La decisión, anunciada el 4 de febrero de 2026, implicó la eliminación o reestructuración de áreas completas de la redacción: la sección de deportes fue desmantelada, multitud de corresponsalías internacionales cerradas, y la cobertura de libros y cultura reducida o suspendida.
Aunque el medio no publicó cifras exactas oficiales de personal, informes de medios estadounidenses y agencias de noticias señalan que más de 300 empleados—principalmente periodistas—fueron despedidos, lo que representa cerca de un 30% a 33% de toda la plantilla del diario.
Los despidos afectaron tanto a corresponsales extranjeros como a reporteros y editores en secciones clave del diario. La medida fue descrita internamente como una de las más profundas en la historia reciente de The Washington Post.
La dirección del periódico, encabezada por el editor ejecutivo Matt Murray, calificó los recortes como “dolorosos pero necesarios” para fortalecer al medio ante cambios tecnológicos, bajada de tráfico digital y la evolución de los hábitos de consumo de noticias. Según la empresa, la transformación busca enfocar recursos en áreas consideradas más estratégicas para el futuro del medio.
En los últimos años, The Washington Post ha sufrido disminución de suscriptores y de ingresos publicitarios, un fenómeno que —en conjunto con costos crecientes— ha llevado a que varios medios tradicionales replanteen sus modelos de negocio. Informes previos a los despidos ya habían señalado que el diario enfrentaba desafíos de crecimiento de audiencia, con una necesidad de encontrar nuevas fuentes de ingreso digital para compensar la caída de la prensa impresa.
Además, el contexto general del sector mediático y de la economía global —en donde la automatización y herramientas de inteligencia artificial han alterado hábitos de consumo y modelos de distribución de noticias— ha presionado a los medios tradicionales a reinventarse.
La medida desató una fuerte crítica interna y externa. Trabajadores, sindicatos y observadores del sector denunciaron que los recortes podrían deteriorar la calidad del periodismo del diario, especialmente en temas locales, deportivos e internacionales.
A los pocos días del anuncio, Will Lewis, editor y director general de The Washington Post, anunció su renuncia al cargo. Lewis, quien había sido nombrado por el propietario Jeff Bezos con la misión de transformar el periódico, explicó que dejaba el puesto tras un periodo de “decisiones difíciles para garantizar la sostenibilidad futura” del medio.
En su reemplazo, fue nombrado Jeff D’Onofrio, director financiero del diario, quien asumió el liderazgo interino para “guiar al periódico hacia un futuro sostenible y exitoso con el periodismo como guía central”.
Reacción del sector
La ola de despidos también produjo movimientos de solidaridad en la comunidad periodística. Campañas de recaudación de fondos organizadas por colegas de los empleados despedidos superaron los 700 mil dólares con miles de donantes, incluyendo aportes de periodistas destacados y excolaboradores, en un gesto que destaca la preocupación por el impacto humano de los recortes.
Los sindicatos que representan a los trabajadores del periódico han criticado con dureza la gestión, acusando a la dirección de tomar decisiones “inaceptables” y contraproducentes que perjudican la misión periodística del medio.
Los recortes significan que The Washington Post, durante décadas uno de los periódicos de referencia mundial, perderá capacidad de cobertura en áreas clave:
-La sección de deportes, hasta ahora una de las más leídas, fue eliminada en su forma tradicional.
-La cobertura internacional en regiones sensibles se ve gravemente reducida, con corresponsales en algunos países dejando de existir.
-La sección de libros y cultura fue cerrada o reconfigurada.
Analistas y críticos advierten que estos cambios podrían traducirse en una capacidad menor para investigar profundamente, monitorear conflictos globales o mantener una cobertura local robusta, lo que puede erosionar la posición del diario como fuente de información integral.
Este suceso no ocurre en aislamiento: se enmarca en una ola más amplia de recortes en medios de comunicación tradicionales, impulsada por presiones económicas, cambios tecnológicos y la competencia de plataformas digitales y redes sociales por la atención del público.
Para muchos analistas, The Washington Post encarna un punto de inflexión: ni siquiera las marcas periodísticas históricas están a salvo de las dinámicas disruptivas del ecosistema de medios del siglo XXI. La pregunta que queda sobre la mesa es cómo reinventar la viabilidad económica del periodismo de calidad sin sacrificar la profundidad y pluralidad de la cobertura que caracteriza a un medio de referencia.




