President Donald Trump gestures during an interview with The New York Times in the Oval Office on Wednesday, Jan. 7, 2026. President Trump insisted more than once during an interview with The New York Times that he “always” respects the results of elections — even as he repeated his attacks on the trustworthiness of a system that twice landed him in the White House. (Doug Mills/The New York Times)
Al preguntársele si existían límites a su poder global, Trump declaró al New York Times en una entrevista el miércoles: «Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme».
«No necesito el derecho internacional», dijo Trump, y agregó: «No busco lastimar a la gente».
Cuando se le presionó para que respondiera si su administración está obligada a respetar el derecho internacional, Trump dijo: “Sí, lo está”, pero agregó: “Depende de cuál sea su definición de derecho internacional”.
Esta declaración reavivó una de las polémicas más profundas de su liderazgo: la concepción del poder presidencial estadounidense como una fuerza prácticamente sin restricciones externas.
El trasfondo inmediato de estas declaraciones incluye la política estadounidense hacia Venezuela, y el abordaje por la fuerza de un buque bajo bandera rusa, el Marinera (Bella-1).
En ese marco, Venezuela aparece como el caso paradigmático, no solo por sus vastas reservas energéticas, sino porque Trump ha vinculado abiertamente la presión política y militar con el control de recursos naturales, una postura que choca frontalmente con el derecho internacional, que prohíbe la apropiación de recursos de un Estado soberano mediante la fuerza.
El Senado estadounidense avanzó una resolución (votación estrecha 52-47) para limitar los poderes militares de Trump tras su incursión en Venezuela, lo que refleja crítica desde dentro del propio sistema político estadounidense.
La votación incluyó a todos los demócratas y cinco republicanos (Rand Paul (Kentucky), Susan Collins (Maine), Lisa Murkowski (Alaska), Josh Hawley (Misuri), Todd Young (Indiana)), que se apartaron de la línea de su partido para apoyar la medida —una señal inusual de preocupación bipartidista sobre el uso del poder militar por parte del Ejecutivo.
Aunque se considera un paso importante, la resolución enfrenta desafíos importantes: debe pasar luego por la Cámara de Representantes (donde los republicanos son mayoría) y Trump puede vetarla si llega a su escritorio.
Trump dijo que la votación sobre la resolución de poderes de guerra en Venezuela «obstaculiza enormemente la autodefensa y la seguridad nacional de EEUU, impidiendo la autoridad del Presidente como Comandante en Jefe» y que la «Ley de Poderes de Guerra es inconstitucional», alegando que viola el Artículo II de la Constitución, que establece los poderes del presidente como jefe del Ejecutivo y comandante de las Fuerzas Armadas. Según Trump, esta interpretación no es nueva y ha sido sostenida por administraciones anteriores y sus Departamentos de Justicia.
Todos los presidentes desde Nixon (demócratas y republicanos) han dicho, en mayor o menor medida, que la War Powers Act es problemática o inconstitucional en su aplicación. Obama, Bush y Biden ignoraron o reinterpretaron la War Powers Act cuando les resultó conveniente (Libia, Siria, Yemen, Irak).
Además de cuestionar la resolución, Trump atacó a los cinco senadores republicanos que se unieron a los demócratas para avanzar la medida, calificando el voto como “estupidez” y diciendo que esos legisladores “deberían avergonzarse” y no deberían ser reelegidos.
El problema para Trump es el Artículo I de la Constitución. El Congreso tiene el poder de declarar la guerra, financiar o no las fuerzas armadas y regular el uso de la fuerza. La War Powers Act no le quita al Presidente el mando, sino que le exige informar, le pone un límite temporal (60–90 días) y le exige autorización legislativa para conflictos prolongados. Es decir, le impide actuar indefinidamente sin control.
Desde 1945, EEUU vive en guerra permanente no declarada y el Poder Ejecutivo fue acumulando poder militar que el Congreso cedió y luego intentó recuperarlo en 1973 con la War Powers Act (al final de la Guerra de Vietnam con más de 58.000 muertos, una guerra sin declaración formal y financiamiento sin control real) que es el intento tardío y mal aplicado de control.
Salida de organizaciones internacionales
A las críticas sobre seguir las normas del derecho internacional, Trump, firmó una orden ejecutiva/ memorándum el miércoles para retirar al país de 66 organizaciones internacionales y tratados multilaterales, argumentando que ya “no sirven a los intereses estadounidenses” o son “contrarias a la soberanía, prosperidad y seguridad” del país.
Esto incluye 31 entidades vinculadas a la ONU y 35 organizaciones no pertenecientes a Naciones Unidas.
La orden instruye a todas las agencias y departamentos federales a cesar participación y financiamiento de estas organizaciones.




