Funcionarios de defensa han mantenido conversaciones preliminares con ejecutivos de estas empresas sobre la posibilidad de utilizar sus instalaciones y trabajadores para fabricar municiones y equipo militar. Una señal más de la movilización industrial con lógica de guerra.
Las conversaciones forman parte de una iniciativa para que la industria manufacturera estadounidense esté, como lo ha denominado el Secretario de Guerra, Pete Hegseth, en «estado de guerra». Altos funcionarios de defensa se reunieron con la directora ejecutiva de GM, Mary Barra, y el director ejecutivo de Ford, Jim Farley, entre otros, según fuentes cercanas a las conversaciones.
GE Aerospace y el fabricante de vehículos pesados Oshkosh también participaron en las conversaciones. El Pentágono preguntó si estas empresas podrían adaptarse rápidamente al sector de la defensa (misiles, municiones, sistemas antidrones y otros equipos) y qué obstáculos podrían interponerse, como normas de contratación complejas o requisitos de licitación.
Oshkosh, que ya fabrica vehículos tácticos de transporte de tropas para el Ejército, inició conversaciones con el Pentágono en noviembre después de que Hegseth hiciera un llamamiento público a las empresas para que aumentaran la producción. La compañía genera unos 10.500 millones de dólares en ingresos, la mayor parte procedentes de sectores ajenos a la defensa.
Las conversaciones comenzaron antes de la guerra en Irán, pero el conflicto les ha dado mayor urgencia. Los ataques estadounidenses contra Irán han reducido sus reservas de armas, lo que ha incrementado la presión que se ha ido acumulando desde que EEUU comenzó a suministrar armas a Ucrania tras la invasión rusa a gran escala en 2022.
Desde 2022, EEUU ha enviado a Ucrania armamento por valor de miles de millones de dólares, incluyendo artillería, municiones y misiles antitanque. Las operaciones militares vinculadas al conflicto israelí en Gaza también han incrementado el suministro de municiones.
En marzo, Trump se reunió con ejecutivos de siete contratistas de defensa para hablar sobre la reposición de esas reservas. En las últimas conversaciones participan fabricantes comerciales que no son empresas de defensa tradicionales.
La idea no es nueva. Durante la Segunda Guerra Mundial, los fabricantes de automóviles de Detroit dejaron de producir coches y, en su lugar, fabricaron bombarderos, motores de avión y camiones militares. Este giro radical le valió a la industria el apodo de «Arsenal de la Democracia». A diferencia de lo que ocurría en la década de 1940, la transición de la producción de vehículos todoterreno de tamaño medio a misiles sería bastante compleja.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Ford llegó a producir un bombardero B-24 por hora en su planta de Willow Run. O sea, no era solo “adaptarse”: era literalmente transformar la lógica económica completa del país.
Durante la pandemia de COVID-19, GM y Ford colaboraron con empresas de dispositivos médicos para producir respiradores.
GM ya tiene una posición de liderazgo en defensa
GM actualmente cuenta con una filial de defensa que fabrica un vehículo ligero para escuadrones de infantería basado en la camioneta Chevrolet Colorado. Este programa representa una parte cada vez mayor del negocio, aunque todavía constituye una pequeña porción de los ingresos totales de GM.
El fabricante de automóviles también es considerado uno de los principales candidatos para construir un vehículo de escuadrón de infantería más grande para el Ejército, uno que reemplazaría al Humvee y serviría como una base móvil de mando y suministro de energía.
Este mes, Trump solicitó un presupuesto militar de 1,5 billones de dólares, un aumento de 500 mil millones de dólares con respecto a los niveles actuales y la mayor solicitud presupuestaria del Pentágono en la historia moderna. La propuesta incluye una importante inversión en la fabricación de municiones y drones.




