Unidades del Ejército están practicando entierros temporales masivos en el campo de batalla para una guerra de altas bajas en Fort Bragg, Carolina del Norte.
Una parcela (fosa común) de entierro estándar alberga 100 bajas. Con ocho bulldozers y cuatro excavadoras, el Ejército dice que podría enterrar temporalmente hasta a 2.400 tropas caídas en 24 horas.
El Ejército informó que los soldados utilizaron las excavadoras y otros vehículos para llenar el espacio de cada parcela en un promedio de 1 hora y 15 minutos.
El objetivo es preservar e identificar restos cuando la evacuación es imposible y el combate aún está en curso. Están probando cómo las excavadoras y las topadoras pueden ayudar a preservar los restos humanos hasta que puedan ser identificados y repatriados a EEUU.
EEUU no ha necesitado esta capacidad a gran escala desde la Guerra de Corea (1950 a 1953) que dejó casi 37.000 soldados estadounidenses muertos.
Según informa Army Times, los ejercicios, denominados Operatión Dragon Convenant, se llevaron a cabo en Carolina del Norte y reunieron a ingenieros militares, capellanes, personal médico, soldados del 3.er Comando de Apoyo del Cuerpo y de la 20.ª Brigada de Ingenieros, además de especialistas en gestión de víctimas mortales para practicar el entierro de un gran número de cadáveres en trincheras temporales en el campo de batalla.
Las normas militares estadounidenses asignan a los comandantes de todos los niveles la responsabilidad de cuidar al personal fallecido y de garantizar que sus restos puedan ser identificados posteriormente.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Ejército operó cementerios temporales en distintos teatros de guerra. Más de 250.000 militares estadounidenses fueron enterrados inicialmente en esos cementerios, antes de que sus restos fueran trasladados a cementerios permanentes o repatriados. La organización especializada era el Graves Registration Service.
El cambio decisivo llegó antes de que EEUU entrara en la Primera Guerra Mundial: en 1913 se establecieron nuevas reglas para documentar los lugares de entierro temporal, y los soldados comenzaron a llevar placas de identificación reglamentarias. Pero el servicio especializado de registro de tumbas se creó en agosto de 1917, después de la entrada estadounidense en la guerra. Se expandió hasta contar con 19 compañías y supervisó más de 73.000 entierros temporales durante el conflicto.
El servicio se había organizado para la Primera Guerra Mundial y volvió a expandirse durante la Segunda. Sin embargo, al terminar la guerra muchas unidades fueron disueltas. Cuando comenzó Corea en 1950, el Ejército tenía muy poca capacidad especializada disponible, lo que complicó la recuperación y gestión de los fallecidos.

Durante el último cuarto de siglo, en el transcurso de las guerras de Irak y Afganistán, las fuerzas estadounidenses generalmente evacuaron a los soldados fallecidos de regreso a EEUU en lugar de depender de grandes cementerios temporales.
Según el Ejército, los ejercicios en Fort Bragg también marcaron la primera vez en más de 20 años que los capellanes del Ejército y el personal especializado en asuntos religiosos militares recibieron capacitación para contribuir a los entierros temporales en el campo de batalla.
El sargento de primera clase Delbert Ruede, del 3.er Comando de Apoyo del Cuerpo, dijo que el ejercicio tenía como objetivo evaluar cómo los militares manejan al personal caído durante un combate intenso.
“Este ejercicio nos permitió analizar críticamente cómo respetamos , honramos y gestionamos sistemáticamente a nuestros caídos en un conflicto de alta intensidad”, dijo Ruede en un comunicado.
“Si entráramos en guerra mañana, tendríamos que improvisar sobre la marcha. Lo que estamos haciendo aquí es adoptar un enfoque científico y probado en el terreno para poder mantener el control y honrar con respeto a nuestros caídos”.
Los ejercicios combinan la planificación logística con los procedimientos para identificar restos y proporcionar la atención adecuada en condiciones de campo de batalla.




