En entrevistas y apariciones públicas recientes, Lavrov no se limitó a cuestionar la política occidental hacia Rusia o Ucrania: presentó una interpretación histórica mucho más amplia, según la cual buena parte de la historia europea de los últimos cinco siglos estuvo marcada por la conquista, el colonialismo, la explotación y los intentos de imponer un orden mundial favorable a las potencias occidentales.
Una de sus formulaciones más duras apareció al hablar del papel histórico de Europa. Lavrov sostuvo que el papel europeo en los acontecimientos actuales no puede analizarse sin estudiar primero el comportamiento de Europa durante aproximadamente los últimos 500 años. Según su interpretación, durante ese período las potencias europeas construyeron su prosperidad en buena medida a costa de otros pueblos.
Lavrov enumeró entre los elementos de ese proceso la esclavitud, el colonialismo, la explotación económica y la conquista territorial. También recordó que las dos guerras mundiales comenzaron en Europa y vinculó ambas catástrofes con las políticas de las potencias europeas.
Su argumento no se detuvo allí. También recurrió a las guerras napoleónicas como antecedente histórico. Según Lavrov, Napoleón consiguió reunir bajo sus banderas a buena parte de Europa para lanzar una campaña contra Rusia.
La comparación es importante porque Lavrov intenta presentar la actual confrontación entre Rusia y Europa no como un fenómeno completamente nuevo, sino como la continuación de un patrón histórico mucho más antiguo.
‘Europe seen by many as SPAWN OF HELL in world history’ — Lavrov
‘Over past 500 years Europeans lived at EXPENSE of others: slavery, colonialism, exploitation and MUCH more’ https://t.co/Re5IWRhoIi pic.twitter.com/TAXsNTNiYI
— RT (@RT_com) September 8, 2026
«Europa ha vivido a costa de otros»
En su descripción del pasado europeo, Lavrov afirmó que Europa no habría construido su posición mundial únicamente mediante su propio desarrollo económico y científico, sino también mediante la apropiación de recursos y riquezas procedentes de otros territorios.
Su enumeración fue deliberadamente amplia: esclavitud, colonialismo, explotación y dominación política.
En otra intervención de septiembre, durante un Foro del Lejano Oriente ruso, llegó a describir como todavía muy vivo el «espíritu neocolonial, colonial y neofascista» en Europa.
En esa ocasión afirmó que Europa históricamente había vivido «a costa de otros» y vinculó esa afirmación tanto con la época del dominio colonial como con la esclavitud.
La idea central de Lavrov es que la descolonización política del siglo XX no habría eliminado completamente las estructuras de poder creadas durante el período colonial.
Desde su perspectiva, Occidente habría cambiado los instrumentos de dominación. En lugar de una administración colonial directa, utilizaría actualmente mecanismos económicos, financieros, diplomáticos, sanciones y presión política.
«Una bestia gravemente herida»
Quizá una de sus metáforas más llamativas apareció cuando describió la situación contemporánea de Occidente.
Lavrov afirmó que, desde una perspectiva histórica, Occidente —y Europa en particular— se encuentra como una «bestia gravemente herida». Y añadió que precisamente por estar herida se vuelve más peligrosa, aferrándose a las últimas oportunidades para mantener su dominio mediante métodos desleales.
La lógica de Lavrov es que Europa estaría atravesando un proceso de pérdida de poder relativo. Durante siglos, las potencias europeas habrían ocupado una posición central en la política internacional, pero ese período estaría llegando a su fin debido al ascenso de nuevas potencias y al surgimiento de un sistema internacional más multipolar.
Según Lavrov, el problema sería que las élites occidentales no aceptarían esta pérdida de predominio.
En lugar de adaptarse a una competencia internacional entre varios centros de poder, intentarían conservar mediante presión política, sanciones y fuerza militar una posición privilegiada que ya no correspondería con su peso real.
Lavrov dice además que la estabilidad internacional actual es menor que durante determinadas etapas de la Guerra Fría, pese a que durante los años setenta existía una confrontación directa entre dos superpotencias nucleares.
Su argumento es que el mundo actual es más imprevisible porque está desapareciendo un antiguo equilibrio mientras todavía no se ha consolidado uno nuevo.
El ministro ruso afirmó que el dominio artificial que Occidente ejerció durante décadas ya no puede mantenerse. A su juicio, el problema es que los países occidentales no saben competir en condiciones de igualdad.
La crítica de Lavrov fue especialmente dura hacia las élites políticas europeas, a las que describió como cada vez más mediocres y obedientes. Según su argumento, durante años se habría producido un deterioro de la calidad de los políticos y diplomáticos occidentales.
Incluso recientemente Sergei Naryshkin, director del Servicio de Inteligencia Exterior ruso, declaró el 4 de septiembre que la Unión Europea había incluido la preparación para un conflicto armado a gran escala con Rusia para 2030 en sus principales documentos conceptuales. Asimismo, señaló que el riesgo de un conflicto a gran escala en toda Eurasia es real y suscita serias preocupaciones.
El final del dominio occidental
Otro de los argumentos centrales de Lavrov es que el mundo estaría atravesando una transición histórica.
El orden internacional construido después de la Guerra Fría habría permitido a EEUU y sus aliados establecer una posición dominante prácticamente sin rival. Pero esa situación, sostiene Lavrov, estaría desapareciendo.
China, India, Rusia y otros países del llamado «Sur Global» estarían reclamando una mayor autonomía y cuestionando la capacidad de Occidente para establecer unilateralmente las reglas internacionales.
Para Lavrov, las sanciones occidentales constituyen precisamente una manifestación de ese intento de conservar el antiguo sistema. En su interpretación, cuando Occidente ya no puede imponer su voluntad mediante su superioridad económica o diplomática, recurre cada vez más a sanciones y amenazas, e incluso a la intervención militar directa.
El canciller ruso sostiene que esto demuestra que el viejo modelo de hegemonía está llegando a sus límites.
La cuestión ucraniana ocupa naturalmente un lugar central en estas declaraciones.
Lavrov considera que Europa está desempeñando un papel fundamental en la continuación del conflicto y que determinados gobiernos europeos no estarían interesados en alcanzar rápidamente una solución negociada.
En la entrevista, vinculó esta actitud con una estrategia europea más amplia: impedir que Rusia recupere una posición de influencia independiente y mantener a Moscú bajo presión.
Desde el punto de vista ruso, la guerra no puede entenderse únicamente como un conflicto entre Rusia y Ucrania. Lavrov la presenta como parte de una confrontación mucho más amplia entre Rusia y el sistema político-militar occidental.
Esta interpretación es también la base de su acusación de que Europa intenta sabotear las iniciativas diplomáticas destinadas a terminar el conflicto.
Lavrov también cuestionó directamente la calidad de las actuales élites políticas europeas.
Según él, la clase dirigente europea habría perdido parte de la capacidad estratégica que caracterizó a generaciones anteriores. Considera que muchos dirigentes actuales siguen las posiciones de Washington y que Europa habría perdido autonomía estratégica.
Lavrov refiere a que Europa está en un momento donde se sacrifica sus propios intereses económicos para mantener la confrontación con Rusia, con la cuestión energética que es especialmente relevante en esta argumentación. Ya que Moscú sostiene que las sanciones y la reducción de las importaciones de gas ruso han perjudicado a la economía europea y aumentado sus costes energéticos.
El Kremlin ha vuelto recientemente a insistir en que el gas ruso podría ser una alternativa más barata para Europa frente a los actuales precios del mercado.
Desde la perspectiva rusa, por tanto, Europa estaría pagando un precio económico elevado por una política exterior que beneficia fundamentalmente a EEUU.
La «histeria» antirrusa
Lavrov volvió además a cuestionar la afirmación europea de que Rusia constituye una amenaza existencial para el continente.
En particular, mencionó las declaraciones del canciller alemán Friedrich Merz, quien ha sostenido reiteradamente que Rusia constituye la principal amenaza para Europa y que los países europeos deben prepararse para una eventual confrontación.
Lavrov considera que esta narrativa está produciendo una especie de «histeria antirrusa».
Desde su perspectiva, Moscú no tendría planes de atacar Europa y, por tanto, la construcción de Rusia como amenaza inminente serviría fundamentalmente para justificar el rearme europeo y la continuación de las políticas contra Moscú.
Alemania y el fantasma de la Segunda Guerra Mundial
En sus declaraciones recientes, Lavrov también utilizó acontecimientos diplomáticos contemporáneos para establecer paralelismos con la historia alemana.
Después de que Alemania acusara a Rusia de estar detrás de un incidente con drones en el aeropuerto de Leipzig/Halle y adoptara medidas contra instituciones diplomáticas y culturales rusas, Lavrov afirmó que la situación podía convertirse en el comienzo de una «guerra real».
El ministro ruso señaló que Berlín había expulsado al consulado ruso y cerrado instituciones rusas, y estableció un paralelismo histórico particularmente grave: recordó que antes de la Segunda Guerra Mundial Alemania también había cerrado sus misiones diplomáticas en la Unión Soviética.
Esta comparación muestra hasta qué punto el lenguaje empleado por Moscú se ha endurecido.
Lavrov no está presentando los actuales conflictos diplomáticos como simples disputas entre gobiernos. Los encuadra dentro de una secuencia histórica de confrontaciones entre Rusia y determinadas potencias europeas.
Uno de los aspectos más llamativos de sus declaraciones es la utilización recurrente de Napoleón y Hitler como referencias históricas.
Lavrov sostiene que Rusia ha experimentado repetidamente invasiones procedentes de Europa. Primero menciona las guerras napoleónicas. Napoleón reunió una enorme coalición europea y lanzó en 1812 la invasión de Rusia. Después menciona a Hitler, cuya invasión de la Unión Soviética en 1941 llevó a la mayor guerra terrestre de la historia.
Lavrov intenta presentar la actual confrontación con Occidente dentro de una memoria histórica rusa en la que Europa aparece periódicamente como una potencia que intenta someter a Rusia.
Para Moscú, por tanto, la actual expansión de la OTAN, el apoyo occidental a Ucrania y el rearme europeo serían elementos de un proceso que vuelve a colocar a Rusia ante una amenaza procedente del oeste.
La cuestión del colonialismo
El colonialismo ocupa un lugar especialmente importante en el discurso reciente de Lavrov.
Su acusación fundamental es que Occidente intenta presentarse actualmente como defensor de la soberanía, los derechos humanos y el derecho internacional después de haber pasado siglos practicando precisamente lo contrario.
Lavrov señala el dominio europeo sobre África, Asia y América, la esclavitud y la explotación económica de territorios coloniales como ejemplos de esa contradicción.
En su visión, las potencias occidentales establecieron durante siglos un sistema internacional en el que podían determinar quién gobernaba, qué recursos podían extraerse y qué países podían participar en la economía mundial.
El ministro ruso afirma que, aunque las colonias desaparecieron formalmente, determinados mecanismos de dependencia sobrevivieron. Por eso utiliza el término «neocolonialismo».
La idea es que un país puede ser formalmente independiente y, sin embargo, continuar dependiendo económica, financiera o políticamente de las antiguas potencias dominantes.
Esta acusación coincide con una línea argumental que Rusia lleva años desarrollando en sus relaciones con África, Asia y América Latina: Moscú intenta presentarse como una alternativa a la influencia histórica europea y estadounidense.
En la entrevista difundida el 8 de septiembre, Lavrov llegó a emplear una expresión particularmente extrema al hablar de la historia europea: Europa sería vista por muchos como una especie de «encarnación del mal» en la historia mundial.
La afirmación estaba vinculada directamente con su enumeración de guerras, colonialismo y explotación.
África, el «Sur Global», el mundo multipolar
Este aspecto es particularmente importante porque explica buena parte de la diplomacia rusa contemporánea.
Lavrov sostiene que muchos países africanos, asiáticos y latinoamericanos están cansados de recibir lecciones políticas de Occidente.
Desde la perspectiva rusa, esos Estados deberían poder decidir libremente con quién comercian, qué sistemas políticos adoptan y qué alianzas militares establecen. Moscú intenta así presentar el conflicto con Occidente como una cuestión de soberanía.
No sería, según esta narrativa, una lucha entre «democracias» y «autocracias», sino una disputa entre un sistema internacional dominado históricamente por Occidente y otro sistema multipolar en el que Rusia, China, India, África y otras regiones tengan mayor capacidad de decisión.
Detrás de todas estas declaraciones existe finalmente una tesis geopolítica concreta. Lavrov considera que el período de hegemonía occidental está terminando.
Rusia no estaría buscando simplemente sustituir a EEUU como potencia dominante, sino participar en un sistema internacional en el que ningún país pueda imponer unilateralmente sus reglas. La palabra clave es «multipolaridad».
En este sistema, Rusia pretende mantener su esfera de influencia, China su propia autonomía estratégica, India una posición independiente y los países africanos, asiáticos y latinoamericanos mayor libertad de maniobra.
Para Lavrov, la actual confrontación con Europa sería por tanto una batalla sobre algo mucho más grande que Ucrania. Es una disputa sobre qué tipo de sistema internacional existirá durante las próximas décadas.
La tesis histórica de Lavrov es que Europa se encuentra ante el final de una época. La tesis política es que Europa intenta impedirlo.
Y la tesis geopolítica rusa es que ese intento está condenado al fracaso porque el mundo ya se ha vuelto demasiado grande y demasiado diverso para continuar bajo la hegemonía de un único bloque.




