Los autores también concluyen que este fenómeno se atenuó en tiempos de crisis social, como la pandemia de COVID-19, lo que «pone de relieve el papel de la música tanto en la formación como en la reflexión sobre el estado de ánimo». Los datos incluyeron más de 20.000 canciones de las listas de éxitos estadounidenses entre 1973 y 2023.
«La música es una de las formas de expresión humana más antiguas y universales, que trasciende barreras geográficas, culturales, lingüísticas y temporales. Como forma de comportamiento individual y social, su estudio requiere un enfoque interdisciplinario que integre disciplinas como la neurociencia, la psicología, la sociología, la musicología y la educación. La música forma parte de la vida cotidiana y cumple diferentes usos y funciones, desde el entretenimiento, la cohesión social, la comunicación, la expresión y regulación emocional hasta el aprendizaje, la relajación y el entretenimiento. La era digital ha transformado radicalmente la interacción humana con la música. La aparición de las plataformas de streaming ha redefinido la relación del oyente con la música, al proporcionar acceso instantáneo a un catálogo prácticamente ilimitado de géneros y estilos musicales. Este fenómeno ha posicionado la música como un bien cultural de acceso inmediato, lo que ha impulsado su consumo y la ha integrado aún más en la vida cotidiana.
En este contexto de acceso masivo, analizar el tipo de música consumida por la población puede utilizarse como indicador empírico para analizar tendencias de consumo, géneros musicales predominantes, formas de comportamiento social asociadas al consumo e incluso estados de ánimo colectivos o valores sociales en un momento dado. El presente estudio proporciona un ejemplo de este enfoque. Los autores aplicaron técnicas de Procesamiento del Lenguaje Natural (PLN) para analizar más de 20.000 letras de canciones que entraron en las listas Billboard Top 100 de Estados Unidos durante cinco décadas (1973-2023). El estudio destaca por la amplitud de su análisis temporal y conjunto de datos, que proporciona una visión consistente y a largo plazo del consumo musical y las tendencias de escucha entre el público. Esta amplia perspectiva longitudinal permite analizar la gestión colectiva de los estados de ánimo de los oyentes a través de la música. Los resultados respaldan la tesis de que la música desempeña un doble papel en la gestión colectiva del estado de ánimo, actuando tanto en la gestión como en la regulación emocional, un papel que depende del contexto social y de la intensidad de las emociones colectivas predominantes.
En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el primer informe mundial que examina los beneficios de las intervenciones artísticas para mejorar la salud y el bienestar, validando las artes, incluida la música, como opciones de tratamiento en entornos educativos, terapéuticos y comunitarios. Esta postura se ve reforzada por la presente investigación, que valida la música moderna/popular como indicador cultural y herramienta psicológica para el afrontamiento colectivo. Estos hallazgos respaldan el uso de la musicoterapia, una disciplina clínica basada en la evidencia, para modular el estado de ánimo y los niveles de estrés, fomentar la expresión emocional y la cohesión social, y mejorar la calidad de vida y el bienestar general».
«El estudio revela un aumento sostenido de la negatividad, el estrés y la simplicidad en las letras del pop estadounidense durante las últimas décadas, pero también muestra que esta tendencia se modera en tiempos de crisis social, lo que respalda la idea de que la música funciona como una herramienta espontánea para la autorregulación emocional. Cuando el entorno es emocionalmente abrumador, parece que el público busca letras menos negativas, en consonancia con las investigaciones que indican que la música se utiliza para ajustar los estados afectivos según el contexto. Desde una perspectiva clínica, este patrón es relevante porque sugiere que la selección musical puede utilizarse estratégicamente. En este sentido, estudios recientes muestran que variables individuales como la anhedonia musical/social (García-Rodríguez et al., 2021) o la alexitimia (García-Rodríguez et al., 2023) modulan la respuesta emocional a la música, lo que sugiere que las intervenciones deben ser personalizadas. De igual forma, la investigación en musicoterapia con mujeres en tratamiento contra el cáncer (Fernández-Company et al., 2024) muestra que las intervenciones musicales bien diseñadas pueden mejorar el bienestar y reducir el malestar psicológico, destacando el potencial clínico de la música como recurso regulador.
El estudio también presenta limitaciones significativas que deben tenerse en cuenta: analiza únicamente las letras, excluyendo elementos fundamentales de la emoción musical como la melodía, la armonía y el ritmo; los estímulos musicales representan únicamente la corriente dominante estadounidense, no todo el espectro de la producción y el consumo musical; y los datos son correlacionales, por lo que no permiten establecer una causalidad directa entre los cambios sociales y los cambios musicales. Además, no se consideran factores personales básicos como las diferencias de edad y género en la regulación emocional (Fernández-Company et al., 2024), que pueden afectar significativamente la forma en que las personas usan la música para modular su estado de ánimo.
Aun así, el hallazgo central del estudio es consistente: la música no solo refleja el clima emocional de una época, sino que también actúa como barómetro y amortiguador del malestar colectivo, en consonancia con la evidencia clínica y el uso cotidiano de listas de reproducción para gestionar el estado de ánimo. Estos resultados nos invitan a plantearnos preguntas relevantes sobre cómo aprovechar de forma más deliberada el potencial regulador de la música en contextos de incertidumbre, así como para promover el bienestar psicológico».
«Este estudio muestra que, durante las últimas cinco décadas, las letras del pop estadounidense se han vuelto más estresantes, negativas y simplistas. También muestra que durante crisis sociales como la pandemia de COVID-19, esta tendencia se ha ralentizado, lo que sugiere que la música puede actuar como regulador emocional. Estos resultados son consistentes con los modelos empíricos de preferencias musicales y la evidencia neuropsicológica sobre el papel de la familiaridad musical en la regulación del estrés (Freitas et al., 2018). Además, estos estudios coinciden con otros hallazgos sobre la regulación emocional musical (Fernández-Company et al., 2024) que muestran que los jóvenes usan la música para modular los estados afectivos según el contexto, lo que podría encajar con una interpretación homeostática del estudio: la música puede compensar la carga emocional del entorno.
Sin embargo, publicaciones sobre la paradoja del placer en la música triste (Sachs et al., 2015) podrían ayudar a explicar por qué, en condiciones no críticas, las personas pueden sentirse atraídas por la música negativa sin que esto implique la percepción de un malestar real. Desde una perspectiva práctica, esta paradoja puede ser terapéuticamente útil, ya que la música emocionalmente intensa pero no invasiva podría permitir la conexión con pacientes que están pasando por procesos de duelo, tristeza profunda o desesperación».
«Al hojear el artículo, me pareció curioso e interesante. Me vinieron a la mente varios temas relacionados, como los escritores románticos, en particular Goethe, y la tendencia al suicidio juvenil, que su famosa novela inauguró sin querer. También recordé el concepto de Ortega del «hombre masa», por no hablar de las tendencias musicales que, ya sea a través de las redes sociales o promovidas por productores musicales, siempre pendientes de lo que vende, proliferan y triunfan sin que entendamos del todo por qué, al menos en cuanto a su dudoso valor.
En cualquier caso, pensando solo en la melodía, está comprobado que elegimos la música que queremos escuchar según nuestro estado de ánimo: si te sientes triste, optas por música que profundice tu dolor; si tu cuerpo quiere fiesta, buscas algo más animado y alegre. Y esto, gestionado con sabiduría, puede ser una terapia. Aplicado a los textos, imagino que podría decirse algo similar».




