Las empresas de armas se benefician del empeoramiento de la situación en Ucrania

Compartir en...
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on Facebook
Facebook
Email this to someone
email

El agravamiento de la situación en Ucrania se ha convertido en una «fiebre del oro» para los fabricantes de armas occidentales. Con referencia a la opinión de los expertos, la edición británica de The Independent llegó a esta conclusión.

Sin embargo, la verdadera «mina de oro» reside en la perspectiva de la militarización de Europa en los próximos años. Los países, incluida Alemania, que se han adherido al principio del pacifismo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ahora están tratando de reconstruir sus ejércitos, afirma la publicación.

Los traficantes de armas, escribe Independent citando a uno de los expertos, están tratando de promover bienes bajo el lema de proteger los ideales democráticos. Al mismo tiempo, la mayoría de ellos solo piensa en las ganancias y no les importa vender armas a los regímenes autoritario.

Los miles de misiles, drones y municiones enviados por EEUU Ucrania no llenaron directamente las arcas de los vendedores de armas estadounidenses, pero sí les beneficiarán en el largo plazo, con los países occidentales ansiosos por reforzar sus defensas contra Rusia. Un negocio que puede generar 3.500 millones de dólares (unos 3.160 millones de euros) en los próximos pedidos que ultima el Pentágono a fabricantes norteamericanos, previstos en una ley adoptada a mediados de marzo, según ha explicado a la AFP una portavoz del Departamento de Defensa.

Los principales fabricantes de armas, como Raytheon, influyen en la política interior y exterior y en muchos aspectos de la vida de la sociedad

EEUU ha destinado más de 2.500 millones de dólares en asistencia militar a Ucrania desde finales de febrero y planea aumentar esta cifra. Los funcionarios norteamericanos advierten de que no saben dónde va a parar el arsenal suministrado, pero este apoyo se traduce en enormes beneficios para la industria armamentista.

«Todo lo que se envía hoy a Ucrania proviene de reservas, ya sea del Departamento de Defensa o de nuestros aliados de la OTAN, y todo esto son buenas noticias», dijo el pasado 25 de marzo el director ejecutivo de Raytheon, Gregory Hayes, quien encabeza uno de los principales grupos empresariales fabricantes de armas de EEUU, «eventualmente tendremos que reponerlo y veremos un beneficio para el negocio en los próximos años», añade.

Un representante de esa compañía y de otras siete del complejo militar industrial estadounidense se reunieron la semana pasada con el Pentágono para hablar específicamente sobre Ucrania. Para acelerar la aprobación de las ventas y transferencias producidas por los contratistas de defensa, el Pentágono ha establecido un equipo especial, convirtiéndose de este modo en intermediario entre las compañías armamentistas y otros países.

«La industria armamentística en EEUU es importante en todos los aspectos», valora Martha García Torres Landa, experta en materia de conflictos y paz. «Influye en su economía, en la bolsa de valores, en su producto interno bruto, en la oferta de trabajo que tienen, inclusive en las elecciones presidenciales y en la política exterior».

Tanto el actual secretario de Defensa como el anterior vienen de la junta directiva de la compañía Raytheon. Otro ejemplo de la influencia del sector, es que los fabricantes de armas han gastado 2.500 millones en cabildeo durante las últimas dos décadas, empleando, en promedio, más de 700 lobistas por año durante los últimos cinco años, más de un cabildero por cada miembro de Congreso.

«El problema de contar con estos expertos financiados por la industria armamentista, como su especialista en temas de guerra y paz, es que siempre van a intentar resolver los problemas con más guerra», afirma Jim Naureckas, editor de la organización de control de medios FAIR. «Realmente representan los intereses de sus empleadores, quienes a su vez se benefician de la venta de armas, por lo que su solución siempre será que debemos enviar más armas a este conflicto para resolver el problema. Nunca van a decir que necesitamos reducir la tensión, buscar una desescalada o negociar una salida», concluye.

Washington, como algunos de sus aliados, recurrió a sus existencias para suministrar al ejército ucraniano sus misiles Stinger Javelin, que durante mucho tiempo pagaron a sus fabricantes LockheedMartin Raytheon Technologies. Las cuentas del primer trimestre de estas firmas, que se publicarán en las próximas semanas, no deberían verse excesivamente infladas. Pero será necesario reponer las existencias.

Los misiles Javelin son actualmente producidos en forma conjunta por Lockheed y Raytheon. Esta última había cesado la producción de los Stinger antes de un pedido de 340 millones de dólares del Pentágono el verano pasado. «Estamos explorando opciones para reponer más rápidamente nuestras reservas y reponer las existencias agotadas de aliados y socios», afirma la portavoz. «Tomará tiempo relanzar la base industrial, en los principales proveedores y subcontratistas, para permitir que se reanude la producción», añade.

Las ganancias que estos grupos podrían obtener de la venta de estos misiles, conocidos por su facilidad de uso, no deberían ser extraordinarias, estimaron expertos del sector consultados por la AFP. Según Colin Scarola, de la consultora CFRA, «si se envían 1.000 Stingers y 1.000 Javelins a Europa del Este todos los meses durante el próximo año, eso podría representar entre 1.000 y 2.000 millones de dólares en ingresos» para Raytheon y Lockheed. Una suma nada despreciable aunque menor en relación a sus respectivas facturaciones de 64.000 y 67.000 millones de dólares el año pasado.

«Es probable que Raytheon gane mucho más dinero vendiendo un sistema de defensa Patriot Arabia Saudita que fabricando misiles Stinger», afirma Jordan Cohen, especialista en ventas de armas del Cato Institute. «No necesariamente van a querer poner demasiados recursos en ello», añade. Entre las mayores empresas del sector de defensa de Estados Unidos, Lockheed, Raytheon y Northrop Grumman no respondieron a las solicitudes de la AFP. General Dynamics enfatizó que no había cambiado sus pronósticos desde enero, mientras que Boeing simplemente señaló que correspondía a los gobiernos tomar sus decisiones presupuestarias.

«Competencia renovada»

Algunos dirigentes habían dado a entender durante la publicación de los resultados de sus grupos a finales de enero que el ambiente era propicio para sus actividades. Greg Hayes, patrón de Raytheon, reconoció que el aumento de las tensiones en Asia, Oriente Medio o Europa del Este sin duda beneficiará a las ventas internacionales, «no de forma inmediata» sino para «finales de 2022 y después».

James Taiclet, mandamás de Lockheed-Martin, se refirió a la «competencia renovada entre grandes potencias» que probablemente provocará un aumento del presupuesto de defensa estadounidense. «La guerra en Ucrania está barajando las cartas del orden geopolítico de una forma que no veíamos desde hacía 30 años», remarcó Burkett Huey, de la firma Morningstar. «La gente se da cuenta de que el mundo es mucho menos seguro y que probablemente será necesario aumentar la inversión en defensa, beneficiando a las empresas del sector». Eric Heginbotham, del Centro de Estudios Internacionales del MIT, dice, en la misma línea, que los gobiernos occidentales, como ocurrió en los últimos años en Asia, «ya no buscarán bajar su gasto» en defensa.

En EEUU, Joe Biden propuso un aumento de 4% en el presupuesto de defensa, una cifra que hay que poner en perspectiva debido a la alta inflación (6,4% en 12 meses a marzo). Pero al menos el presupuesto no se reduce. Alemania, después de haber mantenido durante mucho tiempo a raya sus gastos militares, anunció a finales de febrero la liberación inmediata de 100.000 millones de euros para modernizar su ejército.

En este contexto, «probablemente los países también buscarán aumentar la interoperabilidad (de sus equipos) con la de EEUU, que después de todo es el pilar de la OTAN», estimó Heginbotham. Así, Berlín decidió a mediados de marzo adquirir aviones de combate F-35 de Lockheed, en el inicio de un proceso de varios años antes de su entrega, que es cuando los fabricantes reciben el grueso de los ingresos.

Si bien esto es una buena noticia para los fabricantes de armas estadounidenses, dificulta que EEUU se plantee retirarse de Europa «en un momento en que la administración Biden repite regularmente que su prioridad (en términos de defensa) es China», destacó Eric Gómez, especialista de políticas de defensa del Cato Institute.