Explicó cómo las ambigüedades del Vaticano II han alimentado la confusión doctrinal y han permitido que las tendencias antropocéntricas socaven el culto cristocéntrico. La conversación destaca cómo una falsa sinodalidad, inspirada más en sistemas políticos que en la tradición apostólica, está debilitando la estructura y la autoridad de la Iglesia.
El obispo Schneider hizo un llamado a restaurar la claridad, la reverencia y la fidelidad doctrinal, comenzando por la sagrada liturgia. Instó a los católicos a defender la Misa Tradicional en latín y a reformar el Novus Ordo para que refleje mejor la verdadera identidad y misión de la Iglesia. La verdadera evangelización, argumenta, solo será posible cuando Cristo sea restaurado al centro de la vida católica.
Schneider dice que gran parte de la liturgia del «Novus Ordo» fue creada según una «oración judía protestante» y no existía anteriormente. Pero, ¿De dónde surge esa idea? Respecto al protestantismo, la reforma del Misal fue impulsada tras el Concilio y promulgada por Paul VI en 1969. El trabajo técnico estuvo a cargo del Consilium, encabezado por el cardenal Annibale Bugnini. Y durante el proceso hubo observadores no católicos invitados —incluidos protestantes— como parte del espíritu ecuménico del Concilio. Esto está documentado.
Por lo anterior, los críticos tradicionalistas sostienen que se simplificó el lenguaje sacrificial, se enfatizó más la dimensión de “cena” que de “sacrificio”, y se adoptaron estructuras más cercanas a la liturgia reformada protestante. De ahí surge la acusación de “protestantización”.
Respecto a la «oración judía», las nuevas Plegarias Eucarísticas del Novus Ordo (especialmente la II y la III) incluyen fórmulas inspiradas en las berakot, bendiciones judías tradicionales como:
“Bendito seas, Señor, Dios del universo…”
Esa fórmula proviene efectivamente de la tradición judía antigua.
Lo que critican Schneider y otros es que en el Novus Ordo se hicieron más explícitas estas fórmulas. Se redujo la exclusividad del Canon Romano tradicional (que había permanecido prácticamente intacto durante siglos) y se multiplicaron plegarias con redacción moderna.
El Novus Ordo Missae es la forma ordinaria de la misa promulgada en 1969 por Paul VI, tras el Second Vatican Council (1962–1965).
Se diferencia de la llamada misa tradicional o “tridentina” (forma extraordinaria) establecida después del Council of Trent y codificada por Pius V.
Las principales diferencias son el uso de la lengua vernácula en lugar del latín, la celebración “versus populum” (el sacerdote mirando al pueblo), la mayor participación vocal de los fieles y la simplificación de algunos ritos.
Schneider afirma que muchas celebraciones son excesivamente informales y han perdido la dimensión sacrificial y trascendente. Que las improvisaciones, música secularizada, homilías centradas más en lo social que en lo doctrinal. Sostiene que la reforma posterior al Vaticano II incorporó elementos ecuménicos que, según él, diluyeron la claridad sacrificial de la misa. Propone recuperar más elementos tradicionales (latín, orientación ad orientem, comunión de rodillas, mayor silencio).
El tema se volvió más intenso durante los pontificados recientes de Benedicto XVI, que promovió en 2007 el documento Summorum Pontificum, facilitando la celebración de la misa tradicional. Mientras que luego Francisco restringió en 2021 el uso de la misa tridentina mediante Traditionis Custodes, buscando unidad litúrgica. Schneider ha sido crítico de estas restricciones y considera que la tradición litúrgica no debe limitarse.
Schneider representa una corriente tradicionalista que no es cismática (como la Fraternidad San Pío X), pero sí crítica del rumbo posconciliar.
Fuente: LifeSiteNews.com




