Cuando Lavrov afirmó que “cuando EEUU empieza a actuar ignorando todas las normas que él mismo promovió, se llega a la conclusión de que nuestros colegas estadounidenses no son fiables”, no estaba señalando una contradicción coyuntural, sino algo mucho más grave: la ruptura del marco normativo que sostiene el orden global surgido tras la Segunda Guerra Mundial y consolidado después de la Guerra Fría.
En la visión rusa, el problema no es que EEUU viole normas —algo que ha ocurrido en múltiples ocasiones a lo largo de las últimas décadas—, sino que lo haga de manera abierta, recurrente y sin intentar siquiera encuadrar sus acciones dentro del derecho internacional.
Lavrov apunta a una transformación cualitativa haciendo referencia a que EEUU ya no actúa como un poder que incumple reglas mientras afirma defenderlas, sino como uno que se reserva explícitamente el derecho de ignorarlas cuando no le resultan funcionales.
Esto convierte al sistema internacional en un esquema asimétrico y jerárquico, donde las normas dejan de ser universales y pasan a ser instrumentos selectivos de presión.
“Cuando EEUU comienza a actuar ignorando todas las normas que ellos mismos promovieron —el modelo de globalización que ellos mismos llamaron así— y después abandonan esos principios, esto naturalmente sugiere que nuestros colegas estadounidenses parecen poco fiables cuando actúan de esta manera”
Russian Foreign Minister Lavrov:
When the United States begins to act while ignoring all the norms that it itself promoted, it leads one to conclude that our American colleagues are unreliable. pic.twitter.com/VuOJTiok7z
— Clash Report (@clashreport) January 14, 2026
Extracto de más declaraciones del Ministro de Asuntos Exteriores y sus respuestas a las preguntas de los medios en una conferencia de prensa conjunta tras las conversaciones con la ministra de Relaciones Internacionales y Comercio de Namibia, Selma Ashipala-Musavyi (Moscú, 14 de enero de 2026).
Apuestan por la idea de que dondequiera que haya petróleo u otros recursos naturales de importancia estratégica, deberían pensar únicamente en cómo promover sus propios intereses, empleando amenazas y métodos de presión directa, como los aranceles, para lograrlo […].
“Cuando un país poderoso como EEUU recurre a métodos tan inescrupulosos —métodos de competencia desleal—, solo indica que la posición competitiva de EEUU se deteriora constantemente. Sin embargo, deben existir formas más equitativas de defender la propia posición que el despliegue descaradamente discriminatorio de sanciones”.
“Esto no puede persistir indefinidamente, ya que conducirá a una crisis aún más grave en las relaciones económicas y políticas internacionales. Debatimos abiertamente este tema en nuestro diálogo continuo con Washington, y deseamos continuarlo. Debe haber cierta semblanza de un orden fundacional en los métodos empleados en el escenario internacional”.
Trump y la explicitación del poder sin límites jurídicos
Este diagnóstico ruso encuentra un eco inquietante en las propias declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump, quien sostuvo que su único límite es su moralidad, no el derecho internacional.
Esa frase, más allá de su tono provocador, resume una concepción del poder profundamente incompatible con el orden jurídico internacional en la que el derecho deja de ser un límite externo y objetivo, la legalidad se subordina a la voluntad política del líder o del Estado y la legitimidad se construye desde la fuerza y el interés nacional, no desde normas compartidas.
Lavrov no critica únicamente a Trump como figura política, sino lo que él representa: la sinceridad brutal de una lógica de poder que antes se aplicaba con mayor disimulo.
La reiterada idea estadounidense de apropiarse o controlar Groenlandia constituye un ejemplo paradigmático de esta deriva. No se trata solo de una provocación diplomática, sino de una señal clara de que principios fundamentales como la integridad territorial y la autodeterminación vuelven a estar en discusión.
En este caso no existe una amenaza armada inmediata. No hay mandato internacional, ni hay base jurídica sólida.
Solo hay interés geoestratégico, recursos naturales y posicionamiento militar en el Ártico. Para Moscú —y también para Pekín— esto confirma que el orden liberal ya no opera como un sistema normativo, sino como una estructura de poder flexible para quien domina.
Lavrov también vinculó su crítica a las tensiones con Irán y a las acciones estadounidenses en Venezuela, interpretándolas como ejemplos de un patrón recurrente:
-El conflicto externo se convierte en herramienta de gestión de crisis internas.
-El derecho internacional se invoca o se ignora según la conveniencia política.
-La soberanía de terceros Estados queda subordinada a los intereses estratégicos de Washington.
Desde esta lógica, Irán no es un problema jurídico, sino un enemigo funcional. El relato legal se construye después, cuando ya se ha decidido la acción.
El colapso del universalismo jurídico
El núcleo del planteo ruso es claro: si el Estado más poderoso del sistema internacional se declara exento de las normas que exige a los demás, el derecho internacional pierde su carácter universal y se transforma en un mecanismo coercitivo selectivo.
Esto no solo afecta a adversarios de EEUU, sino también a países medianos y pequeños, estados europeos o regiones en disputa territorial.
Para todos ellos, el derecho internacional es la única barrera frente a la imposición directa del poder. Su debilitamiento abre la puerta a un mundo regido por esferas de influencia, acuerdos de fuerza y decisiones unilaterales.
Las declaraciones de Lavrov deben leerse, entonces, como parte de un diagnóstico más amplio sobre el fin del orden internacional basado en reglas y el avance hacia un escenario de multipolaridad conflictiva, combinado a la fragmentación normativa y el retorno del poder crudo como factor decisivo.
En este contexto, Rusia no se presenta como garante moral del derecho internacional, sino como un actor que denuncia la desaparición de los límites que antes estructuraban el sistema, aun cuando esos límites fueran imperfectos o aplicados de manera desigual.




