Izquierda y derecha: ¿una división vigente?

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Izquierda y derecha son conceptos antitéticos. Conforman una división que lleva siglos en el lenguaje político de Occidente. No obstante su longevidad, se pone en duda- y no es un cuestionamiento para nada nuevo- su eficacia para clasificar los fenómenos políticos y su uso en un mundo tan complejo como el actual. ¿Acaso esta división sigue vigente?

Para responder esa pregunta debemos conocer su origen. En la Francia de 1789, a inicios de la Revolución, se llevó adelante la Asamblea Nacional Constituyente. Uno de los temas debatidos de mayor relevancia fue el veto real (la capacidad del rey para vetar leyes). Para una mejor y más simple organización, se sentaron a la izquierda quienes estaban en contra, y a la derecha quienes estaban a favor. Tal organización espacial fue un reflejo de las posturas políticas del momento, aunque la división no quedó estancada en ese contexto y en esa disputa política particular.

Con el paso del tiempo se fueron incorporando ideologías que han desplazado a otras en el espectro político y acontecieron hechos que han llevado a alianzas entre quienes otrora fueron contrincantes. En el siglo XVIII los conservadores (derecha) combatían contra los liberales (izquierda). Pero en el siglo XIX aparecen en escena los socialistas (Fourier y Owen, luego Marx y Engels), los cuales desplazaron de la izquierda a las ideas liberales del siglo pasado. En el siglo XX se produce la colisión de dos grandes modelos políticos-económicos: el capitalismo y el comunismo, dando paso a la Guerra Fría, que llevó a conservadores y liberales a una alianza momentánea frente al monstruo soviético. Por último, el siglo XXI parece caracterizarse, por lo menos hasta ahora, por la disputa entre el patriotismo y el globalismo. Algunos dirán que esta última viene a superar la división clásica entre izquierda y derecha, que ha quedado obsoleta en un mundo sumamente cambiante y complejo. Es una afirmación tan aventurada como errónea. Este nuevo conflicto no es ajeno al espectro político convencional ni viene a reconfigurarlo, sino que, por el contrario, está englobado en la amplitud de la izquierda y la derecha- como los otros conflictos de los últimos siglos que hemos mencionado-. Atribuyo este error a un gran motivo: la falta de comprensión de los alcances de la izquierda y la derecha a lo largo del tiempo.

Como primer punto, estos conceptos antagónicos suelen ser confundidos con esencias, con términos inmutables. Como hemos mencionado anteriormente y como ha explicado Prezzolini en su Manifiesto de los conservadores, derecha e izquierda son accidentales, pero no por eso menos útiles. La distinción no tuvo lugar para aprehender algo eterno o porque sea eterna de por sí, simplemente se originó por conveniencia y para una mejor organización. Segundo, derecha e izquierda son lugares. Y no me refiero exclusivamente a la asamblea que las originó. Un lugar, a diferencia de una esencia (el ser), es una ubicación, un posicionamiento determinado donde algo o alguien se encuentra, que no es lo mismo que ese algo o alguien. Por esto resulta más adecuado decir que uno está a la derecha o a la izquierda y no que es de derecha o de izquierda.  Tercero, derecha e izquierda son contenedores, no contenidos de por sí. Es decir, no son palabras unívocas y absolutas, sino que dentro de ellas se encuentran distintas corrientes y fenómenos, con sus matices, que tienen mayor o menor protagonismo en función del contexto. La coyuntura siempre ha sido clave para discernir (no sin dificultades) entre derecha e izquierda. Los detractores de esta distinción insistirán en que es demasiada simple para abarcar un mundo tan complejo, sin embargo, es precisamente porque el mundo es tan complejo que se la necesita para simplificar y comprender la realidad política.

Por supuesto que la amplitud de ambos términos no suprime todo rasgo distintivo- aunque tanto derecha como izquierda son determinados en gran parte por los vaivenes de la historia-. La derecha, como nos señala la experiencia, parece tener un afecto particular por la jerarquía, el orden (entendiéndolo como sinónimo de armonía), la herencia y la identidad. Mientras que la izquierda abraza el igualitarismo, los cambios radicales como medio predilecto, un ideal de progreso y la configuración de la identidad a partir de la subjetividad- despreciando, necesariamente, cualquier parámetro objetivo de identidad-.

Respondiendo directamente la pregunta con la que iniciamos: sí, la división entre izquierda y derecha goza de plena vigencia. Y la principal razón de su vigencia es su arraigo popular. Tiene un uso extendido en la sociedad civil, en especial en las personas sin conocimientos sofisticados sobre política; se usa espontáneamente y es tan útil porque permite simplificar la realidad política como ninguna otra. Bien es cierto que es una distinción un tanto difusa, pero también es sumamente práctica. Quizás en su grado de ambigüedad reside el secreto de su practicidad.