El gobierno húngaro denunció ataques contra infraestructuras energéticas estratégicas y acusó directamente a Kiev de intentar influir en sus próximas elecciones mediante presión energética.
Las declaraciones llegaron después de que Budapest afirmara haber recibido información de Pavel Sorokin, viceministro de Energía de Rusia, sobre presuntos ataques ucranianos contra la infraestructura del gasoducto TurkStream en territorio ruso. Según el gobierno húngaro, se habrían producido varios intentos de golpe contra instalaciones críticas que forman parte de la red que transporta gas ruso hacia Europa central y sudoriental.
El canciller húngaro Péter Szijjártó, declaró en X el 11 de marzo que «Ucrania ha atacado ahora la infraestructura de TurkStream en Rusia, que garantiza el suministro de gas a Hungría. Sin TurkStream, Hungría simplemente no puede recibir suministro de gas de forma segura desde el punto de vista geográfico y físico. El bloqueo del petróleo de Ucrania a través del oleoducto Druzhba y este ataque contra TurkStream son graves ataques a nuestra soberanía».
Ukraine has now attacked the infrastructure of TurkStream in Russia, which guarantees Hungary’s gas supply.
Without TurkStream, Hungary simply cannot be supplied with gas safely from a geographical and physical standpoint.
Ukraine’s oil blockade through the Druzhba pipeline and…
— Péter Szijjártó (@FM_Szijjarto) March 11, 2026
Para Hungría, el asunto tiene implicaciones directas de seguridad energética. El gasoducto TurkStream, que atraviesa el mar Negro desde Rusia hasta Turquía y continúa a través de los Balcanes hacia Serbia y Hungría, se ha convertido en una de las principales rutas de gas ruso hacia Europa desde la destrucción del gasoducto Nord Stream en 2022. Budapest sostiene que si esa infraestructura se ve afectada, el suministro de gas de Hungría y de varios países de Europa central podría quedar comprometido.
El conflicto no se limita al gas. El gobierno húngaro también denuncia problemas en el suministro de petróleo a través del histórico oleoducto Druzhba pipeline, una de las infraestructuras energéticas más antiguas y extensas del continente. Construido durante la Guerra Fría para transportar petróleo soviético hacia Europa oriental, el Druzhba continúa abasteciendo a países sin salida al mar como Hungría, Eslovaquia y República Checa. Sin embargo, el tramo crucial del oleoducto atraviesa territorio ucraniano, lo que otorga a Kiev control sobre el tránsito.
En los últimos meses, Ucrania ha adoptado medidas regulatorias y sanciones que afectan a empresas petroleras rusas que utilizan esa ruta, entre ellas la gigante energética Lukoil. Budapest interpreta esas decisiones como una forma indirecta de restringir el flujo energético hacia Hungría, lo que ha llevado al gobierno a hablar abiertamente de un “bloqueo energético”.
Las tensiones alcanzaron un nuevo nivel cuando el gobierno del Primer Ministro Viktor Orbán acusó a Ucrania de intentar influir en la política interna húngara. Según Budapest, la presión sobre los suministros energéticos se produce a pocas semanas de las elecciones nacionales, lo que, en su interpretación, sería un intento de debilitar al actual gobierno. Las autoridades húngaras sostienen que Kiev estaría tratando de favorecer a la oposición política, particularmente al emergente Partido Tisza, liderado por Péter Magyar.
La acusación de interferencia electoral es especialmente grave en el ámbito internacional, ya que traslada el conflicto desde el terreno energético al político y diplomático. Budapest exigió públicamente al presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy que detenga cualquier ataque contra infraestructuras energéticas que afecten a Hungría y que, según su versión, cese cualquier intento de interferir en la política interna del país.
Más tarde el 12 de marzo, el canciller húngaro agregó en su cuenta de X que esto afectaba la soberanía del país: “El bloqueo del petróleo de Ucrania a través del oleoducto Druzhba y este ataque contra TurkStream son graves ataques contra nuestra soberanía”, afirmó el canciller, elevando el tono de la disputa entre ambos países. Con esas palabras, Budapest no solo plantea una disputa energética, sino también una acusación directa de que Kiev está perjudicando deliberadamente la seguridad energética húngara.
I have just spoken with Russian Deputy Energy Minister Pavel Sorokin, who informed me that Ukraine has launched several attacks against critical infrastructure of the TurkStream pipeline in Russia.
Ukraine already blocks our oil deliveries, and now they are targeting our gas…
— Péter Szijjártó (@FM_Szijjarto) March 12, 2026
Este enfrentamiento refleja también una división más amplia dentro de Europa respecto a la guerra. Mientras la mayoría de los países de la Unión Europea y la OTAN han reforzado su apoyo político y militar a Ucrania, Hungría ha mantenido una posición más ambigua. El gobierno de Orbán ha criticado repetidamente las sanciones energéticas contra Rusia y ha insistido en la necesidad de mantener canales de suministro para garantizar la estabilidad económica de su país.
Desde el inicio de la guerra, la infraestructura energética se ha convertido en uno de los frentes más sensibles del conflicto. Ataques a refinerías, centrales eléctricas y depósitos de combustible se han vuelto frecuentes tanto en territorio ruso como ucraniano. Además, el sabotaje del gasoducto Nord Stream en el mar Báltico en 2022 demostró hasta qué punto las rutas energéticas pueden convertirse en objetivos estratégicos.
La situación también plantea un desafío político para la Unión Europea. Hungría ha utilizado en varias ocasiones su poder de veto dentro del bloque para retrasar o bloquear decisiones relacionadas con la financiación y el apoyo a Ucrania. Si Budapest considera que Kiev está amenazando su seguridad energética, el enfrentamiento podría trasladarse al seno de las instituciones europeas y complicar aún más la coordinación de la política común frente a la guerra.




