El trasfondo inmediato de estas declaraciones incluye la comparación explícita que Trump hizo entre la invasión de Irak en 2003 y la política estadounidense hacia Venezuela.
Trump sostuvo que George W. Bush cometió un error estratégico al no “quedarse con el petróleo” iraquí, y contrastó esa decisión con su propia visión:
“La diferencia entre Irak y esto es que Bush no se quedó con el petróleo. Nosotros nos quedaremos con el petróleo”.
En ese marco, Venezuela aparece como el caso paradigmático, no solo por sus vastas reservas energéticas, sino porque Trump ha vinculado abiertamente la presión política y militar con el control de recursos naturales, una postura que choca frontalmente con el derecho internacional, que prohíbe la apropiación de recursos de un Estado soberano mediante la fuerza.
Donald Trump, no dedicó ni un minuto a explicar los objetivos de su intervención militar en Venezuela. Ha dejado de lado sus quejas sobre la represión política y el narcotráfico para centrarse en el suministro a Venezuela de lo que él llama «oro líquido».
«Aún no hemos llegado a eso», dijo Trump a los periodistas el domingo cuando le preguntaron sobre los presos políticos en el país. «Ahora mismo, lo que queremos es arreglar el petróleo».
«Es algo sin precedentes», dijo Allison Prasch, profesora de la Universidad de Wisconsin, Madison, quien estudia la comunicación presidencial. «Intenté usar esa palabra con moderación, porque todo es sin precedentes, pero creo que es acertado».
Anteriormente, Trump criticó abiertamente la invasión de Irak durante su primera campaña presidencial (2015–2016), y lo hizo tanto contra Hillary Clinton como contra el establishment republicano, usando ese tema como eje central de diferenciación política.
Trump sostuvo reiteradamente que la invasión de Irak fue un “gran error”, una de las frases más repetidas de sus mítines y debates. Esto fue inusual y disruptivo dentro del Partido Republicano, que históricamente había defendido esa guerra.
Trump acusó a la administración de George W. Bush de haber iniciado una guerra basada en información falsa sobre armas de destrucción masiva, haber desestabilizado Medio Oriente, haber gastado billones de dólares, y haber causado millones de muertes directas e indirectas.
Su frase más citada fue:
“The Iraq war was a big, fat mistake.” (“La guerra de Irak fue un enorme y estúpido error”)
En varios debates presidenciales, Trump remarcó: “Hillary Clinton voted for the Iraq War. I was against it”.
Trump se presentó como el candidato anti-intervencionista, en contraste con Clinton como representante del consenso belicista de Washington.
Durante los primeros años de ocupación en Irak, EEUU tuvo presencia militar directa en zonas petroleras clave, influyó en la reestructuración del sector energético iraquí, e impulsó reformas para abrir el petróleo iraquí a empresas extranjeras.
Empresas como ExxonMobil, Chevron y Halliburton obtuvieron contratos de servicios, contratos de reconstrucción, participación en consorcios petroleros años después.
Halliburton (ex empresa de Dick Cheney) es el caso más polémico, ya que ganó contratos millonarios sin licitación para logística y reconstrucción. Esto alimentó la idea de una “guerra por el petróleo”, aunque no fue una apropiación estatal directa.
La diferencia entre Bush y Trump ahora parece ser más nefasta por ser potenciada por Trump, debido a que Bush justificó la guerra con el engaño de las armas de destrucción masiva, la democracia y la seguridad global. Mantuvo la ficción legal del orden internacional y no habló abiertamente de quedarse con recursos. Mientras que Trump elimina la ficción y dice explícitamente: “Si intervenimos, nos quedamos con el petróleo”.




