La noticia generó un impacto inmediato en el sector médico, político y financiero, y abrió un nuevo capítulo en el debate sobre la seguridad de las vacunas desarrolladas durante la pandemia.
La chispa que desató el escándalo proviene de un documento interno firmado por Vinay Prasad, director de la división de vacunas de la FDA. El texto, filtrado a la prensa estadounidense, afirma que de 96 muertes pediátricas notificadas, al menos 10 podrían estar “relacionadas” con la vacunación. La causa señalada en varios casos sería miocarditis o pericarditis, inflamaciones cardíacas ya reconocidas como efectos adversos poco frecuentes de las vacunas de ARN mensajero.
Aunque la FDA había descartado durante años vínculos fatales directos en menores, esta revisión interna sugiere que algunos reportes podrían tener mayor peso del que se admitía públicamente.
La investigación ahora incluye adultos
Además del análisis pediátrico, la FDA confirmó que abrirá una pesquisa más amplia para evaluar decesos en adultos que podrían tener algún grado de relación con la vacunación. El vocero del Department of Health and Human Services HHS afirmó que la revisión será “exhaustiva” y abarcará todas las edades y todas las plataformas de vacuna.
Este movimiento representa un cambio significativo respecto al discurso sanitario oficial de los últimos años, que insistía en que las muertes por vacunación eran “extremadamente improbables”.
El impacto en los mercados, la política y el debate internacional
Tras la publicación de la investigación, las acciones de Moderna Moderna, Pfizer Pfizer y BioNTech BioNTech registraron caídas breves pero significativas en las bolsas estadounidenses.
Los inversores reaccionaron con cautela a la posibilidad de que la investigación derive en nuevas regulaciones, restricciones o cambios en las directrices de vacunación.
Epidemiologos consultados por medios como Reuters y The Washington Post advierten que los sistemas de notificación de efectos adversos —como VAERS— no prueban causalidad por sí mismos.
Estos sistemas aceptan reportes directos de familiares, médicos y ciudadanos, lo que significa que algunos casos pueden ser coincidencias, otros pueden tener información incompleta, y un porcentaje requiere análisis clínico profundo.
Aun así, admiten que la decisión de la FDA de abrir una investigación “amplia y pública” es inusual y merece atención.
La investigación podría obligar a otros organismos como la Organización Mundial de la Salud OMS y la European Medicines Agency EMA a revisar nuevamente la evidencia global sobre efectos adversos graves.
Además, doce ex comisionados de la FDA publicaron una carta conjunta expresando “profunda preocupación” por los cambios recientes en la política de revisión de vacunas dentro del organismo, temiendo que la agencia esté cediendo a presiones políticas.
La apertura de esta investigación por parte de la FDA marca la primera vez que una autoridad regulatoria de primer nivel reconoce la posibilidad de muertes relacionadas con vacunación en proporciones que ameritan un análisis formal.
El resultado final podría confirmar que los casos son extremadamente raros, exponer ajustes necesarios en las guías de seguridad, o incluso modificar la estrategia de vacunación en EEUU.
Por ahora, el mensaje central es claro: la investigación recién comienza, la información pública es limitada y las conclusiones definitivas aún están lejos.




