EL ORIGEN DEL CONFLICTO UCRANIA-PUTIN

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POR THEO BELOK analista geopolítico y escritor del libro “Trump contra el Globalismo”

Por principio, todo amante de la libertad y las naciones independientes, rechaza una intervención militar de tipo expansionista o imperial, dado que viola el principio de no agresión que garantizaría la paz mundial.

Pero Rusia no ha ocupado Ucrania ni tiene intensiones de hacerlo, y por ello su actuación y condena debe ser matizada. El presidente ruso dijo: «Nuestros planes no son ocupar Ucrania” es una “operación militar especial”, también «vemos especulaciones al respecto, sobre el tema de que Rusia tenga la intención de restablecer el imperio, las fronteras del imperio. Esto absolutamente no corresponde a la realidad», afirmó en una reunión con el presidente azerbaiyano, Ilham Aliyev.

Lo que primero hizo Vladimir Putin fue reconocer dos regiones separatistas en Ucrania (Donesk y Lugansk), zonas pro-rusas que vienen siendo asediadas y hostigadas por paramilitares extremistas ucranianos hace 8 años. Miles de mujeres, ancianos y niños ruso-parlantes que quieren pertenecer a Rusia o formar su propio Estado, han muerto en manos de ucranianos. Occidente y los mismos que hoy protestan con furia y autoproclamada empatía, han mirado hacia otro lado durante años. Muchos de los que hoy se manifiestan anti rusos y ponen en su perfil de redes sociales la bandera de Ucrania, hace dos días no sabían siquiera donde quedaba dicho país, ni mucho menos sabían que es un país creado hace solo 31 años.

Lejos de ser visto como un invasor, aquellos nuevos Estados independientes celebraron el ingreso de tropas rusas, y Putin fue visto como un pacificador para aquellas zonas desangradas. Como los intereses de Rusia exceden a los de esas regiones separatistas, Putin ha lanzado un ataque relámpago contra objetivos militares en toda Ucrania incluida Kiev, intentando neutralizar objetivos militares y la gran cantidad de armas que Estados Unidos, Canadá y Reino Unido han enviado al corrupto presidente ucraniano Vladimir Zelensky (la oposición denunció una cuenta millonaria en el paraíso fiscal de Costa Rica). El gobierno Ucraniano cada vez más hostil desde su surgimiento, ha puesto constantemente en jaque la Seguridad Nacional de Rusia. El globalista Zelensky abrió las puertas a los Estados Unidos, quien ha montado laboratorios de armas biológicas, desde los cuales se pueden “escapar” virus muy peligrosos.

Todas las potencias mundiales establecen como una política de defensa, la necesidad de mantener buenas relaciones diplomáticas con sus vecinos, intentando sobre todo que los países  fronterizos estén en gran medida alineados, subordinados, asegurados y estables.

Ucrania en los últimos 20 años, lejos de ser estable o alineada a los intereses de Rusia, se ha convertido en un polvorín, un territorio altamente inestable, con una guerra civil prolongada, golpes de Estado, “revoluciones de color”, fraudes, paramilitares extremistas. Los presidentes ucranianos han sido siempre títeres dirigidos o por Rusia o por Estados Unidos (desde el 2014).

Ucrania como nuevo Estado fue una creación política sumamente artificial. Su vida como Estado independiente tiene apenas 31 años. Luego de la caída de la Unión Soviética (URSS) en 1991, ese gran territorio fue subdividido en 15 repúblicas, una de ellas fue Ucrania.

En el tablero geopolítico esto es un juego de tronos, donde dos superpotencias disputan el control de ese territorio tan estratégico. Europa  importa de Rusia el 40% del gas y el 30% del combustible. Rusia pretende una Ucrania subordinada para mantenerse segura. Estados Unidos por su lado, apuesta por una Ucrania subordinada a Washington para poder asfixiar, rodear, debilitar y provocar a Rusia a su antojo.

Estados Unidos no debería estar allí, intentando someter ese territorio europeo a su voluntad. Ucrania es utilizada por la casta política estadounidense del Partido Demócrata para lavar dinero y hacer grandes negocios. Como el caso de Hunter Biden, hijo del actual presidente Joe Biden, quien se integró a la junta directiva de la compañía de gas ucraniana Burisma, cuando su padre era vicepresidente de EEUU en el 2014, en un denunciado caso de quid pro quo. En aquel entonces Joe Biden impulsaba sanciones económicas contra Rusia defendiendo “El orden internacional que hemos estado construyendo meticulosamente desde después de la Segunda Guerra Mundial”. El intervencionismo estadounidense en Ucrania llegó a crear una sofisticada ingeniería de lavado de dinero a través de la cual la Fundación Clinton recibía el mayor flujo de capitales desde Ucrania, un flujo mayor que el proveniente de Inglaterra o Arabia Saudita.

Tener a EEUU controlando Ucrania, haciendo negocios y utilizando esos territorios como un portaviones, es una amenaza directa a Rusia.

Es una línea roja, una clara provocación, similar a si Rusia orquestara golpes de Estado en México para establecer gobiernos pro-rusos, que les permitiesen colocar sus armas en la frontera de Estados Unidos incluidos laboratorios de biodefensa…

Cualquier análisis lineal o ideológicamente dogmático, en un escenario tan complejo, es esencialmente erróneo. Es necesario ante todo, una mente abierta para abarcar el tema. En Ucrania convergen las contradicciones de lo inimaginable. Una realidad multicausal requiere una explicación con perspectivas amplias que la comprenda.

Se hace necesario partir de un enfoque histórico para saber de qué se está hablando. Los territorios de Ucrania fueron durante más de 1500 años parte de Rusia, es decir parte del antiguo imperio ruso, mucho antes de la creación de la ex Unión Soviética. Ucrania era parte de Rusia. Es por esta razón que el presidente Vladimir Putin, habla de que rusos y ucranianos son «un solo pueblo».

Si uno compara con las aventuras militares de Estados Unidos en Medio Oriente, encontramos un escenario muy diferente. Ucrania es hoy limítrofe respecto a Rusia, no es un país ubicado a miles de kilómetros o en otro continente. Existe una gran hipocresía en aquellas personas que hoy se lamentan de la invasión rusa, mientras que permanecían en silencio frente a las atrocidades que se desataron cuando EEUU invadió y ocupó más de 10 países en las últimas décadas.

Retrocedamos un poco. Luego de la Segunda Guerra Mundial comenzaba la Guerra fría entre EEUU y la Unión Soviética. Se motorizaban entonces una serie de alianzas y tratados para establecer sus zonas de influencia respectivas, dividiendo el mundo en dos. Estados Unidos impulsó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que integran EEUU y países europeos occidentales. Y la URSS impulsó por su lado el Pacto de Varsovia con un puñado de países de Europa del Este, para contrarrestar la nueva amenaza de un avance por parte de EEUU y sus aliados atlantistas.

El objetivo de la OTAN era mantener la URSS fuera de Europa, a Estados Unidos dentro de Europa y a la derrotada Alemania completamente aplastada, dividida y desnazificada. El Pacto de Varsovia intentaba mantener los territorios ocupados por la URSS bajo el dominio comunista.

Cuando cae la Unión Soviética, el pacto de Varsovia también es desmantelado con ella. Se esperaba que la OTAN fuese del mismo modo desmantelada, ya que ésta fue creada para contener la URSS y la misma ya no existía. Pero lejos de desaparecer la OTAN, fueron agrandándola,  anexionando más y más países, acercándose agresiva y provocativamente a las fronteras rusas. La actitud rusófoba de la OTAN y los EEUU eran evidentes.

El presente conflicto ha mostrado lo diversas que pueden ser las interpretaciones y apoyos. Donald Trump ha dicho que Putin es “un genio” por reconocer la independencia de Donesk y Lugansk, destacó que Putin fue «muy inteligente» en su proceder al mandar la que catalogó como «las fuerzas de paz más grandes que jamás he visto«. Luego intentó capitalizar el descontento inspirado por la prensa contra Putin, afirmando que bajo su presidencia, Rusia no había invadido ningún país… “Bajo Bush Rusia invadió Georgia; bajo Obama Rusia invadió Crimea; bajo Biden Rusia invadió Ucrania; me presento como el único presidente del siglo XXI en cuyo gobierno Rusia no invadió ningún otro país” .

“Esta guerra jamás hubiera ocurrido bajo mi administración, todo esto empezó con la humillación y la debilidad demostrada en Afganistán. Putin se dio cuenta y actuó… Probablemente Biden esté durmiendo mientras la guerra ha comenzado” dijo el ex presidente norteamericano. Por su parte el presidente brasilero Jair Bolsonaro afirmó en un viaje relámpago a Moscu: “Somos solidarios con Rusia y estamos muy dispuestos a colaborar en varias áreas”. Los principales referentes de la nueva derecha brindan cierto respaldo al Presidente Putin. También China ha apoyado a Rusia, cubriéndose ambas potencias sus respectivas espaldas y aprovechando el momento para intimidar la isla de  Taiwan con sobrevuelos de aviones militares.

 

Lo que la prensa masiva describía como el comienzo de la Tercera Guerra Mundial, se ha desinflado, a pesar del tono belicista y rusófobo de la Casa Blanca; y toda condena parece limitarse a sanciones económicas contra Rusia. El sueño húmedo de la elite globalista de crear un enfrentamiento bélico a gran escala contra Rusia a nivel internacional -pedido a gritos  por Hillary Clinton en el 2016-, fue interrumpido por los 4 años de la presidencia pacifista de Donald J. Trump. Y no parece ahora contar con el apoyo decidido de otras potencias como Alemania y Francia, dado que dependen de manera directa del suministro de gas y combustible ruso, un AS que Vladimir Putin ha sabido jugar para inclinar la mesa a su favor.

 

Por Theo Belok, analista geopolítico y escritor del libro “Trump contra el Globalismo”