La tradición de formular grandes resoluciones al comenzar un nuevo año, una práctica cultural extendida desde los babilonios hasta nuestros días, es, en esencia, un gesto de auto-renovación y promesa de transformación personal. Sin embargo, esta práctica enfrenta una paradoja práctica por cuanto la mayoría de los individuos (según encuestas actuales[1]) ni siquiera intentan establecer metas formales de cambio personal ante el temor al fracaso o al olvido de dichas metas en pocas semanas. Quizás sea necesario volver a objetivos más reales y cercanos a la vida práctica.
Leila Marie Lawler, madre de siete hijos y crítica del feminismo contemporáneo, propone en ese sentido un enfoque práctico y realista para el orden cotidiano: no buscar la perfección, sino una casa “razonablemente limpia” como forma de sostener la vida familiar sin caer en la parálisis del agobio. Sus consejos, pensados para madres que se quedan en casa, resultan aplicables a cualquiera que se sienta desbordado por las tareas diarias, porque apuntan a un principio clave, y es que el orden no debe comenzar por lo más caótico ni por lo interminable. En particular, cuestiona la idea de empezar por la cocina, ya que es un espacio que se desordena constantemente y donde el esfuerzo nunca parece concluir; comenzar allí suele generar frustración, porque en pocas horas el desorden reaparece. Su propuesta implícita es ordenar con criterio, aceptando los límites reales del tiempo y de la vida cotidiana, y evitando estrategias que conducen al desgaste más que a la estabilidad. “¿De qué sirve tener, como tantas familias, una sala de estar elegante, una cocina reluciente, una fachada atractiva, un televisor de pantalla ancha y un bar, pero caos, montones de ropa sucia, polvo y tristeza en el dormitorio?”[2], observa Lawler.
Este ejemplo sirve para mostrar que la transformación personal no comienza con grandes metas futuristas, sino con el orden del espacio inmediato que habitamos. Antes de proyectar grandes cambios, cabe preguntarse: ¿Qué significa literalmente “arreglar tu propio cuarto”? ¿Por qué una tarea aparentemente trivial puede constituirse en un acto ético fundamental?
El filósofo existencialista Martin Heidegger señaló que el ser humano está “arrojado” al mundo, viviendo en espacios que no elegimos del todo, pero que configuramos mediante nuestras acciones. El entorno físico en que habitamos opera como extensión de nuestra propia existencia, como aquello que nos rodea y que simultáneamente nos constituye. Desde esta perspectiva, una habitación desordenada no es simplemente un desorden visual, sino una forma de desorden del ser en el mundo; el orden exterior refleja el orden interior, el desorden de nuestro hogar revela tensiones internas, indecisión y fragmentación de las voluntades que allí habitan.
La acción de limpiar y organizar tal espacio, entonces, no es una mera labor doméstica. Ordenar nuestro hogar es implica poner en orden nuestras prioridades más inmediatas. La propia casa pasa así de ser un lugar caótico a ser un umbral simbólico de orden interior, una extensión del propio sujeto en su proyecto de existencia.
En términos psicológicos, el orden del entorno material afecta la percepción cognitiva y emocional. La presencia de estímulos visuales caóticos puede incrementar niveles de ansiedad y reducir la capacidad de concentración, porque la mente humana opera como un sistema de procesamiento de información limitado, vulnerable al desorden perceptual.
En este contexto, el acto de hacer la cama o alinear los libros de la biblioteca son también actos de control y claridad cognitiva. Tales “micro-actos” funcionan como “pequeñas victorias” que fortalecen la voluntad. Desde la filosofía pragmática, seguida por pensadores como William James, la acción repetida y visible tiene un efecto formador sobre el carácter. El orden tangible produce un efecto análogo al hábito ya que moldea hábitos mentales que predisponen a la acción coherente y sostenida.
Vale recordar aquí lo que es la llamada “teoría de las ventanas rotas” que en criminología sostiene que el descuido de detalles menores (como ventanas rotas o grafitis) predispone a un deterioro más profundo del entorno social. El equivalente en el ámbito personal sugiere que cuando dejamos “las pequeñas cosas” sin disciplina, se debilita nuestra capacidad de sostener estándares más altos en áreas significativas de la vida, algo así como que quien es infiel en lo poco lo es en lo mucho. Es preciso que entendamos que esto también implica una ética de la responsabilidad ante lo inmediato; la disciplina que cultivamos en lo pequeño es un preludio necesario para la responsabilidad que podremos asumir ante lo grande. Un individuo que no puede sostener la disciplina para colocar su ropa o limpiar su habitación difícilmente mantendrá constancia para cumplir metas de salud, de aprendizaje o de transformación personal profunda.
El cambio de año actúa como un hito temporal que proyecta a la conciencia un sentido de renovación. Sin embargo, esa proyección temporal puede ser ilusoria si no se ancla en acciones concretas en el aquí-ahora. Una transformación personal auténtica no empieza en el futuro de grandes promesas, sino en el presente de actos pequeños y visibles. En otras palabras, antes de reformar grandes aspectos de nuestra vida para el año venidero es coherente comenzar por el lugar en que nos encontramos ahora mismo; nuestro cuarto, nuestro cuerpo, nuestra rutina.
Ordenar nuestra habitación antes de formular grandes metas de Año Nuevo lleva de suyo una introspección práctica. Este gesto muestra la importancia del orden como condición para la claridad mental, la importancia de los pequeños actos como fundamentos de la disciplina y la responsabilidad personal, y la necesidad de anclar cualquier proyecto de cambio en actos concretos del presente. Transformarse, por tanto, no es empezar con promesas etéreas en enero, sino comenzar con el espacio que habitamos hoy, un espacio que ya somos y que modela, de maneras profundas, la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo.
[1] Fuente: https://today.yougov.com/society/articles/51144-what-are-americans-new-years-resolutions-for-2025
[2] Fuente: https://likemotherlikedaughter.org/2010/03/reasonably-clean-house-did-you-guess/




