La guerra con Irán ha tenido un impacto muy fuerte en la industria petrolera y gasífera del Golfo Pérsico, porque esa región concentra una gran parte de la producción mundial y depende de rutas marítimas muy vulnerables, especialmente el Estrecho de Ormuz, por donde normalmente pasa cerca del 20% del petróleo y gas mundial.
Cuando ese paso se bloquea o se vuelve peligroso por ataques, muchos países no pueden exportar su producción, aunque sigan extrayendo petróleo. Eso ha provocado cierres de refinerías, reducción de producción y ataques directos a infraestructura energética en varios países del Golfo.
Arabia Saudita cerró sus yacimientos offshore (Safaniya, Marjan, Zuluf, Abu Safa), recortando entre 2 y 2,5 millones de b/d; utilizando Yanbu y el oleoducto Este-Oeste como alternativas, intentando desviar exportaciones por oleoductos hacia el Mar Rojo para evitar Ormuz. Sufrió ataques a instalaciones clave, especialmente la refinería de Ras Tanura, una de las mayores del mundo.
Iraq redujo su producción de 4,42 millones de b/d en febrero a 1,2-1,3 millones de b/d es decir, cerca de un 70 % menos producción, redirigiendo el crudo a refinerías nacionales; el oleoducto del norte a Turquía también fue cerrado. Irak depende casi totalmente del Golfo para exportar y no tiene rutas alternativas suficientes.
Kuwait redujo su producción de 2,59 millones de b/d a alrededor de 2 millones, y podría caer a 1,5 millones de b/d; las refinerías operan a aproximadamente el 50% de su capacidad. Declaró fuerza mayor (incapacidad contractual de exportar) por reducción de producción ante la falta de rutas de exportación. Kuwait es uno de los países más vulnerables, porque depende casi totalmente del Golfo para exportar.
Los Emiratos Árabes Unidos redujeron su producción a 2,7–3 millones de b/d, desviando parcialmente el crudo a través del oleoducto Adcop (1,7–1,8 millones de b/d) y la refinación interna. Sufrieron el incendio y daños en el puerto petrolero de Fujairah, uno de los mayores centros de almacenamiento de petróleo del mundo, causando un impacto importante en logística y almacenamiento.
Bahréin declaró fuerza mayor tras el ataque a su refinería. Es un país pequeño y no tiene una producción petrolera tan grande como sus vecinos, pero sí posee una infraestructura de refinación muy importante para la región. El punto más crítico fue la refinería de Sitra Refinery, operada por la empresa estatal Bapco Energies. Se registraron incendios y daños en instalaciones tras ataques con drones o misiles y parte de la refinería tuvo que detener operaciones temporalmente. Bahrein está en una posición muy delicada porque está muy cerca de Irán (menos de 200 km).
Qatar suspendió totalmente la producción de LNG (gas natural licuado) en instalaciones clave como Ras Laffan. El país produce cerca del 20% del LNG mundial, por lo que el impacto global es enorme. Declararon causa de fuerza mayor en exportaciones con la consecuencia de que el mercado mundial de gas es uno de los más afectados.




