en Europa está lejos de disiparse y amenaza con convertirse en un factor político de peso en un contexto de desaceleración económica, tensiones geopolíticas y creciente desconfianza hacia las instituciones comunitarias.




